Un equipo de especialistas del Reino Unido ha notificado los tres primeros casos de personas con ictus isquémicos provocados por coágulos en las arterias después de recibir la vacuna de AstraZeneca contra el COVID-19. Una de las pacientes falleció.

Este accidente cerebrovascular, que se origina cuando los coágulos de sangre se producen en las arterias que suministran sangre al cerebro, es la forma más común de ictus, pero esta es la primera vez que se ha notificado en personas vacunadas con el suero de AstraZeneca.

Hasta ahora, todos los casos de trombos registrados después de recibir la vacuna de Oxford habían aparecido en venas (sobre todo, del cerebro). Además, todos presentaban bajos niveles de plaquetas y anticuerpos contra el factor plaquetario 4 (PF4), una proteína que favorece la formación de coágulos.

La información sobre los tres nuevos casos, todos ellos diagnosticados en adultos jóvenes menores de 40 años, se ha detallado en una carta suscrita por una decena de médicos e investigadores y publicada en la revista ‘Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry’.

En todos los casos, el ictus isquémico se asoció a obstrucciones de grandes arterias (tanto de la carótida como de la arteria cerebral media) y dos pacientes presentaron además una trombosis venosa hepática y cerebral.

Los tres tenían niveles de plaquetas extremadamente bajos, anticuerpos anti-PF4 confirmados y dímero D elevado (también relacionado con la coagulación).

Para el autor principal del estudio, David Werring, del University College de Londres, los tres casos sugieren que, además de la trombosis venosa cerebral, la reacción inducida por la vacuna también puede dar lugar a coágulos que bloqueen las arterias del cerebro y causar un accidente cerebrovascular isquémico.

“Los pacientes jóvenes que presenten un ictus isquémico después de recibir la vacuna deben ser evaluados urgentemente con pruebas de laboratorio, y tratados por un equipo multidisciplinar para aplicar rápidamente tratamientos como inmunoglobulina intravenosa, metilprednisolona, plasmaféresis y anticoagulantes no heparínicos, por ejemplo fondaparinux, argatroban o anticoagulantes orales directos”, aconsejan los autores.

Y aunque recomienda estar alerta para identificar posibles casos de pacientes con trombos tras la vacunación, subraya que estos efectos secundarios “son raros, y mucho menos frecuentes que la trombosis venosa cerebral y el ictus isquémico asociados a la propia infección por COVID-19”.