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“Siempre hay un elemento de reconstrucción de memoria en los escritores”

Sara Mesa, en la Cidade da Cultura esta semana.

Sara Mesa, en la Cidade da Cultura esta semana. ROCÍO CIBES

“De 'Un amor' se puede hacer una lectura de género, pero hay muchas feministas a las que les no gusta el libro”

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Sara Mesa (Madrid, 1976) ya se había ganado un espacio propio en las estanterías cuando su novela “Un amor” fue ensalzada por varios diarios como el “mejor libro del año 2020”, un título del que su editorial presume. La escritora visitó esta semana Santiago para compartir conocimientos con los escritores noveles de la Residencia Literaria Cidade da Cultura, una iniciativa que estrenan diez autores, la mayoría mujeres y originarios de la provincia de Pontevedra.

–Los escritores noveles le plantearán muchas dudas. ¿Cuál es la más importante que afrontó usted?

–Supongo que la duda más relevante, o por lo menos la que yo he tenido más, ha sido acerca de la calidad: ¿Merece la pena lo que hago? ¿Es bueno? ¿Interesa a alguien? Creo que es la gran duda y no hay una respuesta válida y satisfactoria plenamente.

–¿No la responde la buena recepción de los lectores?

–Sí, pero creo que siempre hay una parte de autocrítica que está encendida y es bueno que lo esté.

–“Un amor” comienza con su protagonista sintiendo un peso tan grande que debe sentarse. ¿No le pasa algo parecido después de ser elegido su libro como número 1?

–Ese tipo de cosas me producen sensaciones contradictorias. Por un lado, agradecimiento y felicidad también por lo que supone de la recepción del libro y la difusión que le puede dar, pero también una especie de sentimiento abrumador de responsabilidad y de culpa porque sabemos perfectamente, yo lo sé, que no hay un mejor libro nunca y que desde luego en mi opinión hay libros mejores que deberían estar ahí o libros que nunca están en la lista y que deberían estar. Todos somos conscientes de eso y yo lo que hago es limitarme a escribir, pero a veces no me gusta esa presencia tan así, cuando hay un elemento competitivo además.

–Son muchos los llamados a escribir, pero, ¿cómo se hace uno un sitio y además logra destacar?

–Hay un elemento innegable, y tengo que ser honesta y reconocerlo, que es un elemento de suerte. Porque en un momento dado, por lo que sea, un libro o un escritor encaja, o simplemente una editorial como la mía, que es una editorial importante, se fija en ti y te da el apoyo que necesitas, y eso podría no haber pasado. Hay esa parte. Pero la suerte no es azar exactamente. La suerte también se produce cuando se está, digamos, en una cercanía a ciertos hechos y eso sí que lo hace el trabajo y la constancia. Yo llevo muchos años y mis primeros libros no los conocía nadie.

–Se puede hacer de “Un amor”, una lectura feminista. ¿Había una intención de denuncia?

–Una intención explícita, no, pero estas cosas que ocurren al final aparecen en los libros. De mi novela se puede hacer perfectamente una lectura de género, y se hace, pero también hay personas que se sienten incómodas porque no es el tipo de feminismo que querrían encontrar en que la protagonista tiene muy claro cuáles son sus límites. Porque en la realidad no los tenemos y dejamos continuamente que se traspasen. Eso también ha ocurrido: hay muchas feministas a las que no les ha gustado el libro porque lo consideran antifeminista y creo que es un gran error, pero las lecturas son bastante libres.

–Su personaje reflexiona sobre el tiempo. ¿Es la escritura un modo de luchar contra su paso?

–Sí. Creo que casi siempre hay un elemento de reconstrucción de memoria en los escritores y en los libros que escribimos porque de alguna manera estamos procesando experiencias que transformas. No tiene por qué ser un texto biográfico, pero bebe de tu conocimiento del mundo. Escribir es un proceso de creación de memoria y ahí es donde quizás ese concepto de tiempo se puede quedar en suspenso.

–Mereció una beca Leonardo para “Oposición”. A Kafka también le interesaba la burocracia...

–Es un gran tema literario y un tema que me preocupa mucho y sobre el que escribí un ensayo, “Silencio administrativo”, donde hablo de la burocracia en ayudas sociales. Ahora quiero hacer una novela y el reto es que no aparezcan las palabras aburrimiento, tedio, absurdo, todos los adjetivos con los que denominamos la burocracia. Que no se expliciten, sino que se vean a través de una historia.

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