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La vacuna del COVID: del rechazo al éxito

Vigueses, haciendo cola para vacunarse en el IFEVI.

Vigueses, haciendo cola para vacunarse en el IFEVI. Pablo Hernández

La relación de la vacuna contra el COVID con la población española no fue un flechazo, sino más bien un romance al que dio alas la campaña masiva de vacunación y la eficacia del fármaco iba quedando probado por la reducción en muertes e ingresos. Aunque, como en todas las historias de amor, también ha tenido sus altibajos.

Dos meses antes del inicio de la campaña de vacunación, España era el segundo país de la UE menos dispuesto a vacunarse | Hoy, solo cinco de cada cien españoles rechazan el fármaco

Actualmente, España es uno de los países que mayor adhesión a la vacuna contra el COVID-19 presenta y lidera, junto a Canadá, la campaña de vacunación en el mundo. Según un estudio reciente, solo un 5% de la población española rechaza la vacuna, frente al 28% de Rusia, el 19% de Estados Unidos y el 13% de Alemania. Es más, España es el país que más partidario se muestra de que la vacunación contra el COVID-19 fuese obligatoria.

Este apoyo mayoritario a la vacuna explica que la campaña de vacunación continúe avanzando en España, que se sitúa a la cabeza de la Unión Europea (UE) en porcentaje de población inmunizada, mientras que en el resto del territorio comunitario esté perdiendo fuelle por la renuencia de los ciudadanos a vacunarse. Según datos de ayer recogidos por la publicación online desarrollada en la Universidad de Oxford Our World in Data, un 57,6% de la población española ha recibido la pauta completa, seguida del Reino Unido, con un 56,1%, , Italia (52%) y Alemania (51,5%). Lejos queda Francia, donde la tasa de vacunados no llega ni a la mitad (47,1%).

Sin embargo, no siempre ha sido así. En plena segunda ola de la pandemia y apenas unos meses antes de que arrancase la campaña de vacunación (27 de diciembre de 2020), muchos españoles rechazaban la inyección y el país se situaba como el segundo estado europeo con menos predisposición para vacunarse. Solo un 13% de los españoles manifestaba que se vacunaría “de forma inmediata” si dispusiese de la vacuna frente al 22% global, según una encuesta realizada por Ipsos y el Fondo Económico Mundial a 18.526 personas de 15 países, entrevistadas entre el 6 y el 13 de octubre.

El nuevo año, con la campaña de vacunación ya en marcha, trajo un cambio de tendencia. Según un estudio realizado por la Fundación para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, seis de cada diez españoles se manifestaban con total seguridad su intención de vacunarse, y en junio, el 83% de la población expresaba su confianza en la vacunación, una actitud que solo se vio afectada cuando se informó sobre los eventos tromboembólicos que sufrieron algunas personas tras recibir la primera dosis de AstraZeneca, momento en que quienes rechazaban vacunarse ascendió al 34,6%, según un nuevo sondeo realizado por el FECYT.

Aumenta el porcentaje de rechazo a la vacuna de AstraZeneca Agencia ATLAS | EFE

Pero ¿qué hizo que la vacuna pasara del rechazo al éxito en España en apenas unos meses?

“El principal enemigo de las vacunas es su propio éxito. Es difícil vacunarse frente a una enfermedad que ya no ves. La gente ahora se vacuna de polio y de sarampión, pero no ve enfermos de polio ni gente muriendo de sarampión, con lo cual no las tiene miedo. En cambio, en el caso del COVID-19 a todo el mundo se le ha muerto alguien cercano o ellos mismos han pasado la enfermedad y han sufrido sus consecuencias, con lo cual es mucho más fácil lograr la adherencia”, explica el jefe de Pediatría del Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS) y miembro del comité asesor de vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa, Federico Martinón.

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Los hechos hablan

Para este experto, la reticencia inicial a la vacunación era “puramente teórica”. “No hay ningún problema por tener dudas. Es lo normal. Lo importante es, a pesar de las dudas, tomar la decisión correcta y para eso necesitas tener la información y educación adecuadas. Esta pandemia no acabará hasta que se vacune la última persona que tiene que vacunarse en el conjunto del mundo”, asegura.

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El doctor Martinón no alberga ninguna duda sobre cuál ha sido el factor determinante que ha inclinado la balanza hacia la vacunación. “En el caso de esta pandemia, el principal factor convincente han sido los hechos. La gente comenzó a ver como la gente dejaba de morirse después de vacunarse. Si se puede decir que hay algo bueno en esta pandemia es que ha puesto en valor las vacunas”, añade el asesor de la OMS.

“Todos somos protagonistas de esta pandemia y cada vacuna cuenta”

Roi Piñeiro - Pediatra

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El pediatra Roi Piñeiro.

En idénticos términos se expresa el doctor Roi Piñeiro, jefe del servicio de Pediatría del Hospital Universitario General de Villalba (Madrid) y experto en vacunas, quien asegura que son la efectividad y la seguridad de las vacunas las que terminan generando confianza en la población. “Comprobar que el porcentaje de enfermedad grave y complicaciones entre los vacunados es muy bajo comparado con los no vacunados, y la tasa infinitesimal de efectos secundarios graves generan un deseo individual evidente a la hora de querer recibir la protección. De hecho, la gran mayoría de los ciudadanos ha recibido las dosis con entusiasmo y alegría”, explica.

Este experto añade otro motivo a la confianza mayoritaria de la que goza este fármaco en España. “Además, hay otro deseo de protección colectiva, una esperanza de dejar por fin atrás la pandemia y volver lo antes posible a la mejor parte de la antigua normalidad. Hace demasiado tiempo que no nos enfrentábamos a una pandemia así. Muchos hemos visto películas sobre epidemias, pero ahora somos los protagonistas, y cada vacuna cuenta”, expone.

Este experto subraya que, pese a las reticencias iniciales a la vacuna del COVID, España nunca ha sido un país vacunofóbico. “Somos un ejemplo para muchos países del mundo, logrando altas coberturas sin necesidad, de momento, de obligar. Sin embargo, no todas las sociedades están respondiendo de la misma manera. Los movimientos antivacunas ya eran poderosos antes de la llegada de la pandemia. Digamos que la situación no ha mejorado mucho en países como Francia”, añade Piñeiro.

“En España los grupos antivacunas no tienen el apoyo social de otros países”

Juan Gestal - Epidemiólogo

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El epidemiólogo Juan Gestal. RICARDO GROBAS

También el profesor emérito de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago (USC) Juan Gestal destaca el irrrelevante peso que tiene el movimiento antivacunas en el país. “En España los grupos antivacunas no tienen apoyo social como sucede en otros países como Francia, y la población se dio cuenta enseguida de que la forma de protegerse y de solucionar la pandemia dependía de las vacunas”, afirma el epidemiólogo.

La reducción de muertes hizo que aumentase la confianza en la vacunación

Las nuevas tecnologías empleadas por las vacunas, como la de ARNm de las de Pfizer y Moderna; la rapidez en los ensayos clínicos; el miedo a posibles efectos secundarios graves, y los bulos que circulan por las redes sociales sobre las vacunas son algunos de los factores que pudieron favorecer la reticencia inicial a las vacunas contra el COVID. “Somos los protagonistas de esta nueva pandemia, pero nadie quiere interpretar el papel del conejillo de indias, la cobaya o el animal de turno del laboratorio. Cuando los vacunados se cuentan por millones, es más fácil dar un paso adelante y solicitar la protección”, explica Piñeiro.

La confianza adquirida en las vacunas contra el COVID-19 se tambaleó cuando aparecieron las primeras informaciones sobre los trombos. “Todas las personas comenzaron a calcular su propia relación beneficio / riesgo. Por desgracia, algunos de los que inclinaron la balanza hacia el posible riesgo de las vacunas, hoy están hospitalizados con formas graves de la enfermedad”, afirma este pediatra.

Los bulos, que han acompañado a la pandemia desde su inicio, también han sembrado las dudas e incluso el miedo entre la población. “Crear un bulo es relativamente fácil. Difundirlo, más aún. Basta con repetirlo muchas veces. Desmentirlo es tan complicado que muchos sanitarios lo dejan por imposible. Y lo peor de todo es que los creadores del bulo quedarán totalmente impunes, comenzando por el hecho de que sería prácticamente imposible identificarlos. Lo importante de los bulos es no alimentarlos”, opina 

“La vacuna está siendo eficaz frente a la enfermedad, sus secuelas y la muerte”

África González - Inmunóloga

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África González

La tercera dosis ya es un hecho en Israel

Israel comenzó a inyectar ayer de manera general la tercera dosis de la vacuna de Pfizer contra el COVID-19 a adultos mayores de 60 años, conviertiéndose así en el primer Estado del mundo en seguir la recomendación de lfarmacéutica inoculando una dosis de refuerzo, una medida que aún no ha sido aprobada por las autoridades sanitarias de la UE ni de EE UU.

Los expertos consideran que, a fecha de hoy, nada parece justificar esta dosis de refuerzo, a la que apuntó el pasado día 23 la ministra de Sanidad, Carolina Darias. “Por ahora los datos no indican que haya que utilizar una tercera dosis de forma global. La pauta de vacunación con dos dosis ha demostrado ser muy eficaz, generando muy buenas respuestas y protegiendo de la muerte, enfermedad y secuelas”, afirma la catedrática de Inmunología de la Universidad de Vigo (UVigo) África Gozánlez, que matiza que en cualquier caso podría ser necesaria en algunos colectivos concretos, como personas con inmunodeficiencias o en tratamiento inmunosupresor donde la respuesta que generaron a las vacunas no fue suficiente.

El profesor emérito de Medicina Preventiva y Salud Pública de la USC Juan Gestal tampoco cree que esté muy clara la oportunidad de esta tercera dosis. “Si lo miramos desde el punto de vista de la inmunidad que genera la infección o las vacunas parece que no sería, de momento, necesaria una tercera dosis puesto que se ha visto que tanto la infección como la vacunación generan memoria inmunológica e inmunidad celular, limitándose la necesidad de una dosis de recuerdo a las personas inmunodeprimidas o con inmunosenescencia”, afirma.

¿Se mantendrá la adherencia?

Aunque el movimiento antivacunas apenas tiene peso en España, en otros países como Francia, Alemania y EE UU ha ganado adeptos en los últimos años. Este rechazo a las vacunas podría frustrar la ansiada inmunidad de rebaño (protección indirecta contra una enfermedad infecciosa que se obtiene una parte de la población se vuelve inmune al patógeno). “Algunos países han comenzado a adoptar diferentes medidas de obligatoriedad o de exigencia de estar vacunado para acceder a determinados lugares o realizar determinadas actividades. La segunda teniendo muy buenos resultados”, afirma el epidemiólogo Juan Gestal.

“Si algo bueno tiene esta crisis es que ha puesto en valor las vacunas”

Federico Martiñón - Asesor de la OMS

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Federico Martinón

El pediatra del CHUS Federico Martinón se muestra partidario de la obligatoriedad de la vacuna contra el COVID como medida “excepcional o paliativa” si el rechazo fuese excesivamente alto. “Está incluso legislada, aunque muchos quieran mirar a otro lado y creo que la mayoría de la gente lo aceptaría. Si todos hemos hecho un esfuerzo coral para salir de esta pandemia, llegará un punto en que no sea yo el que tenga que quedarse encerrado en casa o a mis hijos mientras tú estás paseando sin una cuota mínima de responsabilidad”, dice.

El reto puede estar en mantener la adherencia en el caso de que se convierta en periódica. “Con la vacuna de la gripe cuesta bastante. Pero el problema de fondo es que nadie respeta a la gripe. Es una enfermedad que tenemos totalmente socializada y banalizada. Poco importan los miles de muertos que todos los años sigue dejando a pesar de los recordatorios del personal sanitario. El SARS-CoV-2 es nuevo para todos. El día en que se socialice, seguro que perderemos adherencia”, afirma el doctor Roi Piñeiro.

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