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Día de la Madre

“¡Mi madre es una luchadora!”

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Alba Rial y Mónica Mera, Montse Barros, Rosa Fernández-Cervera y Rosa Neira, Carmen Avendaño y Pilar Otero y Mercedes González

“Valientes, decididas... en definitiva, madres coraje”. Hijos de estas mujeres pioneras cuentan en el Día de la Madre por qué ellas son tan especiales

“Me gustaría ser como ella pero creo que no le llego ni a la suela de los zapatos”, expresan algunas de las hijas e hijos que explican en este reportaje por qué sus madres son “madres coraje”, qué las hace especiales... Todas ellas, las madres participantes en esta información, son pioneras en algo o han tenido que pasar y sufrir momentos muy duros en sus vidas. Y han salido adelante. Han seguido peleando, muchas veces con todo en contra. Quizás por ello sus hijos e hijas ven que el papel de sus madres es difícil de superar.

Tienen en casa el ejemplo e intentan seguirlo. “Yo creo que soy fuerte y todo lo que ha pasado me ha hecho madurar muy pronto y ayudar en casa siempre mucho. Pero ella es mucho más fuerte que yo. Ella es superior”, apunta Alba Rial, de 19 años, e hija de Mónica Mera, una madre de Ponteareas que hace diez años sufrió un accidente laboral y su vida cambió de manera radical. Y en esta segunda oportunidad que le ha dado la vida asegura que es “muy feliz”.

“Realmente creo que toda madre se convierte en madre coraje cuando tiene que serlo. Te sale ese instinto de protección, que no les pase nada a tus niños, a tu familia... Yo creo que es normal y que nos sale a todas en un momento determinado”, cuenta Montse Barros, enfermera de 39 años que vivió en primera línea la parte más dura de la pandemia, al principio, cuando todo era muy difícil e incierto.

Hoy es el Día de la Madre y, sin duda, cada uno ve a su madre como una mujer especial. En este reportaje todos coinciden en que sus madres son “valientes, atrevidas, tiran para adelante a pesar de todo lo malo que pueda pasar”. Y ellas aseguran que de todo lo malo en la vida se aprenden cosas.

Pilar Otero, hija de Mercedes González, de Frigoríficos Rosa de los Vientos (Marín), guarda en su retina imágenes de su madre en el negocio del pescado, en las furgonetas de aquí para allá... incluso embarazada... Ella, Mercedes, recuerda que llevaba a sus hijos en la furgoneta mientras trabajaba. Crió a sus tres hijos sin dejar de trabajar. Y mucho.

Rubén Cajiao, el hijo menor de Carmen Avendaño, también guarda imágenes de su madre como alguien “muy convincente, valiente y decidida”, que con la palabra era y es capaz de “convencer, de llegar a la gente”. Felicidades a todas en el Día de la Madre.

“Embarazada de 9 meses de mi hermano iba a por pescado a Baiona”

Pilar Otero y Mercedes González - Hija y madre-Gerente de Frigoríficos Rosa de los Vientos (Marín)

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Mercedes González con su marido, Manuel Otero, y dos de sus tres hijos: Miguel y Pilar. Rafa Vázquez

“Si tengo que describirla en una imagen pues sería esta, un recuerdo que tengo muy presente: subiendo al camión embarazada de nueve meses de mi hermano para ir a buscar pescado a Baiona”, cuenta Pilar Otero sobre su madre, Mercedes González, empresaria, gerente de Frigoríficos Rosa de los Vientos (Marín), una empresa de importación y exportación de productos frescos y congelados que Mercedes y su marido levantaron desde cero. “Trabajé toda la vida. Mi marido y yo siempre hemos sido un equipo”, apunta González. Tiene tres hijos: Pilar, Manuel y Miguel. Pilar y Miguel trabajan en la empresa.

“Sin duda ella es una mujer especial. Siempre tira para adelante, siempre. Y, desde luego, fue una pionera”, cuenta Pilar. Y tanto que lo fue. Cuando se le ocurrió ir a buscar cebo para las nasas al puerto de A Coruña porque aquí no había. Y traía el cebo desde allí. Y todos empezaron a pedirle, y así, poco a poco, arrancaba el negocio, como ella misma recuerda. “Es una ‘Brava do Mar’, una de las mujeres protagonistas de la iniciativa lanzada por Opromar (Organización de Productores de Pesca del Puerto de Marín) para reivindicar el papel de la mujer en la pesca”, apunta Otero.

“¿Lo más difícil de ser madre? Ahora me doy cuenta; como madre me duele no haber pasado más tiempo con ellos cuando eran pequeñitos. Ahora que soy abuela me doy cuenta de esas cosas. Que estaban conmigo igualmente, porque yo los tenía conmigo pero me refiero al tiempo... Cuando eres joven no te das cuenta porque estás centrada en otras cosas, que si había que coger una furgoneta para el pescado, o comprar una casita... Mi marido y yo trabajamos mucho, la verdad. Por eso ahora se me ablanda el corazón con los nietos. Te vuelcas con ellos”, expresa Mercedes González.

“Pese a todo lo vivido mi madre jamás tiró la toalla: ¡es una madraza!”

Rosa Fernández-Cervera y Rosa Neira - Hermana y madre de Deborah Fernández-Cervera, desaparecida en 2002

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Los padres de Déborah Fernández-Cervera con sus hijos José y Rosa. M.G. Brea

“Mi madre es dedicación por los demás, cariñosa, inteligente, conciliadora, alegre y, sobre todo, superviviente”, expresa Rosa Fernández-Cervera sobre su madre, Rosa Neira. Esta familia ha sufrido y sigue sufriendo por una de las situaciones más duras y complejas que puede pasar en un hogar, la muerte criminal de Deborah Fernández-Cervera en 2002.

“Después de todo lo que hemos vivido ella me ha demostrado ser una luchadora empedernida. Ha sido y es el pilar fundamental en nuestra casa y cuando quiere algo lo lucha sin descanso... es admirable”, cuenta Rosa sobre su madre, del mismo nombre.

¿En qué momento te sorpendió más su valor o valentía a lo largo de la vida? “Quizás con todo lo de mi hermana Déborah, llegó a presentarse ante el Rey para pedirle ayuda, movilizó los satélites de Estados Unidos para comprobar si podían aportar información al caso. Me dejó impresionada que en aquella época, sin los medios de hoy, consiguiese todo lo que se propuso. Sin duda tengo claro de quién he heredado la garra en esta pelea”, añade esta joven: “siempre que hay algún problema ella es quien nos tranquiliza y redirecciona para encauzar la situación”.

Rosa Fernández-Cervera cree que “en algún aspecto”, “en muchísimos”, puntualiza, “sí se parece a ella”. “Sin duda, la piel de luchadora es suya, quizás también heredé parte de su temple y de su empatía hacia los demás y sus circunstancias. Ella es buena de corazón y yo lo intento”, describe Rosa, que apunta que su hermana María sí tiene hijos, dos: “¡son la alegría de la casa!”.

Que Rosa Neira sea una “madre coraje”, Rosa Fernández-Cervera lo tiene claro. Por supuesto. Lo es. “Es una luchadora, una mujer increíble, que siempre ha estado ahí para aconsejarnos, apoyarnos y ayudarnos, una mujer coraje que a pesar de haber vivido una situación tan duracomo fue lo de Déborah, jamás tiró la toalla.

¿Y Rosa Neira? ¿Qué opina de esas palabras de admiración? ¿Qué es lo más difícil de ser madre? “Lo más difícil de ser madre para mi gusto ha sido conseguir ser lo más justa posible con mis hijos y estar acertada con su educación. Intentamos siempre inculcar valores sin imposiciones. Me gusta que sean libres y responsables: quizá eso es lo más difícil de lograr”, explica Rosa Neira.

¿Y lo mejor de ser madre? “Lo primero cuando son pequeños y son tuyos al 100%. Y ahora que son mayores lo mejor es saber que te quieren, que se preocupan por nosotros y que juntos somos una piña”, apunta Rosa Neira: “Padre y madre lo hacemos lo mejor que sabemos. Nadie nos prepara para ser padres y, a fin de cuentas, es lo más importante del mundo. Son el futuro que dejamos”.

“Cuando llegó la pandemia la niña me dijo: ‘ya sé que me tengo que ir’”

Montse barros - Enfermera. Pasó el confinamiento, en 2020, separada de su hija

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Sara, Montse y Montse: hija, abuela y madre en O Castro. Marta G. Brea

Era marzo de 2020 y una desconocida pandemia se instalaba de un día para otro en la vida de todos y todas. Tocaba parar. Y encerrarse. Para otras y otros tocaba salir cada día a la batalla, a salvar vidas, enfrentándose a un virus peligroso y del que se sabía muy poco. O nada. Incertidumbre, miedo y cansancio.

Una de las luchadoras fue Montse Barros, enfermera en Povisa, que como todo el gremio vivió uno de los momentos más complicados de la carrera laboral. Tocaba darlo todo. Y así fue.

“Cuando irrumpió la pandemia fue mi propia niña la que me dijo: ‘Ya sé que me tengo que ir’. La situación era muy complicada y así lo decidimos, mi marido (Manuel Tornos) y yo”, cuenta Barros, capaz de contarlo ahora con cierta perspectiva, tras más de un año de pandemia. En aquel momento no se sabían muchas cosas pero sí que era muy contagioso y los trabajadores del ámbito sanitario extremaron precauciones en el ámbito laboral pero también en casa, con sus familias. Fue por ello que Barros decidió que su niña, que hoy tiene 13 años, Sara Rodríguez Barros, se mudara a casa de los abuelos, en Tomiño. Padre y madre se quedarían en la vivienda de Vigo para continuar con la vida laboral hasta que pasara la época más complicada. Y por aquel entonces no se sabía cuánto iba a durar el confinamiento. “Era la primera vez que nos separábamos tanto tiempo y en estas circunstancias, claro, con todo el miedo y la incertidumbre. Ella lo pasó mal. Y nosotros también, pero creo que fue una buena decisión para protegernos todos”, cuenta Barros. Y ahí estuvo su madre (los abuelos en la casa de Tomiño) para ayudar con la pequeña. Al final, es como una cadena de admiración. “De mi madre admiro su empatía, lo cariñosa que es y esos abrazos que tanto echamos de menos. Ella nos crió a mí y a mis hermanas prácticamente sola ya que mi padre era militar. Y para mí es todo un ejemplo de madre coraje en su momento”, expresa Barros, de 39 años.

Y, desde su punto de vista, ¿qué es lo más difícil de ser madre? “Pensar por dos, no solo en tí, y que todo lo que haces puede repercutir en los hijos”, apunta Montse. ¿Y qué fue lo primero que hicieron al verse tras el confinamiento? “Fue muy emocionante, abrazarnos y comernos unos donuts, que nos encantan a las dos. Si algo aprendimos en todo este tiempo es a valorar las pequeñas cosas, el día a día”, afirma Montse.

“Soy la mayor de 10 hermanos y tuve que ayudar: me gustan las familias numerosas”

Carmen Avendaño - Pionera en la lucha contra el narcotráfico. ‘Asociación Érguete’

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Carmen Avendaño. FdV

“A mí siempre me gustó ser madre; es una realización muy importante porque cada hijo te aporta muchas cosas y tú le aportas a ellos”, expresa Carmen Avendaño, pionera en la lucha contra el narcotráfico y rostro de la Asociación Érguete. “Yo soy la mayor de diez hermanos y mi madre estaba saturada con tantos hijos... Así que me tocó ayudar y siempre me correspondió ser la madre de la familia. Todavía hoy mis hermanos me consultan cosas”, cuenta Avendaño. Ella y su marido tuvieron cinco: Alberto Cajiao Avendaño, Jaime, Jorge, Abel (fallecido recientemente) y Rubén. “La verdad es que soy muy familiar y siempre me gustaron las familias numerosas”, expresa Avendaño, que asegura que siempre ha sido una persona muy decidida y desde muy pronto empezó a luchar por causas relacionadas con la justicia social, por los derechos de las personas. Indica que esta lucha siempre la ha motivado.

Después, con el problema de la droga, llegaría toda la lucha en Érguete, sin cesar. “Dos de nuestros hijos tuvieron este problema. Y esto nos enseñó mucho a todos. De esta situación aprendimos todos. Que no eran delincuentes, que eran enfermos.Nos enseñó a estar todos como una piña y cuando alguno de ellos recibía tratamiento actuábamos todos unidos para que no recayeran. Pues eso, conseguimos funcionar como una piña. Aún con estas situaciones duras te encuentras con el apoyo del entorno y eso también fue muy bueno”, describe Carmen.

Su hijo Rubén, el menor, trasladó a Faro unas palabras sobre su madre para un día como hoy. “Creo que es especial, claro, por toda su trayectoria de trabajo y lucha. ¿Qué destacaría de ella? Sobre todo su temperamento, el saber estar... cómo llega a las personas, su poder de comunicación. Tiene un poder de comunicación y de diálogo, de convencer a la gente, muy importante. Y eso es innato en ella”, expresa Rubén. Él también se considera una persona empática (cuando le preguntas si ha herededado ciertas virtudes de su madre). “Me gusta comunicarme con la gente, me siento cómodo e intento escuchar y comprender distintas situaciones”, añade Rubén.

“Mi madre era fuerte pero después de lo que le pasó lo es mucho más”

Alba Rial y Mónica Mera - Hija y madre. La vida de Mónica cambió tras un accidente laboral

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Mónica Mera con sus hijos: Alba y Fran.

Mónica Mera con sus hijos: Alba y Fran. FdV

La vida de Mónica Mera, una joven de Ponteareas que trabajaba en una fábrica de cubitos de hielo, dio un giro de 180 grados cuando tenía 35 años. Hace una década. Le cayeron encima mil kilos de hielo. Tras ocho meses en el hospital volvió a vivir pero de una forma diferente, en silla de ruedas, con diversidad funcional. Y tuvo que reaprender todo, con una movilidad distinta a la que estaba acostumbrada en su vida anterior. En aquel momento su hija, Alba Rial Mera, tenía casi diez años y su hijo, Fran, seis. Y a ellos también les cambió la vida a raíz del accidente de su madre. “Hubo que cambiar muchas cosas. Mi madre y mi hermana me ayudaron con los niños. Todos tuvimos que reubicarnos y reeducarnos. Fue como volver a empezar. Un tiempo después de esto me separé de mi marido, así que también tuve que aprender a ser madre sola”, expresa Mera, que quiere “sensibilizar y normalizar”: ella puede hacer de todo. Y_así lo hace en su papel personal y maternal. “Para algunas cosas necesito ayuda pero cuento con los niños, que se adaptaron muy bien a esta situación. Es más, yo nunca quise que ellos se sintieran diferentes por mi situación. Cuando había una excursión o un viaje o lo que fuera, y no sabían si ir, siempre quise que fueran. Yo ya me las arreglo”, indica Mera.

“Claro que mi madre es una madre coraje. Es muy especial. Ella afronta las cosas de manera distinta y a pesar de las adversidades. Es muy fuerte. Ya lo era antes. Pero después del accidente lo es más. Afrontó muy bien lo que había pasado. Es un ejemplo a seguir. Yo me considero una persona fuerte, pero ella es superior. Ella es algo increíble”, expresa Alba Rial, la hija de Mónica, que en la actualidad tiene 19 años.

“Siempre que llega cada año el día del accidente yo siempre le digo: ¡Felicidades mamá, porque volviste a nacer! Es una persona muy positiva. Nosotros le ayudamos y todo eso... Tanto mi hermano como yo maduramos mucho. Lo que pasó nos hizo crecer como personas. Nos cambió la forma de ver a la gente.Nos animó a ver y vivir la vida de otra manera.Yo tenía unos diez años y recuerdo que pensaba como si tuviera 15”, expresa Rial.

Mónica Mera tiene ahora 45 años y se siente fenomenal. “Mentalmente soy fuerte y soy feliz. Tengo paz interior y tranquilidad y con eso me llega. Es suficiente”, concluye Mera.

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