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Una etiqueta que todavía pesa demasiado

Pacientes y médicos insisten en la importancia de visibilizar la salud mental para eliminar el estigma social que lleva asociado

Una etiqueta que todavía pesa demasiado

Una etiqueta que todavía pesa demasiado

“Un día mi hijo pequeño me preguntó por qué siempre estaba triste, por qué ya no era feliz, como antes”, recuerda Carmen (nombre ficticio). “Se me partió el corazón en mil pedazos, pero también me hizo recapacitar y aceptar que necesitaba ayuda”, indica. “El día a día era una pesadilla. Sentía angustia, ansiedad, tenía insomnio... Todo, hasta lo más simple, se me hacía una montaña”, rememora.

El suyo es uno de los cuadros cada vez más comunes que proliferan, sobre todo, a consecuencia de la pandemia, pero todavía hoy en día hay un estigma que cargan los pacientes de la salud mental.

Durante una sesión de control al Gobierno, en marzo, se produjo un lamentable episodio cuando el diputado de Más País en el Congreso Íñigo Errejón reclamaba al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la actualización de la estrategia nacional en relación a la salud mental. En su alegato arrojaba datos significativos, en los que detallaba que, según el CIS, seis de cada diez españoles ya tienen síntomas de ansiedad o depresión y siete de cada diez jóvenes se muestran absolutamente desesperanzados.

Cuando finalizó su intervención, desde los escaños, el diputado del PP por Huelva Carlos Romero (quien posteriormente se disculpó por su actuación) le espetó un “¡Vete al médico!” que provocó en las redes sociales una marea de comentarios de gente, incluso de rostros conocidos, que “confesaba” que, en el momento actual, o en algún instante de su vida, necesitaba, o necesitó, ayuda.

Con el hastag #YoTambiénVoyAlMédico, fueron muchos los que contaron su experiencia tras el discurso de Errejón sobre salud mental. Un gan paso, y tan necesario, a la hora de visibilizar una enfermedad que ya se teme que pueda desencadenar la próxima pandemia mundial.

Antonio Muíños padece esquizofrenia paranoide y desde hace 25 años acude al Centro de Rehabilitación Psicosocial en Vigo de DOA Saúde Mental. “Nosotros no somos peligrosos, como piensa la gente. Somos personas normales, pero enfermas, pero hay mucha desinformación al respecto y te ponen el apodo de loco”, se lamenta.

“Tenemos una etiqueta con la que hay que cargar, pero no somos bichos raros”, insiste. “Es un problema de mentalización, pero va muy despacio la cosa, la gente sigue sin conocer bien esta problemática”, añade.

“Es importante aprender a conocer bien tus emociones, a manejarlas, pero es algo de lo que no se habla”, dice Estrela Gómez, psicóloga sanitaria y coordinadora del Centro de Rehabilitación Psicosocial de DOA en Cangas. “Sentirte apoyado por quienes te rodean tiene un peso muy elevado en la recuperación”, asegura. “La visibilización ayuda un montón” y normalizar este tipo de enfermedades puede, incluso, animar a la gente a pedir ayuda a tiempo”, añade. “Igual estás en un momento estresante, por motivos laborales o por otras cuestiones, y ves que esa situación te está superando y es importante pedir ayuda, antes de llegar a un problema diagnosticable. A veces es una situación vital que se nos complica y por qué no llevarla mejor”. Para la psicóloga, “asumir que no siempre se está feliz también libera mucho”.

De todos modos, también constata que “ahora mismo hay una demanda bestial y eso demuestra que cada vez hay más gente que pide ayuda”. Pese a todo, dice que “se sigue tapando un poco esta realidad; sólo hay que ver el índice de suicidios. Es la causa no accidental de muerte número uno y sigue siendo totalmente tabú”, añade.

Marga (también nombre ficticio) retomó su terapia en enero, al verse su cuadro agravado por el confinamiento. “Ya había ido hace años, pero a raíz de la pandemia me empezó a costar más llevar el día a día”, dice la joven, de 19 años.

“La primera vez que fui, con 12 o 13 años, me llevaron mis padres; esta vez me costó un poco más. Me lo pensé dos o tres meses hasta que me di cuenta de que era hora pedir ayuda”, reconoce. “Creo que es necesario que se visibilice cada vez más, porque hay mucha gente a la que le da vergüenza comentarlo y por eso es necesario normalizarlo. Ir al psicólogo debería ser como ir al médico de cabecera”, afirma: “Cada vez la gente lo necesita más y se hablará más del tema. Cuanto antes te des cuenta de que tienes un problema mejor, antes lo solucionas y puedes evitar que sea algo más grave”.

Aunque no necesita medicación y está mejor, hubo etapas en las que le costaba “ser constante con las cosas”. “Empezaba a hacer algo y me costaba terminar muchas veces. Ahora estoy estudiando y, por suerte, puedo llevar una vida normal”, festeja.

Aunque inició su tratamiento en la sanidad pública, la periodicidad de sus consultas eran de “una al mes”. Así que recurrió a la vía privada: “Iba una vez a la semana, a veces incluso dos”. Y pese a no sentir nunca rechazo por su situación, “tampoco lo comentaba mucho, al principio lo tenía bastante calladito”.

La pandemia agravó también la situación de Patricia (tampoco es su nombre real). “Fue todo a peor”, dice. Tras la reacción masiva de la gente a causa de la intervención de Errejón, la joven asegura que “me gusta que cada vez se normalice más, que ya no digas que vas al psicólogo y te vean como a una loca. Antes con 12 o 13 años, cuando empecé, me costaba decir que iba, porque necesitaba hablar, atención, ayuda, pero me daba miedo decirlo; ahora puedo hacerlo abiertamente y me da igual y me gustaría que fuera algo normalizado, que una enfermedad mental se considere igual que una física y que se pueda hablar de ello abiertamente”, anhela.

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