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El sector sanitario tras 18 meses de pandemia: “Satisfechas pero muy cansadas, agotadas”

Amparo Domínguez, supervisora de Enfermería de la UCI; Amaia García, médica residente (MIR5); Pepa Rodríguez, adjunta de la UCI y Dolores Vila, jefa de servicio de la UCI (Hospital Álvaro Cunqueiro). | // PABLO HERNÁNDEZ

Llevan un año y medio en primera línea de la pandemia. Y siguen. Resisten. Es más fuerte su entrega en una situación que les ha cambiado la vida, tanto profesional como personalmente, que los efectos de la falta de descanso, tantos turnos doblados, guardias, jornadas interminables... El teléfono siempre a mano por lo que pueda pasar... continúan en una eterna guardia.

Enfermeras reivindican la especialidad de cuidados intensivos

Sin duda, los profesionales del sector sanitario han sido los héroes y heroínas de una situación extrema como la que se vive en todo el mundo desde marzo de 2020. Aunque ellos/as no se ven así: “es nuestro trabajo y lo hemos hecho (y seguimos en ello) lo mejor que hemos podido, con muchos momentos de desesperación. Imágenes muy duras. Todavía nos emocionamos”. El coronavirus lo ha cambiado todo; lo puso todo patas arriba. Y, sobre todo, a los hospitales y sistemas de salud, contra las cuerdas, al límite. En medios, recursos y desafiando, día tras día, las fuerzas y el aguante de cada uno de los salvadores/as a pie de camilla, de cama hospitalaria, en los boxes.

Vigo estalla en aplausos como homenaje a los sanitarios que luchan contra el coronavirus José Lores | FdV

“Miramos hacia atrás y todavía se nos llenan los ojos de lágrimas. Estamos satisfechas por el trabajo realizado pero muy, muy cansadas. Agotadas. Evidentemente, no es como al principio, pero todavía no vemos el final de la pandemia”. Así lo explican cuatro profesionales sanitarias clave en el Álvaro Cunqueiro; las guardianas de la UCI. Ellas han accedido a contar a FARO, en representación de un sector fundamental en todo este tiempo, cómo se encuentran y cómo está la situación tras año y medio de una especie de caos laboral y vital. “La realidad superó la ficción”, apuntan. Todavía sin tiempo a asimilar, continúan en la lucha.

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En estos momentos en los hospitales gallegos hay 249 pacientes COVID, 55 en unidades de críticos. (9 en la UCI del Cunqueiro, y llegó ha haber más de 20). Los casos activos llevan semanas en descenso, sin embargo, la presión hospitalaria no permite todavía bajar el ritmo. Son pacientes más jóvenes, veinteañeros muchos de ellos. Pacientes que necesitan cuidados exhaustivos y con estancias largas en UCI.

La parte buena: el conocimiento y la experiencia que han adquirido los profesionales de la sanidad sobre este virus. Ha sido, sin duda, un máster a contrarreloj. Y cada minuto contaba para salvar vidas. “Muy duro, nunca habíamos vivido nada similar”. El máster de sus vidas.

“Muy duro, nunca habíamos vivido nada similar”

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Amparo Domínguez, supervisora de Enfermería de la UCI; Amaia García, médica residente (MIR5); Pepa Rodríguez, adjunta de la UCI y Dolores Vila, jefa de servicio de la UCI (Hospital Álvaro Cunqueiro). | // PABLO HERNÁNDEZ Pablo Hernández Gamarra

“No contábamos con una quinta ola así, la verdad. Nos ha cogido con el pie cambiado. A mí lo que más me preocupa es el cansancio de los sanitarios, el agotamiento... el resto se irá controlando; habrá goteo de casos, según los epidemiólogos. Pero los profesionales de la UCI están agotados. Llevamos casi 20 meses y esto es un no parar, un sinvivir”, expresa Dolores Vila, jefa de servicio de la UCI del Cunqueiro. Ella está al frente de todo el equipo y asegura que “todos, absolutamente todos”, han sido fundamentales y han reaccionado de forma espectacular, “todos a una”, desde médicos, a enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadoras... “En todo este tiempo no tuve ninguna baja, todos aguantaron”, cuenta Dolores.

"Los profesionales de la UCI están agotados. Llevamos casi 20 meses y esto es un no parar"

Dolores Vila - Jefa de servicio de la UCI del Cunqueiro

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Expresa que a la presión de lo laboral se unía la preocupación de lo personal. El miedo a enfermar, a contagiarse, a contagiar a parejas, hijos, padres, a la familia, en general... En su caso, Dolores, de 68 años, tiene una hija, de 33, que trabaja en Madrid. “Al principio, y con la situación que había en Madrid, le dije que se viniera. Yo tenía miedo por ella pero también por mí: ¿y si me pasaba algo? Somos las dos y finalmente vino, podía teletrabajar; estuvimos separadas un tiempo, por precaución, ella en Vigo y yo me fui a la casa de O Rosal. Después, con mucho miedo y protocolos a diario: llegar a casa, ropa para la lavadora, duchas y después test negativos antes de verse en cada ocasión”, cuenta Vila sobre su ámbito familiar.

“En estos momentos tenemos pacientes COVID en UCI pero no hay saturación. No es lo de antes pero todavía estamos en pandemia”,

Amparo Domínguez

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Amparo Domínguez, supervisora de Enfermería de la UCI, también da las gracias, a los compañeros/as, a la familia, a la sociedad, a los medios de comunicación... por llegar hasta aquí. “En estos momentos tenemos pacientes COVID en UCI pero no hay saturación. No es lo de antes pero todavía estamos en pandemia”, indica Domínguez, de 49 años, con pareja y dos hijos, una chica de 20 años y un chico de 16. No fue fácil.

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“Mucho miendo y todos asustados. A los chavales los pilló en una edad complicada, pero bueno, creo que al ver mi trabajo entendieron la situación mejor. Pero fue duro. No poder tocar, ni abrazar... Menos mal que nuestra casa tiene dos plantas y podíamos convivir estando separados”, cuenta Domínguez, que vive en O Porriño, con un padre de 83 años (y también un hermano) a solo dos kilómetros de su casa. “No los podía visitar. Pasaron nueve meses hasta que visité a mi padre. Él no lo entendía. Y la tecnología le queda muy lejos. Suerte que un hermano está más cerca de él”, expresa Domínguez.

“¿Y mis hijos? ¿Cómo lo llevaron? Me han visto llorar muchas veces de impotencia en casa”, añade. “El personal del hospital es oro. Creo que solventamos, y con creces. Hemos aprendido a aprender. A cambiar nuestra forma de trabajar. Y todo eso bajo la presión de los datos, en una situación de estrés, con un ritmo muy elevado. Ha sido una carrera de fondo y hay una gran tensión acumulada, tanto en lo personal como en lo profesional. Todos limitamos nuestras vidas, las relaciones. Estamos satisfechos pero cansados, satisfechas pero cansadas. Esto va a mantenerse en el tiempo”, cuenta Domínguez. Y quiere reivindicar la necesidad de que se reconozca la especialidad de enfermería de cuidados intensivos. “Todos demostraron un nivel muy alto tanto en lo personal como en lo profesional. Al trabajar en una situación así, y ver cómo respondimos, uno se da cuenta de la importancia de la estabilidad de las plantillas. De tener una plantilla estable, formada. Hemos trabajado con respiradores, con tecnología… Y esta especialidad hay que reconocerla”, expresa Domínguez.

Pepa Rodríguez, facultativa adjunta de la UCI, asegura que lo peor, en un principio, fue el miedo por desconocimiento. “No había ningún dato, una enfermedad totalmente desconocida, no se sabía ningún tratamiento, el miedo a que la situación se desmadrara, como estaba ocurriendo en otras comunidades y países. Y la cantidad de trabajo, que nunca se terminaba… jornadas agotadoras, mañana y tarde… Todas las personas estamos muy cansadas, física, mental y emocionalmente. Nos ha pasado factura a toda la población pero quizás más a nosotros, por todo el trabajo, estar en primera línea”, cuenta Rodríguez, que en el ámbito familiar convive con su hija, de 17 años. “Fue muy duro, sobre todo la sensación de soledad, para ella, incluso de abandono. Pasaba mucho tiempo sola en casa, con el ordenador con la docencia en casa; yo todo día en el hospital y cuando llegaba estaba cansadísima. Y con mucho miedo a contagiar”, expresa Rodríguez. “Y mi madre. Ahora voy a verla y no me quito la mascarilla, por supuesto. Y en el hospital nos hacemos controles cada 15 días”, apunta la doctora.

"Es una época muy dura; gente joven que trabaja aquí, hacen guardias y tienen que sacar horas para estudiar"

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“Lo que nos salvó fue la conversación aquí con los compañeros/as. Porque todo el mundo tenía sus cosas en el ámbito familiar. Ahora hemos podido ir cogiendo vacaciones este verano. Descansando. Pero muchos facultativos que trabajan aquí tienen dentro de poco una OPE, tienen que estudiar. Es una época muy dura; gente joven que trabaja aquí, hacen guardias y tienen que sacar horas para estudiar”, describe la doctora.

“Casi se solapaba una ola con la otra, empezaba una ola y todavía teníamos enfermos de la anterior. Son pacientes que tardan al menos un mes en salir. Han sido meses de mayor carga de trabajo, con pacientes que exigen cuidados específicos…. Notamos cansancio física y psicológicamente”. Amaia García, una joven vasca de 28 años, es médica residente (MIR5) en la UCI. Este es su último año de residencia y le ha tocado vivir en su etapa de formación una pandemia, algo que nunca se había imaginado. La parte buena: las tablas que ha adquirido. Todo lo aprendido y trabajado a este ritmo, bajo presión. Ella vive sola en Vigo. Al llegar a casa estaba relativamente tranquila por el tema de posibles contagios. Por otra parte, preocupada por su familia, que vive en San Sebastián. Y los cierres entre comunidades. Las videoconferencias se convirtieron en lo más parecido al contacto físico. Los abrazos había que imaginárselos. “Este verano, con el tema de la vacunación ya avanzada, pensábamos que igual bajaba más… pero, a estas alturas, tenemos bastantes casos”, añade Amaia García.

"Pedimos a la gente que se vacune"

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Tras aquellas tardes de aplausos espontáneos a los sanitarios, estas doctoras coinciden en que el mejor homenaje que pueden recibir en la actualidad de la sociedad es: “responsabilidad y sentido común, porque esto todavía no ha terminado”. “Que se vacune todo el mundo y cuidado con los encuentros multitudinarios. Protegerse y proteger”, expresan.

“Nos ha cambiado totalmente la vida a todos; hay un antes y un después”

Dolores Vila - Jefa de servicio de la uci del hospital Álvaro Cunqueiro

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Dolores Vila,  jefa de servicio de la UCI del hospital Álvaro Cunqueiro

Dolores Vila, jefa de servicio de la UCI del hospital Álvaro Cunqueiro Pablo Hernández Gamarra

“Se nota la bajada de la curva en esta quinta ola pero en la UCI baja más tarde”, expresa Dolores Vila, jefa de servicio de la UCI del Álvaro Cunqueiro. Para Vila esta pandemia ha conseguido cambiar la imagen de las UCI, como espacios más positivos: acudir para curarse. “Tengo esa sensación”, apunta Vila. ¿Y el mejor homenaje? “Para mí es el reconocimiento de nuestra especialidad por parte de todo el mundo, una especialidad que ha estado al servicio de la sociedad, sin doblegarse, que seguimos, con el esfuerzo bestial que se ha hecho.Eso me lleva también a reflexionar sobre el papel de los profesionales, que han aguantado, la necesidad de reforzar, de seguir ganando residentes MIR...Y que se reconozca la especialidad en Enfermería. Porque esto puede volver a pasar y es fundamental tener un buen equipo”, expresa Dolores Vila. En lo personal: “nos ha cambiado totalmente la vida a todos, hay un antes y un después de la pandemia”. “Justo hace unos días estaba cenando con unos amigos (de las primeras veces porque nuestras vidas han sido hospital-casa, casa hospital...) y me paré a pensar: en el exterior, separados, con las mascarillas... Es todo tan distinto”, apunta. Es complicado: “esto tiene que acabar ya”, indica Vila. Expresa que el personal ha cogido vacaciones en fracciones de 15 días. “Y todos/as estamos en Vigo, o cerca, por lo que pueda pasar”.

“Cuando un paciente se va de alta y pasado un tiempo viene a verte: eso es impagable”

Pepa Rodríguez - Facultativa adjunta de la UCI

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Pepa Rodríguez  - Facultativa adjunta de la UCI

Pepa Rodríguez - Facultativa adjunta de la UCI Pablo Hernández Gamarra

“Las reuniones multitudinarias son una imprudencia absoluta. El virus está ahí y la gente se sigue muriendo. Podemos ir manteniendo una vida más normal pero no relajarnos. Y es fundamental la vacunación de todo el mundo”, expresa Pepa Rodríguez, adjunta de la UCI. Por norma general ya no son aquellos duros protocolos iniciales de lavar ropa al llegar a casa, porque la vacunación ha permitido suavizar este tipo de rituales, pero sí han quedado hábitos de higiene en la vida de facultativos (y no facultativos), de duchas continuas, desinfección de espacios, lavado de manos, geles... todo ello continúa vigente. Así como las normas en hospital, claro. ¿Lo mejor? Para Rodríguez también “el compromiso y dedicación de todo el servicio”. “La gente se ha unido, se ha volcado... en una situación así se ve el músculo. Tienes que responder y se respondió y es muy gratificante, muy satisfactorio”. ¿Momentos que recuerde especialmente? “Cuando los pacientes se van de alta tras estar ingresados. Imagina, dos meses, solos, sin ver a la familia. Nosotros comunicándonos con la familia por teléfono. Y pasado un tiempo vienen a verte. Cuando se van, necesitan recuperación en casa. Cuando nos vienen a ver están mucho mejor, poco a poco van recuperando sus vidas. Eso es impagable, es de lo mejor que te puede pasar”, apunta Rodríguez.

Amparo Domínguez- Supervisora de enfermería de la UCI

Amparo Domínguez- Supervisora de enfermería de la UCI Pablo Hernández Gamarra

“No sabíamos ni a qué nos enfrentábamos. La incertidumbre era total. Tenía mucho miedo a que esto fuese otro Madrid. A que faltaran equipos, tecnología, respiradores... Y miedo a que, a pesar del esfuerzo, no fuese suficiente. Porque cada vida salvada es un triunfo, y con cada vida perdida, nos queda como una deuda”, expresa Amparo Domínguez, supervisora de Enfermería de la UCI del Cunqueiro. “Nosotros estamos para dar tranquilidad, pero no la teníamos. Y eso fue muy complicado de gestionar. Verle el miedo en los ojos a los pacientes y no poder abrazar, no poder acompañar mediante el tacto... Una carga emocional enorme y con la distancia de los EPI, la incomodidad...No tienes el mismo campo de visión. Fue muy difícil, sobre todo al principio. No saber lo que era, ni lo que venía, era lo peor”, expresa Domínguez. Alaba el trabajo en equipo. “Lo mejor han sido los compañeros, grandes, con mayúsculas. Grandes profesionales y personas, han trabajado codo con codo en los boxes: médicos, enfermeras, limpiadoras, celadores...Ahora seguimos pidiendo a la gente, que se proteja para proteger a los suyos”, cuenta Amparo. Recuerda los primeros meses: “era como estar en libertad condicional, no podía ver a nadie, separados en la misma casa, siempre alejados”, destaca.

Amaia García-Médica residente del (MIRS)

Amaia García-Médica residente del (MIRS) Pablo Hernández Gamarra

“Todo el mundo tiene ganas de que acabe todo esto e intentar volver a una vida medianamente normal. Pero aquí (se refiere a la UCI) tenemos la sensación todavía de que no va a acabar, de momento. No vemos el final”, expresa Amaia García, a la que le gustaría pedir a la gente que, aún estando vacunados, “hay que seguir tomando las medidas necesarias y todas las precauciones porque esto aún no se ha acabado”.

Comenta esta residente de último año en el Álvaro Cunqueiro, con lo que supone para su carrera laboral haber estado en primera línea en una pandemia como esta, que durante este tiempo de pandemia ha habido “mayor carga asistencial”. “Hemos tenido que adaptarnos con los recursos que teníamos, ajustar horarios, turnos... Por eso nos hemos dado cuenta de lo importante que es tener un personal que esté bien formado en esto.La importancia de contratos dignos. Al final, los pacientes COVID son enfermos con una estancia media más larga, que necesitan cuidados más exigentes. Con el tema de los EPI (equipos de protección individual) se tarda mucho más en tratarlos que a un enfermo no COVID. Es necesario que el personal que trabaja en esto esté preparado para ello”, apunta Gómez.

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