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Tomás Pueyo | Ingeniero, emprendedor, gurú de la pandemia

“Las nuevas variantes tienen más letalidad, en la gripe del 18 las nuevas olas fueron más crudas”

“En 20 años el mundo será más desagregado, tendrá más individuos y organizaciones influyendo en la opinión pública, y menos poder de las naciones”

El ingeniero y comunicador Tomás Pueyo.   | // FDV

El ingeniero y comunicador Tomás Pueyo. | // FDV

–Juegos Olímpicos del COVID.

–Japón no quiso volver a posponerlos, los celebran sin público y con peligro de que no llegue gente vacunada y se muera mucha gente. Su tasa de vacunación está en el 35%. Mal. Habrán vacunado a los mayores. En Israel y Reino Unido empezaron a bajar los casos a partir del 30 y 45% de vacunados. A ver cómo les pilla. Va gente del mundo entero, con variantes de todo tipo y Tokio es el centro del país y tiene una enorme densidad de población.

Tomás Pueyo Brochard (Nantes, Francia, 1982), ingeniero que trabaja en Silicon Valley, se crió en Madrid, donde estudió en el Liceo Francés e hizo Ingeniería Industrial en Universidad Pontificia de Comillas (ICAI), centro privado y católico. Después de dos años en un doble diploma de la École Centrale París, se fue a estudiar el Master en Business Administration a Stanford. Con el COVID, su artículo “El martillo y la danza” alumbró los momentos más oscuros de la pandemia con la idea de que primero había que aplanar el pico de contagios con medidas de distanciamiento social, test masivos y rastreo de contactos (el martillo) para luego controlar la evolución según el riesgo (la danza).

–Futuro y coronavirus.

–No se sabe cuántas más variante va a haber y cómo serán su transmisibilidad y su letalidad. El futuro será distinto para España que para Nigeria. Si seguimos vacunando y se pueden lanzar nuevas vacunas cada vez más rápido podremos convivir con el virus. Si no salen variantes más agresivas volveremos a una normalidad, dentro de lo que cabe.

–Al tropezar de nuevo con la quinta ola ¿se pueden publicar sus artículos anteriores tal cual?

–Hay novedades, se aprende y cambian las conclusiones. Cuando publiqué mi artículo no se sabía casi nada. Aplicar el martillo daba tiempo a reducir casos, evitar muertes y entender cómo funcionaba el virus. Ahora una parte de la población es inmune de manera natural o por vacunas.

–Todo a favor.

–No, la variante delta es mucho más difícil de controlar que la primera. En España estamos muchísimo mejor porque hay poca reticencia a las vacunas y los que la puedan tener suelen ser jóvenes y si pillan COVID no es tan grave. De aquí a final del verano la gran mayoría estará vacunada.

–Hemos pasado de precauciones y clausuras a cerrar lo menos posible. ¿Es correcto?

–Tomábamos esas medidas para reducir muertes. Ahora los casos se disparan pero las muertes, no. La tasa de mortalidad será parecida a la de la gripe y por ella no paramos el país. Como el virus es más difícil de controlar y tiene menos beneficio hacerlo tiene sentido no ser tan agresivo en las políticas.

–Madrid apostó por “la libertad” y arrasó en las elecciones. Antes todo era salud; ahora todo es libertad.

–Los políticos tiene dos tareas: decidir lo que hay que hacer y comunicarlo. Si el peor gestor es buen comunicador puede triunfar. Hace año y medio las personas morían como moscas y ya no es el caso. No hablo de Madrid, caso que no conozco, pero cualquiera puede vender cualquier política. En Nueva Zelanda vendieron controlar el virus y les salió fenomenal; en Brasil, abrir y salió mal. En Madrid se ganó con “libertad” pero podría haber ganado con “cierre”.

–¿El verano ayuda?

–El calor reduce la transmisión y, más importante, la mayoría de la gente pasa mucho tiempo fuera y eso la reduce entre 10 y 100 veces. No es estar juntos sino estar juntos y encerrados. Debemos evitar aglomeraciones, sobre todo en interiores y llevar mascarilla. Lo único que no tengo claro aún es el COVID persistente. Imaginemos que el 10% de la población tuviera secuelas a largo plazo. Sería un problema gordo.

–En grandes áreas ¿quién lo ha hecho mejor y quién peor?

–Sin duda la gestión en la mayor parte de la pandemia se hizo muy bien en el Este asiático: Taiwan, luego Vietnam, Mongolia, Australia Singapur, Nueva Zelanda; y también la Canadá atlántica, Islandia, Hawai... Consiguieron un número muy bajo de muertes por un control férreo inicial de las fronteras para que entrasen pocos casos y, para los que se propagasen, impusieron rastreos y cuarentenas. Eso último Europa lo hizo muy mal.

–¿Por qué?

–Nunca hubo un equipo de rastreo de contactos en Europa que tuviera poder. Si el infectado no cogía el teléfono o no decía la verdad se acababa todo. Las cuarentenas deberían haber sido obligatorias y con una penalización si no la hacías.

–¿Y en cuanto a las vacunas?

–Los occidentales se lanzaron a por ellas. Los países del Este asiático, como tenían otras medidas que les funcionaban, no tuvieron tanta prisa y fue un error porque las nuevas variantes tienen más transmisibilidad y letalidad. Se sabía que podía pasar. En la gripe de 1918 las nuevas olas fueron más crudas.

–De África ¿no hay datos?

–No tenemos datos estándar porque no tienen test. En la primer ola un contacto en el sistema de emergencias de Nairobi (Kenia) me dijo que la tasa de ocupación de las ambulancias bajó con el COVID. Es probable que la primera ola no matara demasiado, pero esta de ahora tiene 3 veces más de transmisibilidad y de letalidad: se propagará y matará más.

–En Estados Unidos casi la mitad de la población se niega a ser pinchada.

–Se sabía que sería así. Mi tercer artículo decía que los republicanos debían de tener mucho cuidado de no tratar el virus como si no existiera porque eran los que más iban a morir porque son más mayores. Pasó. Podría haber afectado al resultado de las elecciones. El 60% de la población vacunada son mayoritariamente, demócratas, que están bien cubiertos, mientras que un virus más transmisible se propaga entre más republicanos. Eso puede mover la balanza política.

–¿Hay una correlación entre republicano y antivacunas?

–El liderazgo republicano fue de libertad a muerte y no todo lo provacunas que pudiera haber sido. Gracias a Dios, no tan radical como con las mascarillas. Trump propició la investigación sobre las vacunas y otros gobernadores republicanos son provacunas. No son estúpidos, pero no hicieron una campaña radical unificada para que todos se vacunaran como sí hicieron los demócratas.

–¿Lo arregla la política de comunicación de Biden?

–EE UU es un país tan grande que hay muchos más medios de comunicación viables y miles de canales de información y hay partes de población que no tienen las mismas fuentes de información y de realidad.

–Se culpa a Facebook.

–Es parte del problema, pero hay figuras muy polarizantes que no se conocen en España. Tucker Carlson, un periodista de la Fox que, probablemente, irá a las elecciones en tres años marca la agenda republicana.

Tomás Pueyo ha trabajado en ONGs, en RockYou, primera empresa de videojuegos en Facebook, donde fue product manager del juego Zoo World, con 50 millones de instalaciones y seis millones de usuarios cada mes.

–¿Le sorprendió la dimensión sociológica de negacionistas, conspiracionistas, antivacunas…? ¿Estaban ya o los infectó mentalmente la pandemia?

–En mi carrera he hecho aplicaciones virales y videojuegos y cada día haces experimentos psicológicos: creas un producto, lo metes on line, ves si funciona y vuelves a empezar. Cuando lo haces durante 10 años te das cuenta de que la mente humana es muy rara y tiene una parte de lógica y muchas, no. Sé lo fácil que es influir en una mente humana. Sí me ha parecido interesante el paralelismo de la infectividad del virus y la de las ideas. Igual que hay variantes del virus luchando entre sí hay memes que luchan entre ellos. En el este asiático ganó el meme de lanzar miel para parar el COVID; en Europa el de cerrar y aplicar el martillo y en Estados Unidos, ninguno.

–¿Qué dice eso para el futuro?

–Venimos de un mundo en el que la mayoría de los debates eran a nivel nacional, a través de unos pocos canales de televisión, de unos pocos periódicos, y se hablaban en un idioma. Eso acabó. Ya no tienes unos pocos canales que dictaminen lo que se debate y el ámbito no es nacional. Los países se han comparado y han mirado a todos lados y que se oyera una voz como la mía hubiera sido imposible hace 20 años y hay organizaciones epidemiológicas y la OMS han influido en España. Esto irá a más. En 20 años el mundo será más desagregado, tendrá más individuos y organizaciones influyendo en la opinión pública y menos poder de las naciones y de los medios de comunicación grandes.

–¿Qué le parece a usted?

–Un riesgo y una oportunidad.

–Esa respuesta para todo ya no dice nada.

–Lo explico. Será un mundo en el que el país de la novela de George Orwell “1984” es posible y China lo intenta a muerte. Pero también el de un país en el que los ciudadanos pueden colaborar para decidir sus leyes de manera más fluida y no tienen por qué estar sujetos a lo que dictamine un gobierno. Si se hace bien habrá espacios más dinámicos, libres y constructivos.

–¿Es optimista o pesimista?

–Va a haber de todo. No sé si una sistema va a ganar, sí que va a ser más productivo el descentralizado y libre. Un sistema autoritario no es tan productivo porque tienes que poder criticar lo que existe para mejorarlo. Para criticar hace falta libertad de expresión.

–¿Y por qué China crece dos dígitos cada año y nosotros, no?

–Porque su población es enorme y el PIB per cápita está recuperando un porcentaje del norteamericano. Pasó en España hace 40 años y en Francia en los 30 anteriores.

–Francia.

–Con la inversión americana después de la segunda guerra mundial el PIB per cápita se puso al 80% del estadounidense y ha quedado ahí. Al tiempo creció la población.

–¿Y España?

–Tuvo entonces el crecimiento de población, pero no el PIB per capita. Al abrir el país a Europa, el PIB per capita empezó a subir y a medida que se acercó al PIB americano, estabilizó. Está en el 60/ 70% del PIB per capita de Estados Unidos y se ha quedado ahí.

–¿Y en China?

–La población crecía enormemente hasta hace muy poco y el PIB per capita respecto al americano pasó del 2% al 15 o 20%. En los últimos cuatro años se ha estancado. Es posible que quede ahí, pero aún si sigue subiendo, se estancará. La lectura de que China crece porque es autoritaria es errónea. Sube porque venía de muy atrás y porque son 1.300 millones. Son más productivos en algunas cosas, pero el 25% de sus escolares no saben leer. Lo que me preocupa es que son 1.300 millones y eso da capacidad para imponer su sistema.

–¿Teme que sea la potencia superior?

–La pregunta es cuánto importa el tamaño de la economía respecto a la productividad. En los últimos 500 años importaba: mucho dinero, mucha población, más ejército. En la época feudal no era así. Tenías castillos que eran muy buenos defensivamente y caballeros que eran armas muy poderosas. Los castillos desagregaban los estamentos y su productividad era clave, más que el tamaño de la economía. De ahí la importancia de Venecia y de la Liga Hanseática.

–¿Y en el siglo XXI?

–No lo tengo claro. El tamaño de la economía es importante porque puede acumular ejércitos, pero Israel, con 7 millones de habitantes, mantiene a raya todo lo de alrededor por su tecnología más avanzada. Azerbaiyán se puso a comprar drones y se cargaron en días el ejército armenio hasta su rendición incondicional. El poder se está desligando de la población. Ya no es el tiempo de Napoleón sino el de la guerra cibernética y puede que el tamaño de China no importe.

El ingeniero fue presidente del área de crecimiento de Course Hero, gestora de recursos online para estudiantes en Silicon Valley.

–Su éxito como gurú del coronavirus ha abierto una nueva dirección en su trabajo.

–Dejé mi trabajo directivo. Fue duro porque dedicaba buena parte de mi tiempo a esto, que no paga el pan pero era lo correcto. Seguí escribiendo y tengo la newsletter ‘Uncharted Territories’ y tengo una audiencia que no tenía antes. Mi último artículo lo han visto casi 300.000 personas.

–¿Beneficios?

–Económico, ninguno. No hice caso a algo que leí en Twitter que decía “si quieres ser rico y famoso, intenta ser rico antes”. Tengo un poquito de fama. La exposición te permite ver cómo han actuado los gobiernos, qué le interesa a la gente y me ha dado una audiencia que escucha y eso es un activo a largo plazo y me permite explorar otros temas.

–¿Cuánto hay de predicción matemática y de persuasión psicológica en su trabajo?

–Los dos igual de importantes. Soy un ingeniero que comunica. Escribí un libro de narrativa, trabajé mucho hablar en público e hice un esfuerzo muy grande.

–¿Cuál es su trabajo actual?

–La empresa Substack me dio un adelanto para mi newsletter y, aparte, doy consejo a empresas de tecnología. Es lo que soy y estoy explorando. De esto hace un par de meses. Es interesante. Me gusta escribir, lo hacía desde hacía varios años y la audiencia es algo que da gusto y también estar en distintas empresas al mismo tiempo. Cuando era ejecutivo también encontraba interesante trabajar cada día con el mismo equipo, crear un producto y ver cómo responden a él.

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