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El futuro del coronavirus tras la inmunidad de grupo: ¿erradicación o convivencia?

El futuro del coronavirus tras la inmunidad de grupo ¿erradicación o convivencia?

Los científicos coinciden en que será muy difícil suprimir este virus | La buena noticia es que podría ser estacional y causar síntomas banales

Durante esta pandemia se ha repetido hasta la saciedad la expresión “ha llegado para quedarse”. El teletrabajo, las mascarillas, la preocupación por la calidad del aire... Todo esto, se supone, perdurará después de que alcancemos la inmunidad de grupo gracias a las vacunas. Pero, ¿y el propio coronavirus? ¿Qué tipo de amenaza supondrá el SARS-CoV-2 en la “nueva normalidad”? ¿Podrá ser erradicado o deberemos convivir con él indefinidamente? ¿Será el COVID-19 una enfermedad como la gripe o producirá cuadros aún más banales, como los resfriados que causan los otros cuatro coronavirus humanos más conocidos?

Los científicos coinciden en que será muy difícil erradicar este coronavirus. En la historia de la humanidad solo se ha conseguido borrar de la faz de la Tierra un solo virus, el de la viruela. Gracias a las vacunas se está cerca de erradicar el de la polio, pero persisten brotes de sarampión en países en vías de desarrollo y también en los más desarrollados por culpa de los antivacunas. Pero, al menos por ahora, las vacunas contra el COVID-19 no son totalmente esterilizantes, no evitan del todo los contagios.

¿Por qué unos virus son más fáciles de erradicar que otros?

La respuesta la proporcionó Frank Fenner (1914-2010), médico australiano que supervisó la campaña para la erradicación de la viruela, un hito conseguido en 1980. Este virólogo enunció en 1986 los requisitos necesarios para erradicar un virus. Y hay varios que no cumple el SARS-CoV-2. Entre ellos, que no haya transmisión antes de los síntomas, que la enfermedad sea grave en la mayoría de los casos, que no exista ningún caso de reinfección y que no haya un reservorio animal que pueda reactivar los contagios cuando el virus sea erradicado entre los humanos.

Esta última condición ofrece algunas dudas, pero, al contrario que el virus de la viruela, que infecta exclusivamente al ser humano, sabemos de casos de transmisión de este coronavirus a felinos, perros, visones y otros animales, además de los murciélagos, que se consideran el hospedador original. En los últimos meses se han producido hallazgos inquietantes en este sentido. Hace ahora un mes se halló el coronavirus en dos visones silvestres –no procedentes de granjas– muertos entre Castellón y Teruel. Y lo que es más preocupante aún, un estudio científico en preimpresión aseguraba recientemente que las variantes B1.351 (sudafricana) y P.1 (brasileña de Manaos) podían transmitirse a ratones de laboratorio comunes, no modificados. Para experimentar con el SARS-CoV-2, los ratones se “humanizan” genéticamente para que puedan expresar los receptores ACE2, en los que se “engancha” el coronavirus. Sin embargo, parece que algunas variantes, al contrario que el coronavirus inicial, pueden infectar a cualquier ratón. Y es bien conocido que las poblaciones de estos roedores son muy difíciles de controlar.

El pasado 16 de febrero, “Nature” publicaba un reportaje titulado precisamente “El coronavirus está aquí para quedarse”. Casi el 90% de los científicos sondeados por la prestigiosa revista descartaron la erradicación, al menos a corto y medio pazo. “Erradicar este virus del mundo ahora mismo se parece mucho a tratar de planificar la construcción de un sendero de piedras hacia la Luna. Es poco realista”, opinaba Michael Osterholm, epidemiólogo de la Universidad de Mineápolis (EE UU) y exasesor de la Casa Blanca.

¿Será un virus endémico?

Así lo consideró el director del Grupo de Estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), David Heymann. En diciembre habló de la “endemicidad” del COVID-19 y la comparó con la del sarampión, que provoca brotes controlables en poblaciones bien vacunadas, así como crisis graves en las sociedades que carecen de un acceso suficiente a la vacunación.

El virólogo uruguayo Gonzalo Moratorio, una de las 10 personalidades científicas destacadas de 2010 para “Nature”, opina que “es un virus que podremos controlar, aunque quizá deberemos aceptar que llegó para quedarse”. El responsable del Laboratorio de Evolución Experimental de Virus del Instituto Pasteur de Montevideo considera “como hipótesis más posible” que este virus no sea erradicado, sino que tengamos que “lidiar con él, pero de una manera parecida a la que lidiamos con otros virus respiratorios” .

También cree que pasará a ser endémico el microbiólogo y biotecnólogo gallego de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) César de la Fuente: “La predicción es que se va a quedar de manera endémica muchos años. A lo largo del tiempo se hace menos virulento”.

¿Será como los coronavirus de los resfriados?

La revista “Science” publicó en enero un estudio que pronosticaba que una vez que desarrollemos inmunidad al SARS-CoV-2, por la infección o por las vacunas, el COVID-19 no significará una amenaza mayor que el resfriado común. Con el tiempo, el virus solo supondrá una preocupación para los niños menores de 5 años, que aun así padecerán síntomas banales. Según Jennie Lavine, de la Universidad Emory de Atlanta (Estados Unidos), este virus se parece a los otros coronavirus que provocan resfriados comunes, llamados OC43, 229E, NL63 y HKU1. Y auguró que, salvo que la vacunación se realice de manera rápida en todo el mundo –algo que desgraciadamente no está sucediendo– pasarán años o décadas antes de que el SARS-CoV-2 pase a ser endémico.

A esta hipótesis se abona la catedrática de Inmunología de la Universidad de Vigo, África González, quien considera que “es posible que este virus quede en el futuro como otros coronavirus que infectan sobre todo a niños por debajo de 5 años, y que producen problemas cada 2-4 años en adultos, pero de forma leve, conforme vayamos adquiriendo memoria inmunitaria frente a él con las vacunas”.

¿Será estacional?

Algunos científicos creen que este coronavirus es estacional, pero que la intensidad de la pandemia no nos ha dejado percibir bien esa condición. “Los picos de los coronavirus son estacionales, igual que la gripe, de octubre a diciembre”, destaca César de la Fuente. Por ello, para este investigador gallego, creador de un test rápido y barato de COVID-19, “es fundamental implementar estas medidas preventivas: mascarillas, distancia social, no beber del mismo vaso, lavarnos las manos más a menudo... Convertirlas en un hábito”.

¿Tendremos que vacunarnos cada año?

Esto es lo que sugieren no pocos científicos y algunos responsables de las grandes farmacéuticas, aunque todo dependerá de la duración de la inmunidad inducida por las vacunas. El director ejecutivo de Johnson & Johnson, Alex Gorsky, afirmó ya en febrero que es posible que la gente tenga que vacunarse anualmente contra la COVID-19 durante los próximos años, debido a las mutaciones. Más revuelo han causado esta semana las declaraciones del consejero delegado de Pfizer, Albert Bourla, quien ha asegurado que “probablemente” sea necesaria una tercera dosis de la vacuna contra la COVID-19, en el año siguiente a recibir la segunda, para que la inmunización sea completa.

En torno a esta posibilidad, la inmunóloga África González recuerda que “no sabemos si será necesario vacunar cada año –como para la gripe– para estas nuevas variantes, y si se hará para personal vulnerable (mayor, enfermos crónicos, etc). Son incógnitas que habrá que ir desvelando con el tiempo. Para ello, considero que debe estudiarse la memoria inmunitaria tanto [por células] T como B en las personas vacunadas”, añade.

Gonzalo Moratorio cree posible que para el COVID-19, al igual que para otras enfermedades víricas respiratorias, habrá “formulaciones de vacunas año a año o cada tanto tiempo para poder enfrentar la diversidad que el virus genera y la posibilidad de escape a nuestro sistema inmunológico o defensa generada con vacunas previas”.

¿Se convertirá en una “gripecilla”?

El pediatra y especialista en vacunas Roi Piñeiro recuerda que ninguna de las variantes ha escapado claramente a la vacuna. “De momento no ha habido mutaciones tan relevantes como las que puede generar el virus de la gripe”, destaca. Sin embargo, considera probable que, en un futuro cercano, el impacto del SARS-CoV- 2 sobre la salud de la población no será mayor que el de la gripe. “Los médicos seguimos teniendo un enorme respeto a la gripe, el mismo virus al que parte de la población se refiere como una gripecilla”, subraya. “Seguramente tampoco le perdamos nunca el respeto al SARS-CoV-2, aunque parte de la población lo termine banalizando a ‘he pillado un pequeño COVID’. No es una burla, ni mucho menos. Cuando lleguemos a esta situación podremos decir que hemos dejado atrás la pandemia”, sentencia.

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