“Si no sabes cómo eres es imposible que seas feliz”, afirmó ayer Irene López Assor, psicóloga, grafóloga y divulgadora, en la conferencia-coloquio del Club FARO “Claves y herramientas para superar los traumas de nuestro pasado”, que pudo seguirse en directo a través de la web del diario. Esa afirmación, que puede resultar en apariencia sencilla, tiene, sin embargo, un gran trasfondo, como fue desgranando la psicóloga en su intervención y que recoge en su libro “Diez obstáculos que te impiden ser feliz. Cómo derribar las barreras que interfieren en tu bienestar” (Alienta Editorial). En esta obra, López Assor ahonda en el origen y las consecuencias de los diez obstáculos que se interponen entre nosotros y la felicidad –las madres tóxicas, la frustración, la autoexigencia, el ego y la soberbia, la amistad tóxica, el desamor, la envidia, la culpa. el efecto Pigmalión y la procrastinación– y ofrece las herramientas para superarlos.

El camino muchas veces no es sencillo, reconoció la ponente, pero la recompensa es golosa: la felicidad, un término que se presta a muchas interpretaciones y que para López Assor es algo irrenunciable. “La felicidad es una emoción básica, nos pertenece. No es algo que sea para unos sí y para otros no. No, es una emoción básica, como el miedo, la tristeza. Viene con el park del ser humano”, afirmó.

Pero, ¿qué es ser feliz? López Assor no tiene dudas: “Ser feliz es ser coherente con nuestras emociones”.

Estos obstáculos tienen en muchas ocasiones su origen en la infancia, la etapa en la que la persona está desarrollando su personalidad. “Si yo estoy armando mi personalidad, mi futuro, mi vida en función de huir de mi madre, de mi padre tóxico, de lo que no tuve, de mis carencias, y además, caigo en el discurso ‘culpón’ y ‘culpabilizador,‘ y me engancho a los ‘culpabilizadores’ me entra la envidia y empiezo a entrar en la codicia, en desear aquello que no tenemos, en que mi momento de felicidad sea porque a mi máximo competidor le está yendo mal”, afirmó la psicóloga, creadora y directora del podcast “Un ratito con Irene”.

Y estos mismos obstáculos son los que no nos permiten ser nosotros mismos, lo que a su vez, convierte la felicidad en una quimera. “Si no sabemos quiénes somos, es imposible ser feliz. Tendremos como retazos de felicidad, pero realmente no conseguiremos anclarla. Esto se ve muy claramente en la personas que reconocen que lo tienen todo para ser feliz pero que, sin embargo, no lo son”, dijo.

Según la psicóloga, el primero de los obstáculos para ser feliz se encuentra en el núcleo familiar y, más concretamente, en la madre. Una madre tóxica es aquella que tiene una visión negativa del mundo. Suelen ser muy victimistas, posesivas, controladoras y manipuladoras, y van a provocar una serie de sentimientos –de culpa, de vacío, miedo a tomar decisiones, reconocimiento del amor, relaciones tóxicas en la edad adulta y miedo al compromiso, entre otros–, un trauma al que hay que enfrentarse si se quieren superar, algo que no es sencillo. Pero para ello, antes hay que reconocer que se tiene una madre tóxica, un ejercicio doloroso.

“El trauma es algo bastante complejo, sobre todo porque es una palabra que a día de hoy está muy manida y porque todos tenemos traumas. Los recuerdos de la infancia a veces están rodeados de percepciones que no sabemos si fueron reales o imaginadas. Hay hechos reales: como la muerte de alguien. Pero ¿qué ocurrió alrededor de ese hecho? Esto es lo que intentamos ver en consulta y es algo que hay que hacer muy despacito, porque no todo el mundo quiere liberar sus traumas porque no todo el mundo está dispuesto a ahondar en sus heridas ni a abrir su corazón y mucho menos a un extraño en consulta –aseguró la psicóloga–. Sin embargo, si no miramos al pasado de frente nunca vamos a superar los traumas”.

La psicóloga se refirió también al victimismo, de que es difícil salir. “Es una conducta reconfortante porque obtenemos atención de la gente. Por eso, salir de victimismo es un acto de valentía”, afirmó. Sin embargo, se puede superar y el resultado, añadió, merece la pena.

“Hay que negociar con nuestro cerebro”

Una vez identificado el trauma, el siguiente paso es hacerle frente. Aquí, Irene López Assor dio algunas pautas, aunque lo más importante, dijo, es conocer cómo funciona nuestro cerebro. “Somos unos seres con unos mecanismos muy bien diseñados y que cuanto más sepamos de nosotros mismos y sobre nuestro funcionamiento va a ser mucho más fácil ¿Por qué un 64% de personas que sufren un trauma que compromete la vida de la persona no desarrolla ningún tipo de patología? Porque hay una resiliencia innata. Por lo tanto, si tenemos un hecho traumático podemos preguntarnos ¿por qué yo no puedo estar en ese 64%?”, afirmó. Para la psicóloga, saber es poder. “Si sabemos cómo es nuestro cerebro, podremos intentar engañarlo. Tenemos que negociar con él”, sostuvo. Para muchas personas, la pandemia del COVID-19 es una situación traumática, aunque sus efectos no se conocerán hasta al menos seis meses después de superada la crisis sanitaria. Sin embargo, sí se puede minimizar su impacto. “Si la situación te causa una angustia elevada, no veas la tele, no hables del tema”, expuso. Como contrapartida, recomendó hacer una lista de refuerzo positivo con las cosas que nos apetezcan para hacerlas en cuanto termine la conducta que haya que hacer: trabajar, estudiar, cocinar... “Yo soy partidaria de las listas porque así no le damos tiempo al cerebro a que vuelva a la idea del trauma”, dijo.