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Al puzle de Wuhan le quitaron piezas

Investigadores de la OMS en Wuhan, en enero pasado. Abajo, el investigador norteamericano Jesse Bloom.  | // T. PETER/CENTRO F. HUTCH

Investigadores de la OMS en Wuhan, en enero pasado. Abajo, el investigador norteamericano Jesse Bloom. | // T. PETER/CENTRO F. HUTCH

Más incógnitas sobre el origen del SARS-CoV-2. El investigador Jesse Bloom, del Centro de Investigación sobre el Cáncer Fred Hutchinson de Seattle (EE UU), asegura haber recuperado secuencias genómicas de este coronavirus recogidas en el brote inicial de Wuhan y que faltaban en los archivos digitales del National Institutes of Health (NIH), institución pública de salud de Estados Unidos. Una vez recuperadas esas piezas del puzle, Bloom asegura haber logrado información adicional sobre el virus procedente del brote registrado en diciembre de 2019 en el mercado de marecogidas posteriormente en China o incluso en otros países, algo totalmente inesperado.

El investigador norteamericano Jesse Bloom

El investigador norteamericano Jesse Bloom

Según cuenta Bloom en su cuenta de Twitter (@jbloom_lab), en el Sequence Read Archive de los NIH cientos de científicos de todo el mundo depositan datos genómicos para que otros colegas puedan analizarlos. En él deberían constar datos genómicos del virus inicial, la mayoría de un proyecto de la Universidad de Wuhan, pero cuando fue a buscarlos la totalidad del proyecto había desaparecido. Después descubrió que los datos fueron también borrados de una base de datos china.

Eliminar datos

Bloom deja claro que esa desaparición no tiene por qué significar una malversación por parte de los NIH: la política de este archivo de lectura de secuencias permite a los remitentes eliminar datos previa solicitud por correo electrónico. Sin embargo, al haber más de 13 millones de secuencias, los NIH deben confiar en la buena fe de los científicos, ya que les resulta imposible comprobar cada solicitud de borrado una por una.

El investigador, que estudia la evolución biológica utilizando virus y proteínas virales como modelos, pudo determinar que los datos eliminados correspondían a un estudio que secuenciaba parcialmente “45 muestras nasofaríngeas de pacientes ambulatorios [de Wuhan] con sospecha de COVID-19 al comienzo de la epidemia”.

Bloom, que ha investigado este asunto durante 4 meses, asegura que pudo recuperar estos archivos borrados en la nube de Google. Así, halló 34 muestras y reconstruyó secuencias virales parciales para 13 de ellas.

El científico recuerda que aunque hay debate sobre el origen del SARS-CoV-2 en Wuhan –la hipótesis de la transmisión de un animal contra la del accidente de laboratorio, menos plausible–, todos los investigadores están de acuerdo en que los “ancestros profundos” son coronavirus de murciélagos. “Por tanto, esperaríamos que las primeras secuencias del SARSCoV-2 serían más similares a los coronavirus de murciélago, y como el SARSCoV-2 continuó evolucionando se volvería más divergente de estos antepasados. ¡Pero ese no es el caso!”, subraya Jesse Bloom. En cambio, los virus iniciales del brote del mercado son más diferentes de los coronavirus de murciélago (como el RaTG13 o el RpYN06) que los recolectados más tarde en China e incluso en otros países.

Bloom concluye que el SARSCoV-2 circulaba en Wuhan antes del brote de diciembre en el mercado de mariscos, y que otras muestras de ese brote han podido ser eliminadas a instancias de las autoridades chinas, cuya aprobación es necesaria para cualquier publicación científica. El bioquímico, que está en contacto con los NIH para averiguar los motivos del borrado de datos, cree que podría recuperarse más información sobre estas muestras tempranas del virus.

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