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Bernardo Fuster | Músico, cantautor antifranquista y fundador de Suburbano

“Las canciones no cambian la sociedad, son testigo y memoria”

Regresa con el disco “Que el tiempo no borre” a la piel de su heterónimo revolucionario de los setenta, Pedro Faura

Bernardo Fuster. L.M.

Tras el exilio, Fuster entró de nuevo a España en 1976, formó con Luis Mendo el grupo Suburbano, grabaron, compusieron y acompañaron en gira a toda una generación (de Aute a Vainica Doble).

–En su origen, ¿fue antes el compromiso político o la canción?

–Casi al tiempo. A mí me gustaba tocar la guitarra y cantar, y cuando me meto en política, en organizaciones anarquistas, como Bandera Negra, en Valencia, empiezo a grabar canciones revolucionarias para apoyar huelgas, movimientos reivindicativos y esa cinta tuvo cierto recorrido. El otro elemento decisivo fue cuando trajimos a tocar a Paco Ibáñez a mi pueblo, Ayora, en 1972. Yo tendría 20 años y quisimos montar el Festival de la Canción Ibérica, como el de Ibáñez, en Valencia. Estábamos locos. El primer día se pudo hacer y el segundo nos lo suspendieron. Pero allí llevamos a Paco Ibáñez, un poco medio clandestino, y acabamos en casa de unos amigos donde nos cantó algunas canciones que no podía cantar en el concierto. Yo ese día canté mi primera canción, me atreví, y me dije a mí mismo que aquello molaba.

–¿Qué cantó?

–Era mi primera canción, De madrugada, que también he vuelto a grabar ahora. Yo estaba influenciado por Celaya, Hierro, Alberti...

–Y tuvo que salir del país.

–Estaba en plena actividad política, me buscaban. Escapé de Valencia, me moví por España, estuve dos semanas escondido en Cimadevilla, en Gijón. Y luego pasé a Francia.

–¿Le tocaba algo también el rock de los setenta?

–Lo mío era canción política, muy en la línea de Paco Ibáñez, Raimon, Labordeta. Lo hacía por conciencia y militancia, pero me gustaba mucho ese otro tipo de música. De hecho, uno de los pocos discos que me llevé conmigo era Dioptría, de Pau Riba, y una de las canciones que cantaba habitualmente, pero no en los mítines, porque pegaba menos, era ¡Taxista!, de Riba.

–¿Su proyecto era entonces más político que artístico?

–Cuando tocaba fuera era en mítines de apoyo a la lucha antifranquista, por toda Europa, ese era un objetivo. El otro eran los discos, venderlos para la resistencia y meterlos en España, pero los metíamos más en casettes, menos en vinilo.

–¿Dónde le pilla la muerte de Franco?

–En Fráncfort, y me enteré un día antes que aquí, porque una emisora francesa, o la BBC, lo anunció antes que en España.

–¿Tuvo que resituarse?

–El posible cambio que se anunciaba tardó en llegar. En ningún momento te planteas que el franquismo se haya acabado, y se sigue con el mismo planteamiento de los mítines, los conciertos... Luego, poco a poco, empieza a cambiar algo. Se da la primera amnistía y el 20 de septiembre de 1976 vuelvo a España. Estaba acusado de propaganda ilegal, de organización... De todo.

Nos convertimos en un grupo muy dúctil y eso da seguridad a los artistas; grabamos hasta con Marisol

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–¿Qué se encuentra entonces en nuestro país?

–Una situación un poco distinta, porque empiezas a ver que la calle tiene un peso importante. Había una movilización fuerte, y eso animaba.

–Se mete en el teatro.

–No tenía forma de ganarme la vida. Conocía al director del grupo Tábano, ellos estaban montando una obra de Brecht y necesitaban un actor que hablase en alemán y así fue como acabé de actor. Allí estaba de músico Luis Mendo, con el que luego monté Suburbano.

–Viene ahora precisamente de rodar con Resines y Rellán en la serie Sentimos las molestias.

–Ha estado también Luis Mendo, porque necesitaban gente que tocase. Pero siempre he sido un actor pésimo. Lo importante de Tábano es que conocí a Luis y le empecé a hablar de mi experiencia fuera, la influencia de la música portuguesa, de José Afonso, José Mario Branco, el GAC... Y al final decidimos montar un grupo que trabajara sobre el folclore pero más actualizado. Así nació Suburbano.

–Que no ha quedado en el imaginario colectivo como un grupo folclórico.

–No, porque enseguida cambiamos. Empezamos con música popular pero luego ya nos pusimos a hacer canciones, muy influenciados ya por trabajar con Aute, con Luis Pastor antes. Y era, también, lo que yo había hecho en Europa, canciones.

–¿Qué balance hace ahora de aquellos años con Aute?

–Luis Mendo ya le acompañaba de antes, y cuando Aute se plantea actuar, hacer conciertos, montamos un colectivo para ir de gira. Y también salimos con Pastor, con Sabina, con Krahe. Después nos quedamos solo con Aute y estuvimos 12 años, desde Entre amigos, creo, hasta Slowly.

–Entre amigos es un hito de las grabaciones en directo en España. ¿Fue complicado?

–Mucho. Solo había un pase, así que decidimos montar el equipo un poco antes y tocamos el concierto entero antes de que llegara el público, para utilizar luego alguna toma. Fue un palizón muy gordo, porque cuando entró el público ya estabas hecho polvo, llevabas dos horas grabando, con parones y repeticiones. Fue como hacerse tres o cuatro conciertos en una tarde.

–Luis Eduardo Aute, fallecido el año pasado, ¿cómo era?

–Empezamos cuando estaba empezando, así que era uno más, siempre lo fue. No había artista y grupo. Lo dejamos porque llevábamos mucho tiempo y no nos queríamos repetir. Pero la relación fue estrechísima hasta el final, Luis Mendo y yo le íbamos a visitar casi todos los fines de semana después del infarto.

–A Suburbano no le faltó trabajo en aquellos años.

–Es el entorno el que hace que ocurran las cosas de una forma u otra. Aute se puso de moda, nosotros habíamos grabado con él y entonces Sabina nos pide cuatro canciones que le faltaban para Ruleta rusa, y Pastor, y empiezas a grabar con todos. Suburbano se convirtió en un grupo muy dúctil, porque empezamos a hacer música de cine, y eso nos abrió la mente. A los cantautores les daba cierta seguridad y trabajamos muchos, Vainica Doble, Sisa, hasta una maqueta con Marisol que nunca llegó a salir.

–El cantautor político se había profesionalizado sin darse cuenta.

–Por eso grabé ahora este disco, porque de ahí vino todo. Yo le debo a la canción política haber hecho esto. Si yo no hubiera sido un militante antifranquista perseguido por la Brigada Político-Social al que le pedían 12 años de cárcel, no hubiera ocurrido lo otro. Le debía algo a aquellas canciones, a haber conocido la Revolución del 25 de abril con José Afonso. Por eso grabé Que el tiempo no borre, donde solo añadí Más allá de la utopía, una composición nueva.

–¿Sigue pensando que la canción es un arma revolucionaria?

–La canción es testigo. Todo momento histórico tiene su canción, por tanto es memoria, y reivindicar la memoria es ya un acto de rebeldía. No soy tan optimista como para pensar que la canción puede trasformar la sociedad, pero sí a conocer la historia. La Revolución de los Claveles, no se entiende sin Grándola, la Guerra española tiene muchas, e incluso las derrotas. La Segunda Guerra Mundial tiene Lili Marlen, que la cantaron los dos bandos.

–¿Qué balance hace de la Transición?

–La Transición fue un pacto. Yo no te acuso de nada y tú te olvidas de lo que hice. Pero no es tan sencillo. Se consiguió más en la calle, la movilización popular. La parte negativa fue la de intentar ocultar o endulzar una parte de la historia. Lo que pudo ser válido en un momento no tiene por qué serlo siempre. Está bien que pase el tiempo, se revisen las cosas y se recompongan.

–¿Los ochenta en España fueron la gran derrota a la lucha anticapitalista?

–Eso ocurrió. El capitalismo de las multinacionales llegó hasta el fondo e incluso hay un momento en que la canción social y de más calidad poética se pierde y surge una canción más frívola.

–La Movida. ¿La rechazaban?

–El rechazo era más de ellos. Nosotros estábamos en Vallecas y ahí estaba el rock peleón, Leño, Cucharada, Asfalto, y en los barrios del centro estaba Alaska. Dentro de la Movida había grupos ácratas muy peleones, como Glutamato Yeyé, pero en general eran totalmente condescendientes y su reivindicación era más estética que política. No teníamos relación, y, además, en nuestro caso queríamos tocar bien, estudiar música, y ellos, lo contrario. Recuerdo una vez tocando con Sindicato Malone en la Casa de Campo que su bajista le pidió a Billy Villegas que le afinara el bajo y cuando iba por la segunda cuerda le dice que no siga, que las otras cuerdas no las tocaba. Para nosotros aquello era una barbaridad. Pero tampoco demonizo aquello, de la Movida salió gente muy buena.

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