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Cuando vacunarse en Galicia se transforma en una odisea

Una mujer recibe, ayer, la vacuna en el IFEVI.   | // MARTA G. BREA

Una mujer recibe, ayer, la vacuna en el IFEVI. | // MARTA G. BREA

El proceso de inmunización funciona, pero en algunos casos muestra fisuras – A una viguesa desde el Sergas le indican que “sobran vacunas”, mientras otras personas de su mismo grupo no logran su cita

Todo empieza con un SMS, que a estas alturas ya han recibido cerca de un millón y medio de gallegos. Allí se indica una fecha, una hora y un lugar al que acudir, además de un enlace a un código QR. Cuando toca, el receptor se acerca al punto, hace una cola por lo general breve, le inyectan la vacuna contra el COVID-19, espera unos minutos por una posible reacción y se va.

El proceso es sencillo y funciona: Galicia mejora los porcentajes de vacunación de la media española en varios puntos y ya tiene al 64% de su población diana con la pauta completa. Pero no siempre las piezas engranan de manera perfecta: hay quien quiere recibir la vacuna, le corresponde y, en cambio, no puede por disfunciones del sistema. Hay incluso quién tiene las dos dosis y la están llamando para una tercera. Y ello en un contexto en el que la Xunta empieza a alertar de un descenso en la asistencia a las citas.

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A un hombre de 53 años –prefiere mantener el anonimato– del área sanitaria de Pontevedra lo convocaron para vacunarse a principios de mayo. Allá fue para protegerse de la enfermedad que le ha mantenido lejos de su actividad laboral durante todo el año: padece de apneas y, al ser persona de riesgo en caso de contagiarse, está de baja. Tras pincharle el antígeno de Moderna le indicaron que le volverán a citar entres o cuatro semanas. Sin embargo, se consumió ese tiempo y no recibió ni mensajes ni llamadas del Sergas.

A partir de ahí, la familia registró hasta cinco incidencias en el teléfono de contacto ofrecido por el Servizo Galego de Saúde. Recibieron respuestas variopintas: que no se podía vacunar por estar de baja, que no sabían si la vacuna sería efectiva después de tanto tiempo –el plazo máximo recomendado por las autoridades sanitarias es de seis semanas, a partir de ahí existe “información limitada sobre su efectividad”–, que lo habían citado y no había acudido –lo que la familia niega–, o que el personal que atendía ese teléfono no podía hacer mucho más que registrar las quejas.

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“Después sale la responsable del Sergas en Pontevedra diciendo que la gente no se quiere vacunar pero son ellos los que no gestionan las incidencias”

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Finalmente, tras una queja formal por escrito en el centro de salud de Marín, fue llamado para este sábado, 11 semanas después de la primera dosis. “Después sale la responsable del Sergas en Pontevedra diciendo que la gente no se quiere vacunar pero son ellos los que no gestionan las incidencias”, protesta la familia. También critica que el sistema de autocita privilegie a los estudiantes Erasmus. “¿Por qué tienen más derechos que otras personas?”

El segundo protagonista, del grupo de 40 a 49 y del área sanitaria de Vigo, fue citado para recibir el antídoto el 25 de junio. Tras recibir el mensaje, llamó al Sergas para advertir de que ese día le sería imposible acudir, ya que debía estar en Madrid por motivos laborales. Pretendía que le hiciesen hueco en otra fecha, pero le explicaron que no se dan citas y le invitaron a esperar a que le contactasen. Desde entonces no ha vuelto a tener noticias, pese a que llamó hasta tres veces al teléfono de incidencias. La respuesta siempre es la misma: que no pueden hacer nada y que aguarde.

“Me siento indefenso, yo me quiero vacunar y no me dejan”

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“Me siento indefenso, yo me quiero vacunar y no me dejan”, se queja. Su trabajo requiere gran movilidad –este fin de semana va a Teruel después de estar en la capital de España– y labor de equipo, lo que le genera angustia. No entiende que la Xunta, a diferencia de otras comunidades, no abre la posibilidad de pedir cita, al menos para los trabajadores que no tengan disponibilidad horaria total.

El tercer caso es, de algún modo, la otra cara de la moneda. La protagonista es una mujer embarazada de Vigo, también de la franja de 40 a 49. Tenía la primera dosis marcada para el 22 de junio, pero no pudo pincharse porque cinco días antes había recibido la vacuna de la tosferina, y debían pasar al menos siete jornadas. Este viernes recibió a primera hora de la tarde una llamada del Sergas para preguntarle si quería que le inyectasen el antígeno. Como el lunes ingresa para dar a luz, optó por rechazar la oferta. “Sobran vacunas”, le animaron desde el Sergas. Ella insistió en que quiere inmunizarse contra el coronavirus, pero que el momento es delicado, con su parto inminente. Pidió que la vuelvan a llamar en unas semanas. Quizás para entonces ya funcione el –por muchos anhelado– sistema de autocita.

FARO envió al gabinete de prensa de la Consellería de Sanidade una serie de preguntas en relación a estos tres casos concretos. Al cierre de esta edición no había recibido respuesta.

Y una cuarta casuística, en este caso más anecdótica pero que revela problemas: personas que han recibido las dos dosis están siendo llamados para una supuesta tercera dosis. Se trata, a todas luces, de un error en los registros informáticos.

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