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Cuando el conjunto no suma, resta

El hecho de que solo dos personas auxiliasen a Samuel Luiz ha causado estupor, aunque los psicólogos afirman que es una respuesta habitual cuando se está en grupo

Varias personas, ante la ofrenda floral en recuerdo del joven Samuel Luiz. |   // VÍCTOR ECHAVE

Varias personas, ante la ofrenda floral en recuerdo del joven Samuel Luiz. | // VÍCTOR ECHAVE

Ibrahima y Makate, los dos hombres de origen senegalés que trataron de salvar al joven coruñés Samuel Luiz de la paliza que acabó con su vida, no fueron los únicos testigos. Hubo otras personas que presenciaron el brutal linchamiento. Algunas, incluso, lo grabaron con sus dispositivos móviles y compartieron las imágenes. Sin embargo, nadie más intervino. Ningún otro testigo intentó socorrer a la víctima.

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Visto desde fuera, este inmovilismo colectivo puede resultar chocante. Sin embargo, es más habitual de lo que pueda parecer. En psicología social se lo conoce como “efecto espectador” y es un fenómeno ampliamente estudiado desde los años sesenta, a raíz del caso de Kitty Genovese, una joven de 28 años que fue asaltada y asesinada a puñaladas por un hombre a escasos metros de su casa, mientras varios vecinos contemplaban la escena desde sus ventanas sin decir ni hacer nada pese a los gritos de la víctima.

En 1968, los investigadores estadounidenses John Darley y Bibb Latané, inspirados en el caso de Kitty Genovese, publicaron una investigación que demostraba la ausencia de ayuda en situaciones sociales y que concluye que cuando solo está presente un espectador, las posibilidades de que socorra a la víctima son del 85%, porcentaje que baja hasta el 62% si hay dos y hasta el 31% si estaban involucrados tres o más individuos y la víctima. Pero, ¿qué explica esta pasividad?

“El inmovilismo también es una ley innata de supervivencia”

Leonor Galiana - Psicóloga

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“Una de las causas es la difusión de responsabilidad, que significa que cuando formamos parte de un grupo que está presenciando una situación de emergencia, como puede ser una pelea callejera o una agresión, no hacemos nada porque esperamos que sea otro el que lo haga. Nos decimos: ‘Somos muchos, ya habrá llamado alguien a la policía’. ‘Si nadie hace nada, ¿por qué lo tengo que hacer yo...?’”, explica Leonor Galiana, psicóloga y presidenta de la Sección de Psicología de la Intervención Social del Colegio Oficial de Psicología de Galicia (COPG).

“La empatía, el liderazgo y la gestión del estrés influyen en la reacción”

Daniel Novoa - Psicólogo

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Daniel Novoa, psicólogo

“Si estamos solos, entendemos que la víctima depende exclusivamente de nosotros y por empatía o compasión nos podemos ver motivamos a intervenir. La clave está en suponer o predecir erróneamente el comportamiento de los demás”, comenta el psicólogo Daniel Novoa, especialista en inteligencia emocional.

Pero antes de que la psicología le pusiera nombre y apellido, el refranero popular ya se hacía eco de este fenómeno, recuerda Galiana, porque ¿quién no ha oído alguna vez eso de “¿quién le pone el cascabel al gato?” o “el uno por el otro, y la casa por barrer”?

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Según Galiana, la ignorancia pluralizada –cuando casi todos los miembros de un grupo rechazan en lo privado una idea, pero creen que el resto de los miembros la aceptan (“si nadie ha hecho nada, es que no pasa nada, aunque yo crea que es una emergencia”)–, la ambigüedad de la situación –no permite identificar de forma clara si es o no una emergencia–, y la aprensión a la evaluación –miedo a que el resto de los espectadores juzguen si nuestra intervención es acertada o que con nuestra acción empeoremos la situación– son otros factores implicados en el efecto espectador.

“Este inmovilismo es también protector, es una ley natural de supervivencia ante una situación de peligro, una acción instintiva e innata. En situaciones de emergencia, la persona puede quedar en shock y quedar paralizada por el miedo”, añade la psicóloga.

Por su parte, Novoa apunta a la empatía, el liderazgo y la gestión del estrés como elementos que influyen en la respuesta de los observadores ante un caso de emergencia. “La empatía nos motiva a ayudar, el liderazgo y el carisma nos empujan a dar el paso, y la gestión del estrés nos ayuda a no colapsarnos o incluso, racionalmente, ser conscientes de este efecto e intervenir de forma inteligente ante una situación de emergencia”, explica.

“Somos espectadores de aquello con lo que no nos sentimos comprometidos”

José Durán - Sociólogo

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José Durán -  Sociólogo

José Durán - Sociólogo

Desde el punto de vista de la sociología, sin embargo, cuando las personas no intervienen en determinadas situaciones que representan un riesgo para otras personas es que no establecen un vínculo con la realidad que presencian y entonces actúan como meros espectadores, como si estuviesen viendo imágenes proyectadas en una pantalla. Según José Durán, sociólogo de la Universidad de Vigo (Uvigo), esto es más fácil que suceda en el medio urbano, donde los vínculos son más laxos, que en uno rural, donde son mucho más estrechos y las personas se conocen unas a otras.

“Somos espectadores de aquello con lo que no nos sentimos comprometidos, porque no compromete nuestra identidad, al no establecer ninguna relación con las personas implicadas en la escena, pues no nos reconocemos en ellas. De ahí el peligro de una sociedad sin vínculos, porque es tremendamente manejable por cualquiera, con el propósito que sea”, aduce.

Al hilo de todo esto, el sociólogo lanza una pregunta: ¿por qué determinadas situaciones pueden ser percibidas o no como emergencia? “Por ejemplo, esta última ola del COVID-19 puede ser presentada como de emergencia por los medios de comunicación, pero las personas que han vivido anteriormente durante la pandemia situaciones de mucha mayor emergencia, la relativizan en su vida cotidiana. Han desarrollado una conciencia social del riesgo, lo que no significa que no lo perciban, sino que saben cómo interpretarla”, expone.

Si la ausencia de ayuda en una situación de emergencia puede resultar paradójica, más lo es saber que en vez de auxiliar a la víctima, la persona graba lo que está sucediendo. La psicóloga Leonor Galiana entiende esta reacción como una compensación positiva. “Cuando sucede algo así es muy común que la gente lo grabe. Este modus operandi es una reacción natural: la gente contempla, graba e incluso lo almacena y lo comparte con otras personas para que se conozca el hecho. Es una compensación positiva para que se sepa qué ha pasado y se tomen las medidas oportunas. No solo se hace por morbo, también tiene un fin psicológico de mitigar el efecto espectador”, explica la experta.

Desde el punto de vista de la psicología, se puede intervenir en el efecto espectador. “Puede que la situación sea peligrosa y actuar pueda comprometer nuestra propia vida, pero en un caso de agresión, por ejemplo, una acción tan instintiva como gritar puede disuadir a los agresores y también hacer reaccionar a las personas que están a nuestro alrededor”, explica.

En cuanto a si el hecho de no haber auxiliado a la víctima puede conllevar efectos al espectador, el psicólogo Daniel Novoa entiende que, como todo hecho con una carga emocional, puede tenerlos. “Si se da cuenta de que su intervención podría haber influido en que el desenlace hubiera sido menos dramático, es posible que aparezca la culpa o el remordimiento para tratar de aprender de la situación y si en un futuro sucede algo similar tener otros recursos para afrontarlo” explica el psicólogo, para quien conocer el propio efecto también ayuda a actuar ante una situación de peligro.

Grabar la escena, compensación positiva.

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