Un estudio realizado en la Universidad Estatal de Washington sugiere que la habilidad para controlar el comportamiento de los niños no se encuentra ligada solamente al desarrollo cerebral. Las influencias ambientales y externas juegan también un rol preponderante, a la par de los aspectos individuales. El nuevo enfoque determina que el comportamiento de los menores se encuentra fuertemente marcado por las influencias del entorno. El trabajo ha sido publicado recientemente en la revista ‘Perspectives on Psychological Science’.

Este cúmulo de factores ambientales y sociales marcaría el desarrollo de la función ejecutiva, que desempeña un papel crucial desde la preparación de los niños para la escuela hasta sus relaciones sociales y está vinculada a resultados a largo plazo que impactan en la vida adulta, indica la investigación.