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Raquel Fernández | Directora de comunicación de Unicef en el Líbano

“El mundo es global: si no estamos bien todos, seguiremos teniendo problemas todos”

“En el Líbano confluyen la pandemia, una crisis política y otra económica; el 23% de la población vive en la pobreza extrema”

Raquel Fernández, en Oviedo.

Raquel Fernández, en Oviedo.

La periodista castrillonense Raquel Fernández (Salinas, 1966) es desde hace tres años directora de comunicación de Unicef en el Líbano, un país que se enfrenta a una terrible crisis económica que ha llevado a la mitad de la población por debajo del umbral. Eligió el periodismo para “alzar las voces que no se escuchan y sacar a la luz problemas críticos y situaciones muy injustas, como las de los niños de países en desarrollo. “Es un mundo global: si no estamos bien todos, seguiremos teniendo problemas todos”, sostiene.

–¿Cuál es la situación en el Líbano?

–Están confluyendo varias crisis y todas muy complejas. Una es el covid, pero también hay una crisis política arrastrada que está generando unos vacíos de poder grandes. Hay un gobierno en funciones desde septiembre, y antes dimitió todo el gobierno en octubre de 2019. Hay dos años convulsos políticamente.

–Y las explosiones...

–Efectivamente. Y además, la crisis de refugiados desde que estalló la guerra en Siria. Líbano es el país del mundo con mayor número de refugiados per cápita. Es una población de cuatro millones y medio de habitantes con millón y medio de refugiados. Por último, hay una crisis económica sin precedentes, la moneda se ha devaluado hasta no valer nada, y el precio de la comida ha subido un 400 por ciento.

–Vivían de sacar los productos de Siria...

–Tenían una dependencia grande, por lo que la guerra de Siria no solo les ha afectado en cuanto a la llegada de población desplazada, sino que además la economía se vio inmediatamente impactada. Los desplazados sirios llegan sin nada y tienen una gran dependencia de la ayuda humanitaria, como la que prestamos nosotros en Unicef. Más de la mitad de la población está bajo el umbral de la pobreza y el 23 por ciento en pobreza extrema, cuando hace dos años era un 6 por ciento.

–¿Qué programas llevan?

–Tratamos de evitar que los niños caigan en desnutrición crónica o severa aguda, y de recuperar a los que la sufren. También facilitamos a los niños acceso a atención primaria y vacunas, atendemos a embarazadas. Damos acceso a la educación, también a los niños sirios, y estamos fortaleciendo nuestro programa de protección social a través de transferencias de efectivo. Ahora la haremos llegar a las familias de 70.000 niños; el año pasado, pasado, con las explosiones, fueron 80.000. Y tenemos un programa de acceso al agua, saneamiento e higiene, porque los servicios públicos se han precarizado. Finalmente, hay un programa de protección infantil. Hay muchos niños obligados a trabajar.

–Imagino que la división confesional no contribuye a mejorar la situación...

–Para mí, el Líbano es un ejemplo de convivencia. Tienes desde mujeres que van en bikini en la playa a otras que pasean en bourka. Y no pasa nada. El problema que se ha generado en los últimos años tiene que ver con el sistema que se pactó en la Constitución después de la guerra civil, según el cual los diferentes grupos religiosos se reparten el poder y pactan la formación de Gobierno, de forma que todos estén representados. El consenso respecto a ese sistema se rompió en 2019. La gente empezó a salir a la calle reclamando un cambio. Ese equilibrio que había no es ya tan fácil de sostener.

–¿Y está Occidente preocupado por estos países?

–Nuestros donantes son gobiernos de los países ricos, y los comités nacionales de Unicef, que nos apoyan para financiar los programas. Cuando las explosiones acudimos a nuestros donantes, también cuando estalló la pandemia, y han respondido, afortunadamente.

–Sin embargo, hay gente que piensa que bastante tenemos con la crisis de la pandemia como para ayudar a otros...

–Es comprensible, humano, lógico. La pandemia nos ha tocado a todos y nos ha descubierto lo vulnerables que somos. Tenemos una campaña en la que pedimos a los gobiernos que empiecen a pensar en donar vacunas para los países pobres. EEUU ya ha dicho que lo hará. Es un mundo global: si no estamos bien todos, vamos a seguir teniendo problemas todos.

–Antes estuvo en Venezuela. ¿Qué situación vivió allí?

–Es un país que históricamente nunca se había visto en esa situación. Venía de ser un país con muchísimos recursos. El cataclismo económico ha sido muy inesperado. Nunca habían tenido que emigrarCuando llegué, el problema de alimentación que había era la obesidad infantil. En dos años, se empezaron a detectar casos de malnutrición.

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