Paz Padilla, Ricky Rubio y Pilar Rubio lo tienen en un pedestal (ojo, también tiene su club de haters). El psicólogo cognitivo Rafael Santandreu (Barcelona, 1969), que suele surfear en la espuma de los libros más vendidos, explica en Sin miedo (Grijalbo) “el método comprobado para superar la ansiedad, las obsesiones, la hipocondría y cualquier temor irracional”. Pista: el atrezzo que elige para la foto tiene mucho que ver.

–Antes de compartir la fórmula, ¿qué le provoca a usted ansiedad?

–Muy pocas cosas ya. Cuando tengo un conato de preocupación, se disipa en décimas de segundo. ¡Incluso la muerte me parece genial! Tengo mucha curiosidad por mi propio tránsito.

–No vale. Tengo entendido que cree en el más allá.

–Es una ventaja disponible para todos.

–Tiene poco pedigrí científico.

–Una rama de la neurología ha llegado a la conclusión de que tenemos un grupo neuronal que se activa en la experiencia espiritual. Y subraya que en la naturaleza no hay funciones neuronales gratuitas.

–Nadie explica el gran apagón.

–Los estudios sobre experiencias cercanas a la muerte arrojan más pruebas a favor del más allá que en contra. Yo sé que será benéfico, porque todo lo natural es maravilloso: un volcán, el nacimiento, hacer el amor, la muerte...

–¿Incluso la prematura?

–Incluso. Es fundamental darse cuenta de que conocemos una parte infinitesimal de las leyes naturales. Lo lógico, pues, es respetarlas. La historia de la humanidad ha sido el intento de mejorar un poco la naturaleza y cagarla una y otra vez.

–Vayamos a los miedos.

–Para alcanzar la paz interior, hazte amigo de tus peores miedos. ¿Cómo? Pasando mucho tiempo con ellos. Intimando con lo que nos atemoriza. Los conquistadores españoles de México se levantaban temprano, comulgaban y se iban a la guerra, sin saber si volverían a ver otro día. Por eso he elegido el casco y la espada para salir en la foto.

–Elocuente. ¿Es la actitud?

–Para ser emocionalmente maduro, el ser humano tiene que adquirir la habilidad que tenía Hernán Cortés. Él aceptaba de manera radical cualquier consecuencia sobre su vida. Incluso su muerte.

–La embarazada que entra en la sala de parto, también.

–No había considerado el ejemplo, pero sí. Hay que ir a buscar de manera sistemática la fuente del temor y aceptar el peor escenario. Es como entrar en un tornado: dentro puedes tomar el sol, hay mucha paz. Si te diriges al núcleo del miedo, desaparece.

–Estamos programados para huir de los peligros.

–Y está bien, excepto en el terreno de las emociones. De hecho, la inteligencia humana es una anomalía. En la naturaleza no hay proyección en el futuro. A nosotros esa proyección nos permite crear, pero también nos hace colapsar en los propios miedos. La salida de un temor irracional es antiintuitiva.

–O farmacológica.

–En los trastornos por miedo, los ansiolíticos no solo no curan, sino que complican el problema. Lo tapan.

–En pandemia ha aumentado su consumo un 14%.

–Y en los próximos dos años veremos aparecer casos de estrés postraumático a causa del COVID. No será el miedo a la amenaza original, sino a experimentar el miedo. Ya estamos viendo un aumento nunca visto en la consulta. Para detener el miedo al miedo, recomiendo imaginar todos los días que mueres por COVID, experimentar la ansiedad desde la aceptación.

–¿Existe un perfil del candidato al sufrimiento?

–Es una trampa mental en la que puede caer cualquiera en cualquier momento. He tratado a bomberos condecorados, políticos de primer nivel, ejecutivos...

–¿Gente al alcance de su minuta?

–Mire, tuve la gran fortuna de crecer en una familia muy pobre, pero a mis padres les importaba un carajo. Nunca tuve regalos de Navidad, no había vacaciones, tenía un único pantalón cosido y recosido. Pero éramos increíblemente felices. Teníamos cerca la biblioteca. Aprendí que necesitaba muy poco.

–Ahora puede tener lo que le plazca.

–Solo necesito el agua y la comida del día. Nada más. Intento, mentalmente, ser como un sadhu, uno de esos monjes mendicantes que deambulan en pelotas por la India.

–El día que vaya a pasear desnudo, avise.

–En verano me encuentra así por las montañas del Pirineo.