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Antonio Salas | Profesor de la Universidad de Santiago, experto en genética de poblaciones

“Un supercontagiador que contagia una cepa más transmisible es el cóctel perfecto”

Federico Martinón  - USC

Federico Martinón - USC

El Instituto Robert Koch de Alemania advirtió ayer que las mutaciones han vuelto más peligroso el coronavirus. Científicos daneses anticipan “tiempos duros” porque la variante inglesa, 1.55 veces más contagiosa –estiman–, se está imponiendo allí. La OMS está “preocupada” por las variantes del coronavirus, insta a vacunar más rápidamente en Europa.

“Lo que dijo Boris Johnson, que la variante inglesa es más letal, está cogido con pinzas”

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Mientras, el estudio de los científicos gallegos Federico Martinón-Torres y Antonio Salas Ellacuriaga sostiene, tras analizar 166.000 genomas del SARS-CoV-2, que los supercontagiadores, y no las nuevas variantes, son los motores de la tercera ola, y que culpar a estas cepas es “simplificar la evolución de la pandemia”. Salas, que hace un hueco en su asfixiante agenda para responder a FARO, precisa que “no hay contradicción” entre las conclusiones de su trabajo y la probabilidad, que cada vez plantean más científicos, de que la variante inglesa (B.1.1.7) penetre mejor en las células gracias a una mutación (N501Y). “Ambas cosas son compatibles”, defiende.

Profesor de la Universidad de Santiago, Antonio Salas lidera el grupo de investigación GenPoB, sobre genética de poblaciones en biomedicina, integrado en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS). Lleva más de una década investigando enfermedades desde el campo de la genómica.

–La incidencia actual del COVID-19 en España se debe a la relajación en Navidad, y la variante inglesa, todavía incipiente aquí, está preocupando en otros países.

–Exacto, lo ha mencionado perfectamente. No sabemos muy bien cuánto está circulando esta cepa en España, pero hay ciertas estimas. Existe una tendencia a analizar cualquier individuo sospechoso de haber sido contagiado con alguna de estas cepas. Si tienes una estrategia focalizada en buscar esos casos, la frecuencia va a aumentar, y eso afecta a la estimación. Incluso puede ser mayor de lo que existe actualmente y no lo sabemos.

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–Claro.

–En Inglaterra también ocurre. De hecho, acabo de hablar con una persona muy conectada con el comité de asesoramiento del COVID, y si hay alguien susceptible de tener la variante sudafricana, van al domicilio y analizan a todo quisque alrededor de esa persona. Sea lo que sea, hay unos factores de incertidumbre que hay que considerar. Si se fija en los reportes originales del Gobierno británico, son prudentes, se habla de las limitaciones. Por el comportamiento epidemiológico, se habla de un crecimiento que se está produciendo de manera similar en distintos lugares. Pero no siempre hay una relación causal. Si sabes que esa cepa es minoritaria difícilmente puedes atribuirle lo que está pasando en tu país. Sin restarle importancia a esa cepa, porque empieza a haber ciertas evidencias convergentes hacia su mayor capacidad infecciosa.

–Supongamos que eso sea así y que se confirma lo que se ha visto en Inglaterra y en otros lugares.

–El tema de los supercontagios no es excluyente. Eso de lo que nadie habla ahora lleva funcionando desde el principio de la pandemia. Publicamos un trabajo sobre ello en abril, y este último está basado en uno publicado en “Science” sobre dos eventos de supercontagio ocurridos en Boston en la primera ola. Habrá oído que un 10% contagia a un 80% o 90% de los casos...

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–-Sí, en FARO publicamos un reportaje sobre ello en enero, aunque el fenómeno es conocido desde el principio de la pandemia.

–Pues ese motor del supercontagio sigue funcionando, y no podemos abstraer la idea de las cepas de ese contexto. Además, es perfectamente complementario con lo que se está hablando. Imaginemos que tenemos una cepa que se contagia mucho más rápidamente. Se hablaba de un 70 por ciento al principio, y ahora de un 30% o un 50%. Imaginemos que es un 30%, que sigue siendo mucho, y que se da en una circunstancia de supercontagio. Imagine el efecto contagiador de eso...

–Esa era la siguiente pregunta. Se plantea como hipótesis que la variante inglesa, al entrar mejor en las células, produce mayor carga viral. Por tanto, el “motor” de los supercontagiadores funciona ahora con una “gasolina” de mayor octanaje. ¿Es plausible?

–Es perfectamente plausible. Ya digo que no puedo poner números a esto, cuánto es debido al efecto de una mutación y cuánto al supercontagio. Es muy difícil de valorar. En otro trabajo describimos 4 cepas dominantes en España, y 2 de ellas explicaban el 70% de los casos. Una de las mutaciones surgió en el País Vasco y la otra en Madrid.

Factor de dispersión o número K

Factor de dispersión o número K Simón Espinosa

–Sí, lo recuerdo.

–Estos fenómenos estocásticos de variabilidad, aleatorios, que se conocen como deriva génica, y fenómenos de selección natural, como la mayor capacidad de contagio, pueden ocurrir simultáneamente. Y se potencian: si tienes un gran supercontagiador que además contagia una cepa que tiene mayor capacidad de transmisión, estamos armando el cóctel perfecto.

–Algunos genetistas en España citan otra variante, la surgida en verano entre temporeros de Huesca y Lleida, y que luego pasó a Reino Unido. No era más transmisible, pero se convirtó en dominante...

–Totalmente de acuerdo. No necesariamente eso está asociado a una mayor ventaja infecciosa de la mutación, el fenómeno estocástico en sí mismo explica una gran parte de ese éxito. Si una mutación adquiere una frecuencia muy elevada en la población debido a un brote, eso le confiere muchas ventajas en el fenómeno de supervivencia.

–-¿Pero no es llamativo que esta variante inglesa se haga dominante rápidamente en muchos países? 

–Sí, es un indicador bastante bueno de que esta mutación pueda tener ventajas a nivel de infecciosidad en distintos contextos epidemiológicos. No puedes disociar una cepa del contexto epidemiológico y social. Existe una correlación perfecta entre relajamiento de las medidas e incidencia de la enfermedad: en verano, en el Puente de la Constitución, en Navidad... Dígame un país donde la epidemia esté muy mal.

–¿Portugal?

–Pongamos Brasil o Estados Unidos, dos clásicos. Brasil está practicando el negacionismo activo, lo mismo que Trump. En Inglaterra hubo una relajación importante, porque Boris Johnson también fue negacionista. Los mensajes del Gobierno son muy importantes. En España hay fiestas. El otro día me dijo una compañera que en un piso de su edificio había 50 personas en una fiesta. Si encima hay una variante con mayor infecciosidad, es una bomba de relojería. Si Bolsonaro dice que no pasa nada, entierran a medio Manaos y a medio Brasil.

–En Manaos habían llegado a la inmunidad de rebaño, con un 76% de infectados en la primera ola, y sin embargo esta segunda ola está siendo devastadora. Se baraja que pueda ser por la mutación E484K, asociada a evasión de inmunidad. ¿No debería considerarse esta posibilidad biológica en el algoritmo?

–Por supuesto. Estuve en Manaos hace años y conozco sus condiciones de hacinamiento y precariedad. Lo de la inmunidad de rebaño creo que surgió en un artículo publicado como preprint de unos investigadores en Brasil y fue muy cuestionado. Imaginemos que hubo cierta inmunidad de rebaño y que puede tener impacto esa mutación. Esa nueva cepa evade el efecto de la inmunidad o de la vacuna en un porcentaje de los casos, no en todos. Todas las vacunas tienen distintos efectos en distintos lugares. La de la gripe unos años es eficaz al 90% y otros al 50%.

–Pero algunas vacunas contra el COVID-19 han dado peores porcentajes de eficacia en Sudáfrica, cuya variante tiene esa mutación E484K, que en otros países. Parece que apunta a evasión de inmunidad

–Sí, puede suceder. Lo importante es la convergencia de las evidencias. Enseguida se habló de la evolución convergente de una mutación [la adquisición de esa mutación E484K por parte de la variante británica]. Demostrar eso es complicado. Es muy cool hablar de evolución convergente, pero no se puede demostrar de la noche a la mañana. Necesitas tener un marco genealógico, y eso solo se genera con el paso del tiempo. Para mí una evidencia es constatar que esa variante crece de una determinada manera en Dinamarca y en España también. Esa convergencia de evidencias lleva a pensar en eso, pero es especulativo trasladar una incertidumbre a una evidencia. Y eso lo hizo Boris Johnson cuando habló de una mayor letalidad de la variante inglesa. No digo que no pueda ser así, pero la evidencia está cogida por pinzas.

–Si eso no se va a poder demostrar en años, ¿no convendría ponerse en el peor de los casos y tomar medidas?

–Uno de los mensajes que se derivan de nuestra aportación es que hay que centrarse en la prevención. Si hay una variante que facilita la transmisión, más motivos hay para prevenir. La población puede relajarse si le dices que la variante inglesa está poco presente y que hay que reactivar la economía. Lo que veo en los hospitales no es debido a esas variantes, sino a la relajación en Navidad. Ha habido reuniones familiares a mansalva. Pudo haber circulado la variante inglesa entonces, pero poco. Se estima que ahora está en un 5% o 10%.

–Algunos microbiólogos apuntan que la presión a la que estamos sometiendo al virus (personas que ya tienen anticuerpos porque han pasado la infección, medidas para evitar la transmisión, vacunas...) está forzando a que se seleccionen mutantes más transmisibles.

–Me parece una hipótesis válida, pero entramos en el terreno de la especulación. Nos vacunamos todos los años de la gripe porque el virus desarrolla mecanismos de evasión. Muchos especialistas dijeron que este virus muta poco.

–Sí, se dijo que los coronavirus mutan muy poco porque tienen mecanismos de corrección genética.

–Eso no lo escucharía de mí. En el trabajo del principio de la pandemia analizamos también la tasa de mutación. Esa tasa evolutiva no es muy diferente a otros virus de ARN. Puede mutar la mitad que el virus de la gripe, no miles de veces menos como escuché hace poco a un especialista. En este último trabajo reportamos 28.000 mutaciones. No sería un virus si no mutara, y lo hace de una manera semejante a otros, con ciertos mecanismos de reparación. Hace meses expresé la idea de que el virus mutaba con esa velocidad y que habría la posibilidad de tener que actualizar las vacunas con frecuencia, un año o dos. Si se ha desarrollado la vacuna de novo, no debería ser complicado tunearla vacuna para incorporar protección frente a las nuevas variantes.

-¿Por qué es tan difícil demostrar empíricamente que una variante es más transmisible? He leído que hacen falta experimentos controlados en laboratorio y que muchos elementos pueden distorsionar los resultados.

-He tenido algunos “conflictos científicos”. Ha habido afirmaciones en la literatura científica que hemos cuestionado. Hace unos años se hablaba de la herencia paterna del ADN mitocondrial. Salió publicado en el PNAS y provocó una alarma social terrible, porque tenía muchas implicaciones en el diagnóstico, con la base de datos del FBI... Desafiaba un dogma científico. Nos dedicamos en cuerpo y alma a entender ese fenómeno y conseguimos publicar nuestro artículo [“Extraordinary claims require extraordinary evidence in asserted mtDNA biparental inheritance”], aunque la editorial no quería publicar nuestros resultados. Con el tiempo, han salido más artículos cuestionando la validez de ese trabajo tan mediático. Me suelo tomar las evidencias con cierta prudencia. Los experimentos que se hacen in vitro son de una mutación sola y fuera de un contexto microbiológico natural y epidemiológico, sin otras variantes genéticas. Lo que se observa in vitro es una evidencia fuera de contexto, aunque es interesante hacerlo. Sabemos por la teoría de la evolución neutral, de Motö Kimura, que no hace falta una ventaja selectiva, el azar puede explicar el alzamiento de una variante en la población. Las inferencias que ha hecho el Gobierno británico cuestionan las fórmulas clásicas de la epidemiología sobre cómo medir los parámetros de RT. En los modelos no caben los elementos biológicos. La estima que se hace de la frecuencia de esa variante se hace de manera indirecta, no por secuenciación. Se hace mirando las veces que falla una PCR mirando los genes que amplifica la supuesta mutación. Estiman una correlación del 95% entre ese fallo en la PCR y la variante británica, pero esa correlación puede variar, porque el virus sigue mutando y la eficacia de la PCR puede verse comprometida. Nadie pone en contexto la incertidumbre. Me gusta tener convergencia de evidencias antes de apostar por una teoría. Hasta entonces lo dejo en cuarentena.

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