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La pandemia golpea (otra vez) a la generación Y

La pandemia golpea (otra vez) a la generación Y

La pandemia golpea (otra vez) a la generación Y

Óscar lleva luchando diez años, tres licenciaturas y cinco idiomas después, para tener un sueldo fijo. Es un millennial, que pertenece a lo que se conoce hoy como ‘generación Y’. Y las cosas no les están siendo fáciles a los nacidos a principios de los 90. Tanto es así que, tras el señalamiento público de un colectivo (los jóvenes) por incumplir las restricciones del COVID, el presidente del Gobierno acaba de reconocer en plena comparecencia en el Congreso esta semana, que ellos han sido golpeados, no una, sino ya dos veces, por los ganchos de la crisis. No es que no quieran es que no pueden. La piedra del Sísifo del siglo XXI.

“He vuelto a estudiar, porque los trabajos que he tenido eran bastante malos y no me permitían vivir una vida autónoma. No es que los jóvenes seamos ‘cabezas locas’, es que no encontramos trabajos dignos, con horarios y valorados. Estamos bastante tirados, sin un empleo fijo y encadenando contratos precarios. La pandemia acentuó todo: los de mi generación fuimos los primeros en irnos a la calle y con un paro ‘de mierda’ ¿Qué haces? ¿Vuelves a casa de tus padres con 30 años?”, explica entre clase y clase del primer curso de un ciclo Sergio, nacido en 1992.

Su caso representa a muchos de los jóvenes de toda una generación que nació cuando en España florecía la “Expo” de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero su destino les reservaba varios baches en momentos vitales decisivos. Según los últimos informes de Asempleo, uno de cada tres jóvenes españoles que desean trabajar no lo logra y la tasa de paro se sitúa en el 33% en ese colectivo. El concepto ‘nini’ les insulta. No es que sea ofensivo, es que simplifica la realidad a una caricatura. Pero ahí siguen, tercas, las estadísticas: el 12,8% de los jóvenes españoles de menos de 25 años son ‘ninis’.

La crisis de 2008 truncó sus expectativas laborales y el COVID trastoca ahora su proyecto de vida: los nacidos a principios de los 90 no levantan cabeza

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se refirió en el Parlamento esta semana –sin citarla–, a la generación Y, que se encontró con una crisis económica cuando solo eran adolescentes y que ahora afronta más dificultades para acceder a una vivienda, emanciparse o formar una familia. “Solo conocen la supervivencia en una crisis continua”. A ellos agradeció su comportamiento durante la pandemia, enturbiado por excepciones notorias. “No podemos dibujar un futuro de progreso, sobre el sacrificio de nuestras generaciones más jóvenes”.

“He logrado mi primer contrato indefinido pero aún no puedo pagarme el seguro del coche; mi madre me ayuda”

Noa Lozano - Comercial y adm. en empresa ingeniería

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Noa nació en 1990, estudió Traducción e Interpretación pero nunca trabajó en el sector.

Es el caso de Noa Lozano (Ourense, 1991), graduada en Traducción e Interpretación de 29 años que vive en Vigo y acaba de firmar su primer contrato indefinido. Aún así, le es imposible asumir el coste íntegro de la vida en la ciudad. “Tuve que currar sin contrato, luego bajo mucha presión en un callcenter, también unos meses en un centro comercial, luego a través de una ETT, hasta que por fin ha logrado empleo como comercial y administrativa en una empresa de Ingenería y, aunque mi trabajo se redujo a cuatro horas con la pandemia, ¡me han hecho indefinida y subido las horas!”, celebra. Y es que para esta joven que se emancipó con 22 años, la inestabilidad laboral era un lastre bien conocido.

“Un alquiler individual es algo inviable para mí"

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“Un alquiler individual es algo inviable para mí. Siempre ha compartido piso porque están carísimos. Pago 550 euros al mes en una vivienda compartida, porque necesito una que tenga garaje y hay recibos como el seguro del coche (de segunda mano) que no puedo permitirme”, explica.

“Me lo paga mi madre, que aún tiene que ayudarme porque mi situación es mala... aunque no tanto”, expresa gráficamente. Algunos de sus conocidos –de su misma edad– han acabado en paro o envueltos en ERTE desde que el COVID llegó a nuestras vidas. ¿Por qué ha empeorado la situación con la pandemia? En su caso, por ejemplo, porque daba unas clases particulares con las que se llevaba un sobresueldo, que ahora imposibilitan las restricciones y el cumplimiento de las distancias. Tener una familia es algo que, al menos ahora, ve inasumible. “Si madre tiene que ayudarme con los gastos, ¿cómo voy a mantenerlo si casi no consigo matenerme a mí?”, reflexiona.

“Ya han prescindido de muchos y sé que, cuando vuelva, me va a costar mantener mi empleo”

Noelia Prieto Díaz - Telemarketing

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La joven “Noe” con su bebé Marco, que ha nacido hace solo dos meses en Vigo

Entre las que sí se han aventurado recientemente en el terreno de la maternidad –y en plena pandemia– está Noelia Prieto Díaz, de 33 años, que tuvo con su pareja, Gael, al pequeño Marco hace solo dos meses. “ Yo creo que a mi generación, le golpeó más la crisis económica: la del 2008 me pilló haciendo Enfemería y, mientras antes el 85% de alumnos salían con trabajo, ese año fueron minoría”, relata. “Luego, me costó mucho encontrar un trabajo estable. Daba igual lo que te pagasen, lo aceptabas porque lo que querías era trabajar... y, ahora, que por fin nos reponíamos, nos golpea la pademia”,relata. Tras un embarazo de baja por el riesgo de COVID, reconoce que el trabajo ha mermado en la empresa de telemarketing en la que trabajaba de forma presencial desde hace 7 años: “Han prescindido de mucha gente y sé que me va a resultar muy difícil mantenerlo”.

“Con el negocio recién abierto y cuando al fin conseguí cubrir gastos como autónoma... ¡nos confinan! Así que me tocó pedir un ICO”

Belén Rodríguez - Fotografía de estudio

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La fotógrafa Belén, con su pareja Borja y su hijo, Lucas, en el aniversario de apertura del estudio. M.C

El caso de Belén Rodríguez Bastón, nacida en Pontevedra en 1992 es –precisamente– el de una luchadora que reconoce que “siempre” ha vivido en crisis. “Después de acabar Bachiller tenía que decidir qué hacer con mi vida. A mí me gustaba mucho la fotografía y soy muy cabezota...”, reconoce. .Así que logró plaza en un centro privado en Vigo. “Como mi madre siempre me ha apoyado en mis decisiones, ahí fuimos apretando bien el cinturón”, relata. Al acabar, su destino laboral pasó por dar cursos de fotografía, trabajar en una tienda de fotos en Pontevedra durante dos años. y hasta cuatro años de comercial y personal de atención en una oficina de Gas Natural. Aquel fue uno de los momentos de mayor estabilidad económica, reconoce.

Pero cuando se quedó embarazada de Lucas, todo cambiaría: “Decidí dejar el trabajo y aventurarme a la vida del emprendimiento”. Así, abrió su propio estudio de fotografía, tratando de conciliar con la crianza con apego de su hijo. “Cuando al fin consigo una estabilidad en mi proyecto como autónoma, que simplemente era cubrir gastos... ¡nos confinan y la cosa se alarga!”, relata. Por eso, Belén Rodríguez con el negocio recién arrancado tuvo que echar mano de las ayudas: “Me tocó pedir un ICO”. “Ahora la cosa ya se estabilizó y puedo decir que tengo más trabajo que antes que la pandemia, pero sigue siendo muy difícil”, resume. Nada nuevo, sin embargo, para esta perseverante millennial.

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