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El aislamiento social y el fin de curso elevan los cuadros de ansiedad entre adolescentes

Exámenes de la ABAU en julio del año pasado

Exámenes de la ABAU en julio del año pasado Marta G. Brea

La mayor exigencia académica tras la laxitud del confinamiento y la ausencia de vías de escape, como la socialización y el deporte, disparan las consultas, indican los psicólogos

Psicólogos y orientadores están detectando en las últimas semanas un notable aumento de las consultas por problemas de ansiedad entre adolescentes. Al aislamiento social provocado por el COVID-19 se une ahora la mayor exigencia académica ante el final de curso, exigencia que fue más laxa en el curso pasado debido al confinamiento y al difícil proceso de adaptación a la enseñanza telemática.

“Están viniendo muchos adolescentes, hay una mayor demanda de consultas por ansiedad”, refiere el psicólogo vigués Daniel Novoa, que añade que esos cuadros de ansiedad están se traducen a veces en absentismo escolar. Señala que el aumento de incidencia se nota ya en alumnos de primero o segundo de la ESO, a partir de los 12 años de edad, pero que la tensión en primero y especialmente en segundo de Bachillerato (16-18 años) es mucho mayor, debido, entre otras razones, a la proximidad de la Abau –anteriormente Selectividad–, que en Galicia se celebra del 8 al 10 de junio, y a la ausencia de vías de escape para su situación, agravada por el aislamiento social. “De repente se han visto este año en el escalón superior del siguiente curso, en contraposición a la mayor facilidad del anterior –explica Novoa–; hay extraescolares que no se están haciendo por la pandemia, tienen menor libertad de movimientos para quedar con sus amigos, menos elementos de descarga y de distracción y más de estrés”. El psicólogo añade que, a la presión psicológica por la inminencia de una elección determinante, la de los estudios que se realizarán tras el Bachillerato, “se une la etapa vital del ‘no quiero estar con mis padres, quiero estar con mis amigos y no puedo’. Es un caldo de cultivo bastante potente”.

“La actividad física en grupo puede ser un salvavidas importante”

Daniel Novoa - Psicólogo

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El aislamiento social y el fin de curso elevan los cuadros de ansiedad entre adolescentes

La situación la veían venir los especialistas. Ya el diciembre pasado FARO informaba del aumento de las urgencias e ingresos de niños y adolescentes por problemas de salud mental, como depresiones, trastornos de conducta y brotes psicóticos. El Chuvi atendió el año pasado diez mil consultas más de este tipo que en 2019, y el 20% fueron de menores. El jefe de Salud Mental del Chuvi, el médico psiquiatra José Manuel Olivares, vaticinaba entonces que el incremento “se notaría más a medida que pase el tiempo”.

El repunte se ha descrito en otros lugares de España. En Alicante, psiquiatras infantiles apuntaban el mes pasado al diario “Información”, del mismo grupo editorial que FARO, que la demanda de citas en Salud Mental para los adolescentes se había duplicado por la pandemia. “Estamos viendo a muchos adolescentes y preadolescentes con cuadros de ansiedad, depresión y con ideas autolíticas”, señalaba la psiquiatra Auxi Javaloyes, que recordaba que “la vida académica y social son pilares esenciales para los jóvenes y la pandemia los ha alterado”.

Con respecto a las autolesiones, el psicólogo Daniel Novoa señala que han aumentado considerablemente en su consulta viguesa en los últimos meses. Se trata de cortes superficiales que los jóvenes ven como “una manera de sentir unas sensaciones diferentes y de experimentar con el cuerpo. Al no poder salir y tener ansiedad es más fácil que esto suceda”, precisa. Novoa subraya que estos cortes nada tienen que ver con intentos de suicidio.

Imagen de un examen de la Abau el pasado año en un centro gallego. Xoán Álvarez

Redes sociales, de doble filo

Las redes sociales quedan como la principal vía de comunicación para los adolescentes, pero Novoa recuerda que “son un arma de doble filo: no te mueves, no estás activo, no hay relaciones de calidad...” Al cabo del tiempo, dice el psicólogo, los adolescentes que llevan tiempo manteniendo esas relaciones sin cercanía física pueden experimentar sentimientos de angustia, frustración, incomprensión, vacío y soledad. “Todo eso se ve agravado porque el aislamiento de la pandemia contribuye a ello. A esa crisis existencial que de por sí es difícil de llevar hay que sumarle el aislamiento real, la convivencia con tus padres, en la que te sientes incomprendido, y que no hay actividades de descarga, como el deporte; no puedes quedar con los amigos o los puedes ver de una manera muy limitada, y el runrún del miedo de los miedos de comunicación”. “La crisis existencial propia de la adolescencia se ve agravada por un contexto que de por sí es ansioso, de miedo, soledad y aislamiento”, resume Novoa.

Para aliviar la ansiedad, Daniel Novoa recomienda, ante todo, pedir ayuda: “No es de cobardes, es de gente inteligente que no quiere sufrir más de los estrictamente necesario”, recalca. Aconseja también salir de casa, estar con los amigos cuando sea posible y airearse. “La actividad física en grupo, ya sea pasear, el skate, patinar, jugar en un equipo de fútbol, baloncesto, pádel o lo que sea, al aire libre, puede ser un salvavidas importante”, indica. Y, por último, la medicación: “Puede ser un apoyo importante para los casos más difíciles. No hay que demonizarla cuando se usa de manera responsable. Ese empujoncito ayuda a tener ganas para salir, y esas ganas de salir te van a dar ganas de levantarte por la mañana y que así todo empiece a rodar”, concluye.

El aislamiento pandémico pasa y pasará factura

La Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental preguntó el pasado año a 169 profesionales sanitarios sobre los meses más duros de la crisis sanitaria. La conclusión de la encuesta fue que los adolescentes de entre 13 y 18 años fueron los que más problemas sufrieron, y que la depresión y la ansiedad fueron las dolencias más comunes.

Los especialistas advirtieron, además, que aumentaría la demanda de atención de salud mental en el colectivo juvenil en los meses siguientes, un vaticinio que todo parece indicar que se ha cumplido.

El 89 por ciento de los niños y jóvenes de entre 3 y 18 años en España presentaron “alteraciones” en su comportamiento durante el confinamiento, según un estudio de la Universidad Miguel Hernández, de Elche (Alicante). La falta de contacto de los jóvenes con su entorno puede tener en el futuro más consecuencias para su salud física y mental, advierten los expertos.

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