Estamos en la ducha cara a cara riéndonos mucho porque la música nos hace estar felices y porque estamos llenándolo todo de agua. Su cuerpo desnudo me encanta, me siento cómoda mientras me enjabona los hombros y los pechos. Cuando terminamos de limpiarnos el cuerpo de los fluidos que hace un rato estábamos compartiendo, nos quedamos metidos en la ducha. Él se tumba en el suelo y me pide que me quede de pie. Al tumbarse mete su cabeza entre mis piernas y se muerde el labio. “Te veo todo, estás preciosa”, me dice. Enciendo la ducha muy poquito y el agua me cae desde la cabeza, pasa entre mis pechos y llega a mi entrepierna. “Ven aquí, siéntate”, me dice. Apago el agua y, poco a poco, bajo hasta su rostro.

Esta práctica no la hemos inventado nosotros, evidentemente. Se trata de una práctica de sexo oral que se denomina facesitting y que consiste en que una persona con vulva se siente a horcajadas sobre la cara de otra persona. Esto hace que los genitales queden en pleno contacto con la boca, lo que hace que la estimulación sea más directa y mucho más fácil de practicar.

Las cosas por su nombre

Estoy sentada en su cara. El contacto de su boca con mi vagina es celestial, no hay rincón de esta parte de mi cuerpo que él no saboree con su lengua y con sus labios. Acabo de enamorarme. Aún no de él, pero sí de esta postura. Ahora mismo no hay nada más que quiera hacer y es por ello que me encanta esto de sentarme en su cara. Por lo general, esta práctica se ha vinculado, desde casi siempre, dentro del BDSM (Bondage, Dominación, Sadismo y Masoquismo) porque tanto la dominación como la sumisión están directamente implicadas. Si lo piensas, mientras estás sentada encima de otra persona le estás inmovilizando con tus nalgas o con tus genitales. La otra persona asume ese papel de sumisión porque le excita.

La postura es cómoda. Mientras estoy sentada sobre su cara la distancia me permite apoyarme sobre mis rodillas. Él me agarra por los muslos y me acerca más hacia su boca. Sus manos grandes se mueven entre mis piernas y mis pechos. Es una práctica que permite que todo entre en juego y tú solo tienes que disfrutar. Depende de cómo sea el espacio en el que la lleves a cabo, puede haber momentos en los que tú misma podrás moverte sobre la boca y los labios de la persona sobre la que te sientes, con lo cual estarás llevando las riendas de la práctica. Este juego permite abrirse al plano de la dominación que, a veces, puede no atraer de primeras. El hecho de que sea una dominación no significa que deba ser una práctica agresiva o fuerte. Es importante la relajación y la delicadeza. Vamos, que podamos ver que la persona sobre la que nos sentamos puede respirar perfectamente. Esto no quita que pueda haber personas que se exciten con la asfixia pero, claro, ese es otro tema que ahora no nos concierne.

Qué necesitas

Ver cómo la otra persona disfruta mientras estás bien sentandita encima es una gozada. Me pone muy cachonda ver su cara de deseo, sus ojos entre cerrados, su respiración potente, su media sonrisa. Abrirse a probar nuevas prácticas afianza la intimidad y construye vínculos sexuales más profundos y placenteros. Realmente para llevar a cabo el facesitting no se necesita nada más que dos cuerpos pero esto no quiere decir que no se puedan incluir juguetes u otros productos. Las bolas chinas, por ejemplo, pueden hacer que la práctica sea más placentera incluyendo un juego de entrada y salida que se puede hacer, con cuidado, con los dientes. Además, quien está tumbado, puede tocar los pechos de la persona, los muslos, la barriga o introducir los dedos en el ano o la vagina para potenciar el placer.

Al ser una práctica de contacto tan sumamente directo los riesgos de transmisión de infecciones son obvios. Si no existe una confianza y una intimidad suficiente que te hagan estar segura de que estáis sanos, lo ideal es utilizar una barrera de látex. Es importante no dejarse caer sobre el rostro de la persona, hay que bajar poco a poco. Puedes, incluso, apoyar tus manos sobre una pared para distribuir el peso. Esta práctica es tan placentera que existe ‘mobiliario’ para ello. En cualquier sex shop puedes encontrar unas hamacas que tienen un hueco en la silla y que están creadas para el facesitting y, claro, también para lo que se le ocurra a tu imaginación. El lubricante también está más que permitido en esta práctica, todo lo que facilite el sexo oral y el placer es más que bienvenido. Hay quienes incluyen bebida, puedes echarte vino por el abdomen y que baje hasta la boca de la persona pero, por favor, ojo con las infecciones o los picores posteriores que eso pueda llegar a causar.

El sexo oral evolucionado

Cuando él me come pone esmero, se recrea en la zona, me pone de varias posturas diferentes. Esto es más que positivo y, gracias al grado de confianza que tenemos, esto es posible. Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? ¿Qué pasa cuando el sexo oral siempre se ciñe a que estáis tumbados y, “vale, voy para abajo”? No estoy diciendo que esto sea negativo pero es importante (y muy guay) que practiquemos sexo oral de formas diferentes, sobre todo para no caer en rutinas sexuales que, a veces, son las culpables de que la llama se apague. A mí no solo me encanta sentarme en la cara de la otra persona, también me excita muchísimo el sexo oral de pie y por ello, cuando lo deseo, lo pido. La comunicación es indispensable, la otra persona no puede adivinar qué te gusta. No es necesario hablar de forma obligada, también puedes guiar la relación sexual con tu cuerpo y con tus gestos.

Así como se normaliza que le practiques sexo oral a un cuerpo con pene estando de rodillas, también debería normalizarse que se haga igual a un cuerpo con vagina. Los cuerpos se pueden poner al borde de la cama, a cuatro patas, de pie, boca abajo o incluso haciendo el pino. Es más, si la otra persona puede aguantar tu peso, es brutal que te hagan sexo oral levantándote y agarrándote de las nalgas para que puedas apoyar tus muslos sobre los hombros de la otra persona. Así, en esta postura, tus genitales y su boca están en pleno contacto. Para ayudar a realizar esta postura también sirve que apoyes la espalda sobre una pared o parte de tus nalgas en un mueble más o menos alto. Las posibilidades son muchísimas y por eso no podemos olvidarnos de probar y experimentar porque no solo aumenta el placer físico sino también la intimidad, el vínculo sexual y el emocional.