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Un millón

La subida del mal rollo

Lo que les pasa a los que dicen que no les ha afectado nada la pandemia es que aún no saben cómo les ha afectado. Una cosa es el equilibrio psicológico y otra el funambulismo en esta cuerda floja, balanceada por los cambios, que se extiende sin fin bajo la presión de la enfermedad y la aprensión y sobre la incertidumbre económica y vital.

Varios centenares de miles de personas están en duelo por un ser querido muerto de covid o de enfermedades que no habrían sido mortales en otra circunstancia. Han aumentado los suicidios, una causa de muerte violenta sin bandera ni minuto de silencio, que no se oye que sea estructural. La soledad es argumento en tantas vidas que ha llegado a las series televisivas redactadas en pandemia y rodadas con mascarilla. Se oyen delirios de paranoia conspirativa y gilipolleces extemporáneas de naturaleza estrictamente pandémica, que, sin año y pico de tensión y fatiga, no cabrían en una cabeza. La estupidemia salta libremente a la familia, al trabajo, al vecindario, a los medios de comunicación...

Entre ese mal rollo la Policía trabaja en que una intervención no se convierta en una performance.

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Hay una indefinible subida del mal rollo en la forma en que las personas se fiscalizan mutuamente por el día y en los zarpazos de violencia de las noches. Entre ese mal rollo la Policía trabaja en que una intervención no se convierta en una performance. Vemos en los informativos cómo los botellones multitudinarios de los fines de semana son desplazados –en la mayoría de los casos– con la suavidad con la que se manipula la nitroglicerina, un explosivo muy potente y muy inestable.

Ahora ser policía precisa de mucha inteligencia y frialdad, exigibles siempre, más desde que la ley mordaza de Rajoy blindó contra la tos del ciudadano a unos profesionales adiestrados en la defensa y en la lucha, armados, que representan a la autoridad y que deben tener la capacidad de control en situaciones de descontrol y ser remedio para la enfermedad generalizada que es una pandemia en la que la violencia oportunista, la frustración, la tristeza, la angustia y la rabia afectan también a personas que aún no saben cómo les ha afectado la pandemia.

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