La pandemia del COVID-19 ha cerrado los comedores sociales, pero no por ello han cesado su actividad. Si ahora no pueden servir comidas en sus instalaciones, las preparan en táperes para llevar. Este es el caso del de La Esperanza-Casa Caridad de Vigo, en O Berbés, uno de los cuatro comedores sociales de la provincia de Pontevedra que recibirán una aportación de 5.000 euros dentro de la campaña “Ningún hogar sin alimentos” de “la Caixa” y CaixaBank, que en su segunda edición ha recaudado 3,4 millones de euros destinados a los bancos alimentos. Los otros tres son los comedores Vida Digna, también de Vigo; San Francisco, en Pontevedra, y el de Cáritas en Vilagarcía de Arousa.

La crisis sanitaria ha recrudecido la situación que atraviesan los usuarios de los comedores sociales y ha creado otros nuevos, con un perfil cada vez más joven –de entre 45 a 60 años–, según Alicia Román, directora del comedor de La Esperanza-Casa Caridad de Vigo. “Ya no estamos hablando tampoco de personas con problemas de drogadicción o alcoholismo, sino de gente de clase media que se ha quedado sin empleo, muchos tras un ERE”, afirma.

Desde que estalló la pandemia, este comedor social, que atiende a 150 vigueses, ha incorporado entre sus usuarios a menores. “Antes no atendíamos a niños, pero ahora repartimos entre seis y ocho menús infantiles”, explica. Mantener hoy este servicio supone un gasto mayor a la Fundación Casa de Caridad-Hogar San José, ya que al coste propio de elaboración de los menús diarios hay que añadirle el coste de los táperes y las bolsas donde se entregan.

Tres cocineras preparan estos menús, que se componen de dos platos y postre, que reparten los treinta voluntarios que se alternan para colaborar con esta entidad, presente en Vigo desde hace más de 150 años. Al este gasto añadido se suma el descenso de ingresos de una entidad cuya principal fuente de ingresos son las aportaciones de empresas y particulares, a través de las donaciones. “Estos 2.000 euros, por ejemplo, cubre el gasto de los táperes de todo un mes. Somos una entidad sin apenas subvenciones, aparte de la que recibimos del Concello, por lo que cualquier ayuda es bienvenida”, reconoce.

No obstante, Román asegura que la fundación no puede quejarse del respaldo que recibe de los ciudadanos vigueses. “Vigo es una ciudad muy generosa y lo está siendo más aún desde que estalló la crisis. Siempre que reclamamos su ayuda, la tenemos”, afirma la directora de este comedor.