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Las cifras de la Ley de eutanasia en Galicia

Un médico asiste a un paciente terminal

Unas 13 personas al mes solicitarán ayuda para morir en Galicia después de la entrada en vigor de la Ley de eutanasia, según un cálculo basado en los estudios de los que actualmente disponen en la asociación Derecho a morir dignamente (DMD), elaborados en base a la experiencia dada en los países europeos que ya lo han regulado. Es decir, unas 156 personas al año.

La medida, ratificada por el Congreso, entrará en vigor el 25 de junio | El Sergas ya anunció que incluirá el derecho a la eutanasia en el proceso de instrucciones previas

"La previsión que tenemos es que, una vez que entre en vigor la ley, el porcentaje de personas que podrían solicitar acogerse el primer año sería bajo; del 0,5% con respecto al número de personas que fallecen al año”

Ascensión Cambrón, aclara - La presidenta del colectivo DMD en Galicia y catedrática de Filosofía

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Ascensión Cambrón, aclara - La presidenta del colectivo DMD en Galicia y catedrática de Filosofía

Tomando como referencia un año prepandemia, como 2019, en el que las muertes anuales por causas naturales en Galicia ascendieron a 31.268, el 0,5% serían 156. “No podemos hacer una previsión con mayor exactitud”, reconoce la experta.

El Congreso aprueba la ley de la eutanasia Agencia ATLAS

Sin embargo, considera “importantes” otros ‘flecos’ previos a la entrada en vigor de la Ley, que tendrán que resolver las comunidades autónomas y que tienen que ver con la constitución de la Comisión de Garantías (¿por qué tipo de profesionales va a estar integrada?) y con la objeción de conciencia.

La ley, que pasó su trámite final por el Congreso de los Diputados hace diez días, entrará en vigor el 25 de junio, a los tres meses de su publicación en el BOE. España se une así a Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Canadá como uno de los primeros países del mundo que regulan este derecho.

¿Turismo eutanásico?

La ley aprobada solo dice que, de los siete integrantes de la Comisión, uno tendrá que ser jurista y el otro, sanitario. “Si la ley asigna a las comunidades que elijan a los otros cinco integrantes, en comunidades autonómicas de formaciones políticas que se han manifestado en contra de la ley, podría ocurrir que por la vía de los hechos pondrán todas las dificultades y objeciones para que se pueda aplicar; lo cual es una vía torticera”, reflexiona Ascensión Cambrón, que ilustra con el precedente de lo sucedido con la Ley del Aborto. “habrá comunidades que tengamos que ir a otras autonomías para ejercer ese derecho”, lamenta en relación al posible ‘turismo sanitario’ de la eutanasia. “No podemos tolerar esto”, zanja. De hecho, Cambrón precisa que ya hay autonomías que han desarrollado con mayor agilidad un germen de los que será esa Comisión de Garantías. Por ello, pedirán una reunión con la Consellería de Sanidade en la que abordar este asunto.

En ese sentido, esta misma semana el director xeral de Asistencia Sanitaria, Jorge Aboal, aseguró que el Servizo Galego de Saúde (Sergas) trabaja “en los procesos pertinentes” para “llevar a cabo” el derecho a la eutanasia e incluirlo en “procesos de instrucciones previas”.

El quid de la cuestión está, precisamente, en la gran responsabilidad que tendrá esa comisión en la toma de decisiones: “Solo con la resolución positiva de la Comisión de Garantía se podrá eutanasiar al paciente con el máximo cuidado y profesionalidad”, cita textualmente el texto legislativo.

Puntos críticos

¿Se podrá negar un médico a hacerla?

Se reconoce el derecho a la objeción de conciencia, comunicándolo por anticipado. Habrá registro de sanitarios objetores.

 ¿Y las personas incapacitadas?

La norma prevé para ellas que la solicitud sea presentada por otra persona mayor de edad si carecen del entendimiento o capacidad.

¿Cómo se aplicará la eutanasia?

Solo con la resolución positiva de la Comisión de Garantía. Si el paciente se encuentra consciente, podrá eligir la modalidad que quiere recibir.

Y también apunta a lo que ocurrirá con la objeción de conciencia, que estipula la ley. “Una objeción de conciencia aumenta la consistencia del sistema democrático, pero debe ser un derecho de excepción; no podrían acogerse colectivos o instituciones. ¿Un centro sanitario privado religioso podrá oponerse a aplicar la Ley? ¿Y un equipo sanitario?”, se pregunta la experta, para quien ese supuesto sería “un abuso”. Para ella, la solución es clara: “La comisión interterritorial debería marcar claramente esos puntos”.

“Tenemos mucho interés en que estas cuestiones se precisen con rigor y sentido democrático”

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Cambrón lamenta la confusión sobre algunos de los aspectos de la ley, en cuestiones tan básicas como a qué personas va dirigidas: “Los menores maduros (que podrían tener 16 o 17 años) y los enfermos psíquicos no están incluidos en los beneficiarios potenciales de esta Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE). Tampoco es correcto, aclara Cambrón, que cualquier enfermo grave podría solicitar acogerse a la eutanasia. La ley que se ha aprobado estipula que “podrán recibir la ayuda a morir quienes tengan nacionalidad española, mayoría de edad y ‘sean capaces y conscientes’ cuando formulen la solicitud. Asimismo, deberán sufrir una ‘enfermedad grave e incurable’, que el texto define como la que origina sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable y con un pronóstico de vida limitado”. Y también se reconocerá a pacientes con un “padecimiento grave, crónico o imposibilitante”, entendiendo por ello “limitaciones que inciden directamente sobre la autonomía física y actividades de la vida diaria”, que no permiten a la persona valerse por sí misma y afectan a su “capacidad de expresión y relación” y que llevan asociado “un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable para quien lo padece”.

La persona que desee que le ayuden a morir deberá presentar dos peticiones por escrito, separadas por 15 días. Una vez el “médico responsable” reciba la primera solicitud, en un plazo máximo de dos días naturales, realizará con el solicitante “un proceso deliberativo sobre su diagnóstico, posibilidades terapéuticas y resultados esperables, así como sobre los posibles cuidados paliativos”, información que también se facilitará por escrito, en un plazo máximo de cinco días naturales. En el caso de que el paciente se encuentre consciente, este podrá comunicar al personal sanitario la modalidad en la que quiere recibir la eutanasia. Después, el médico responsable deberá acompañar a la persona hasta el momento de su muerte, si se realiza en un centro sanitario, y manteniendo la “debida tarea de observación y apoyo” hasta su fallecimiento si se realiza en el domicilio.

“Incluiré en mi testamento vital que quiero aplicar la Ley de Eutanasia”

Xesús Vázquez - Enfermo de ELA

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Xesús Vázquez - Enfermo de ELA FdV

“Apuraré el trámite con la trabajadora social del hospital”

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“Solicitaré, en el momento del transcurso de la enfermedad estimado, la aplicación de la Ley de Eutanasia”. El graduado social gallego Xesús Vázquez, que sufre ELA desde hace tres años (el macabro ‘cumpleaños’ del diagnóstico se cumplirá en agosto) tiene claro que apurará los trámites con la trabajadora social del hospital –solo está pendiente de cita– para incluir en su testamento vital que solicita ayuda para morir. Vázquez ha hecho campaña, incluso con un vídeo grabado por su hija, por la aprobación de la Ley de Eutanasia, que entrará en vigor a finales de junio. Y, por lo tanto, cree que tiene el ‘deber’ moral de estar entre los primeros que lo registra. Entre sus quejas a esta ley, recién aprobada y que considera “muy garantista”, está el hecho de tener que solicitar en dos ocasiones la ayuda a morir y hasta cuatro entrevistas.

Xesús habla perfectamente. Razona con lucidez y está cerca, arropado, por las suyas y la Asociación Agaela. Tiene mujer e hijas. También, una casa dotada de grúas que ayudan a la movilidad de un cuerpo que –se queja Xesús– se vuelve cada día un poquito más torpe. Quizás se atisbe una chispa de humor en ese comentario. No está tetrapléjico (es imposible no pensar un segundo en Ramón Sampedro), pero su dolencia es irreversible. Como un libro de final abierto, pero al revés. La única modificación que cabe es alterar algo de la trama. El fin es conocido de antemano, tras el diagnóstico nefasto.

“No hay duda de que hay vida antes de la muerte”

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“No existe la enfermedad, sino los enfermos”, ilustra en relación a la afectación desigual de la esclerosis en cada cuerpo. Lo que tiene claro es que, de seguir así, su mente seguiría funcionando a pesar del grado de avance de la enfermedad degenerativa. “Tengo dolor sentimental porque el cuerpo me va fallando un poco, pero el dedo aún me funciona bastante bien parar manejar un mando, el móvil...”, se alegra. Xesús tiene claro a sus 56 años que algún día la enfermedad podría afectarle a los músculos de la deglución o impedirle coger aire. Llegado ese punto, tiene claro lo que haría: la eutanasia es su plan B.

“El desarrollo de la ley será en las comunidades autónomas y el Sergas ya ha anunciado que se incluirá en el documento de instrucciones previas, por lo que habrá que estar atento. Además, hay que estar pendientes de quienes integran la Comisión de Garantías”, coincide con DMD. Aficionado a la filosofía, Xesús Vázquez enuncia una de sus citas célebres: “No hay duda de que hay vida antes de la muerte”. Lucharemos lo que podamos mientras estemos aquí.

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