Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

LUIS LANDERO | Escritor. Publica “El huerto de Emerson” (Tusquets)

“El asombro y la lentitud son la madre del conocimiento”

El escritor Luis Landero. / Iván González

Ha vuelto la escritura maestra. Era comprometido tras “Lluvia fina”, “La vida negociable” y “El balcón en invierno”, por citar solo tres de sus últimas grandes obras, pero Luis Landero se ha vaciado en “El huerto de Emerson”. “Es un libro profundamente sincero, donde me he movido con mucha libertad”, reconoce en su céntrica casa madrileña en una conversación presencial con mascarilla y la distancia reglamentaria. Está satisfecho, no lo oculta, y no es vanidad, porque uno de los mejores escritores no la necesita, y menos ahora que “te vas haciendo más escéptico y más atrevido”.

“Estoy contento con la novela o como se llame”. Porque “El huerto de Emerson” es “ensayo, narración, poesía, diarios y memorias, una mezcla de todo”. “He pasado a limpio lo que he tenido siempre en mis cuadernos”. El libro desprende esa pasión anárquica por escribir que ejerce Landero desde hace años. “Para entender el mundo tengo que escribir, concentrarme y estar solo al calor de las palabras”.

Conocimiento y palabra

El conocimiento va unido a la palabra, subraya. De ahí nace “El huerto de Emerson”, “como si hubiera salido a pasear al azar hasta que me di cuenta que tenía un rumbo, que estaba cohesionado en la sinceridad y libertad”.

“Personalmente, a veces pienso que no he superado el drama de dejar de ser niño, y que todo lo que hago lleva la marca de una infancia prolongada en secreto. Lo demás, la literatura, la guitarra, la enseñanza, el obligado amor son cosas que he ido encontrando en el camino, tributos y servidumbres impuestos por la madurez”, declara a mitad del libro.

Pregunto si la memoria de la infancia es la mejor. “Es la más fuerte, la más poética, la más llena de significación estética y sentimental”, responde. Mantiene que la infancia es para siempre porque “todo se conoce de primera mano, por primera vez, y eso se graba muy fuerte en la memoria”.

“Ensayos escogidos”

El título de libro se inspira en aquel libro de Ralph Waldo Emerson, “Ensayos escogidos”, de la mítica colección Austral. Es su libro más subjetivo, más impresionista y “más personal, porque aparecen mis cuatro yoes, lector, escritor, profesor y el vital”.

La obra es un manifiesto a favor de la personalidad y contra la rutina. “Vivimos de segunda mano porque es más cómodo, y pensar por cuenta propia es bastante más pesado”, de ahí que “lo importante es el huerto que cultivamos, aquello que es realmente nuestro”.

Tras la defensa de vivir de primera mano, pensar más y producir opiniones propias, viene el alegato contra la rutina ese “enemigo del conocimiento”. Ese entrenamiento de la imaginación, como decía Buñuel, va unido a la reivindicación de la niñez. “La intensidad que tiene el niño es la del poeta, el científico y el filósofo. Ese dejarse asombrar”. Por eso hay que prolongar la niñez, porque “el asombro es la madre del conocimiento”.

“La originalidad es la semilla que debemos cultivar para descubrir una perspectiva única del mundo», palabra del autor de “El huerto de Emerson”. Un libro que empezó en la primavera de 2017, pero se le cruzó “Lluvia fina”. Lo retomó un año después y lo finalizó en febrero de 2020, justo antes del confinamiento. Cuando susurro que parece un libro de ahora, pausado, salta asombrado: “¿Este es un tiempo pausado?”, y expresa el deseo de que “ojalá la pandemia sirva para recuperar un ritmo más lento”. “La lentitud es compañera del conocimiento”, remata.

Incertidumbres

Hay mucho entendimiento concentrado. Como el capítulo “Plegaria” donde un escritor consagrado como él muestra sus dudas –“las incertidumbres del principiante, del eterno aprendiz”–, o la mención a los cien mejores polvos de la literatura universal, y la alusión a que le encantan los viajes, pero no viajar –“cuando llego por primera vez a una ciudad, lo que más me gusta es sentarme en la terraza de un café y observar a la gente”.

El carrusel de autores inmortales: Sherwood Anderson, Eugenio Montale, Juan Ramón, Jiménez, Josep Pla, Guy de Maupassant, Gustave Flaubert, Fernando Pessoa, Marcel Proust, Cervantes, Lorca, Poe, Goethe... Su pedagógica misión cuando obligaba a sus alumnos de la Escuela de Arte Dramático de Madrid a escribir asuntos personales para descubrir el tesoro que escondían dentro. “Lo importante es que un chaval lea. Vale más un poema bien recitado que un poema bien comentado”.

Todos los libros de Landero se leen muy bien. Este también. “Hay que trabajar mucho para poder leer así. Soy muy disciplinado, si no escribo por las mañanas no sabría que hacer”.

Le cuento que he buscado los “Ensayos escogidos” de Emerson, pero tanto la primera edición de Austral de 1951, como la de Planeta de 2001 están descatalogadas, “¡cómo tantas cosas!”. Alerta que “la concentración y el pensar duele, porque los músculos que no se utilizan duelen al principio”. Pero como el huerto, “uno es de donde ha nacido y se ha criado, con el amor, el odio y todo el repertorio sentimental de la infancia”.

Compartir el artículo

stats