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Expertos y ciudadanos coinciden: sí a la FFP2, pero con matices

De iz., a dcha., Raquel Llauger, Loreto González, Francisco García, y Paula y Concepción Augusto, ayer, en la calle Príncipe. |   // RICARDO GROBAS

De iz., a dcha., Raquel Llauger, Loreto González, Francisco García, y Paula y Concepción Augusto, ayer, en la calle Príncipe. | // RICARDO GROBAS

La mascarilla FFP2 gana terreno. Y no solo porque en Europa sean cada vez más los gobiernos que apuesten por ella. Los farmacéuticos vigueses reconocen que tiene cada vez una mayor demanda y esto a pesar de que es mucho más cara. Una FFP2, mascarilla profesional, cuesta entre 1 y 2,5 euros, mientras que la quirúrgica tiene un precio máximo de 62 céntimos.

Pero es probable que la aparición de variantes del SARS-CoV-2 más contagiosas, como la británica, y el aumento de contagios, terminen borrando del mapa a las mascarillas higiénicas, donde se incluyen las de tela, e incluso a las quirúrgica, y se impongan como la única opción permitida. Aunque la OMS sigue avalando la efectividad de las de tela, en Austria y en la región alemana de Baviera, están prohibidas y el uso de la FFP2 ya es obligatorio en supermercados y transporte público, mientras que el Gobierno alemán y Francia la recomiendan. En España, sigue aconsejándose la higiénicas, que incluyen las de tela, aunque ya hay voces que apuestan por la generalización del uso de la FFP2, como el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Ante esta tesitura, los vigueses se preguntan cuánto supondrá para su bolsillo esta posible nueva medida. Pues para muestra, un botón. “Soy profesor y estoy con niños todo el día. Yo uso mascarillas FFP2. Me gasto entre 10 y 12 euros semanales. Yo puedo asumir este gasto, pero mucha gente no”, afirma Francisco García. “Todo lo que sea protegernos está bien, pero los ingresos son los que son, y hay mucha gente que lo está pasando muy mal con la pandemia”, afirma un taxista vigués.

Raquel Llauger y Loreto González, estudiantes de Filología Hispánica y Administración y Finanzas, respectivamente coinciden en señalar que si la FFP2 es obligatoria, debería rebajarse su precio, ya que no todo el mundo puede gastarse entre 1 y 2 euros diarios en una mascarilla, mientras que Patricia Piñeiro reclama ayudas a las pequeñas empresas y particulares para poder hacer frente a este gasto añadido. Concepción y Paula Augusto reconocen que la mascarilla FFP2 aporta mayor seguridad, pero también ven en su elevado coste el mayor escollo.

“Soy profesor; gasto entre 10 y 12 euros a la semana en FFP2”

Francisco García

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“Aparte de ser más cara, hay mucha gente que ya ha cogido de las quirúrgicas. Yo acabo de adquirir dos cajas, cien unidades, porque las encontré a buen precio. ¿Qué pasa con ellas?”, formula Flori Fernández.

Carolina Costas, estudiante de un ciclo de Biomedicina, apuesta por que las administraciones subvencionen estas mascarillas a las familias con menos recursos. “Me parece bien que se use en sitios cerrados y con aglomeración de gente, pero no todas las familias se lo pueden permitir. Si su precio no baja, habrá que buscar la forma de que llegue a todos”, opina.

Su amiga Sheila Otero, estudiante de Derecho, se muestra más escéptica ante este cambio de criterio, “Con tanto cambio da la impresión de que hay algo más, de que lo que se quiere es hacer negocio. Estoy de acuerdo en su efectividad, pero no entiendo por qué una mascarilla tiene un IVA del 4% por ciento (quirúrgica) y otra del 21% (FFP2) si es el mismo tipo de artículo. Pasó lo mismo antes con la quirúrgica, por la que se pagaba la mitad en Europa hasta que se rebajó su impuesto”, opina.

La aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2 también están impulsando el uso de la doble mascarilla, una opción que, sin embargo, no refuerza la eficacia de filtrado. “Las mascarillas homologadas ya cumplen su función, por lo que si te pones dos estás gastando más dinero, puede afectarte a la respiración y generas también más residuos. Es una medida poco sostenible. Solo se me ocurre un supuesto en el que es lógico este doble uso y es en el de los sanitarios, que llevan la FFP2 por debajo y se cambian la quirúrgica entre paciente y paciente porque está más expuesta”, afirma la farmacéutica viguesa Amil López Viéitez.

Esta farmacéutica recuerda en todo caso que la duración de estas mascarillas es de ocho horas y que debe de cambiarse a las cuatro horas, como pone en el etiquetado. “Es una mascarilla no reutilizable. ¿Qué sucede? Que si vas a la compra y la usas dos horas no vas a tirarla. En este caso, puedes guardarla en la bolsa o en un sitio que no esté expuesto y usarla al día siguiente”, explica la farmacéutica.

Gente con mascarilla Ricardo Grobas

Su obligatoriedad, un arma de doble filo

Los epidemiólogos gallegos descartan las mascarillas de tela y apuestan por concienciar a la población de la importancia de extremar la protección en los cerrados con poca ventilación. En este contexto, reconocen la conveniencia del uso de las FFP2, ya que incrementan la protección –su eficacia de filtrado es del 92%– no solo frente a las gotículas, sino también frente a los aresoloes, partículas mucho más pequeñas, que expulsamos al hablar y al respirar, y que pueden desplazarse más allá del metro y medio de distancia de seguridad. Sin embargo, no se muestran partidarios de que su uso sea obligatorio, al entender que puede llegar a resultar contraproducente debido a que estas mascarillas suponen un desembolsom mayor que las higiénicas o las quirúrgicas.

“La recomendación tiene mucho sentido. Ahora, plantear una obligación estricta creo que tiene sus riesgos. Estas mascarillas son mucho más caras, por lo que si las hacemos obligatorias puede que parte de la población que no puede permitirse ese desembolso prolongue demasiado su uso y la eficacia de la mascarilla. De poco vale una mascarilla quirúrgica o una FFP2 si la sacamos continuamente, si la tocamos por dentro, si no la llevamos bien ajustada o si no la cambiamos con regularidad”, advierte Francisco Caamaño., profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública. de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y epidemiólogo.

Añade, además, que aún no existe la suficiente evidencia científica de que en la práctica la FFP2 disminuya la transmisión. “Una cosas son los resultados en condiciones ideales y otra en la práctica, en la que la gente se la saca y se la pone. En este supuesto, las mascarillas tienden a parecerse más unas a otras”, opina.

En similares términos se expresa el epidemiólogo Juan Gestal, que recuerda que en Galicia ya está prohibido el acceso a los centros sanitarios y hospitales gallegos con mascarilla de tela. “Cuando no había mascarillas disponibles, incluso los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) decían que nos embozásemos con lo que fuera: una mascarilla casera, una bufanda..., pero ese tiempo ha pasado. Hay que concienciar a la gente de que tiene que abandonar la de tela y usar mascarillas con un marcado CE que cumplan la normativa, e informar a la gente de que en lugares como el transporte y la oficina, las mascarillas FFP2 y FFP3 nos va a dar una mayor protección”, afirma Gestal, que también incide en la importancia de usar este producto de la forma adecuada. “La mascarilla tiene un uso temporal”, alerta.

Miguel Ángel Álvarez Deza, jefe de Alertas Epidemiológicas de la jefatura territorial de Sanidade en Pontevedra, reconoce que las mascarillas de tela nunca le gustaron. “Yo soy partidario de la quirúrgica, que te dura cuatro horas seguidas, o de una FFP2, que dura 8 horas, en el caso de las personas que tienen más riesgo de exposición al virus”, explica.

Para este experto, la mascarilla quirúrgica sería suficiente para viajar en el transporte público, por ejemplo, con las restricciones de aforo actuales. “Ahora, ¿una FFP2 protege mucho más? Pues sí, protege mucho más. El problema es si la gente puede asumir ese coste porque en el trabajo te la tienen que proporcionar, pero para un particular que tenga que usarla todos los días es un gasto”, expone el experto, que añade que usar una mascarilla con una eficacia de filtrado mayor no exime de seguir manteniendo la distancia y la higiene de manos.

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