María José Alonso, catedrática de la Universidade de Santiago (USC), es una de las eminencias en España en nanomedicina. En su currículo, cuenta con la Medalla al Mérito en la investigación y educación universitaria del Ministerio de Ciencia. Ahora, la Fundación AstraZeneca le otorga el III Premio a la Trayectoria Científica a una científica, incansable trabajadora, que lucha desde Compostela con el apoyo del CSIC por lograr una vacuna contra el nuevo coronavirus.

–¿En qué punto se encuentra su proyecto de vacuna antiCOVID ?

–Estamos en la fase de evaluar la respuesta en animales, en ratones. En estos momentos sería prematuro decir algo al respecto.

–¿Qué pasos quedan?

–El método de trabajo en el desarrollo de la vacuna no ha sido el habitual. Desde el comienzo del diseño nos hemos preocupado por conocer sus posibilidades de fabricación a nivel industrial y por su conservación. De hecho, estamos en contacto con la empresa Hipra, de Cataluña, que se desplazó a nuestro laboratorio para ver cómo fabricamos las partículas y con quienes hemos realizado ya un proceso de transferencia de tecnología. Hemos trabajado de forma paralela en diversas estrategias y teniendo en cuenta, desde el principio, los aspectos de seguridad, haciendo uso de componentes biodegradables e inocuos. Hemos sido un equipo de seis personas trabajando intensivamente sin apenas vacaciones a lo largo de 2020.

–¿Para cuándo el ensayo en humanos?

–Una vez demostremos que funciona con animales, habría que hacer la toxicología preclínica regulatoria y conseguir la aprobación de la agencia española de medicamentos y productos sanitarios. Hemos ido mucho más rápido de lo habitual, aunque podríamos haber progresado más con más financiación.

–¿Si los proyectos de científicos españoles para las vacunas antiCOVID recibiesen más dinero estarían ahora en una fase más avanzada o no depende del dinero?

–Sí, se trata de financiación y de recursos humanos, lo que también se traduce en financiación. De todas formas, este tipo de investigación requiere de alianzas potentes con la industria farmacéutica. Pfizer, que es una de las grandes farmacéuticas se alió con otras empresa más pequeñas en el desarrollo de la vacuna y alguna de esas empresas partió del ámbito académico. AstraZeneca también contó en su desarrollo con la gran ayuda de la Universidad de Oxford. Del mismo modo Moderna colabora con el MIT y centros de investigación pública y privada en Estados unidos. Las alianzas público-privadas han sido esenciales a la hora de abordar un reto de tal magnitud. Si España, a nivel central y de autonomías, hubiese invertido más, nuestra investigación en COVID (vacuna y nuevas terapias) podría estar más avanzada con mayor financiación. En todo caso, estamos muy satisfechos con el Instituto de Salud Carlos III porque ha habido una buena comunicación y ayuda en la definición de la estrategia. Ahora espero que conjuntamente con Hipra sigamos progresando. Creo que el Ministerio tiene intención de seguir financiando nuestro trabajo. No por el hecho de que haya otras vacunas autorizadas, debemos renunciar a tener una vacuna española contra el SARS-CoV-2.

–Su propuesta tiene una base similar a las de Pfizer y Moderna.

–Sí, estamos con un prototipo de vacuna similar a la de Pfizer y Moderna. Es decir, es una vacuna ARN que codifica un antígeno que es básicamente una parte de la proteína Spike (que se presenta en los pinchos del virus). Utilizamos también sustancias lipídicas, como Pfizer y Moderna, aunque la composición de nuestras partículas es diferente. Usamos las nanopartículas como transportadoras del ARN hacia las células. Nuestras células son las que producen el antígeno que dará lugar a la respuesta inmune frente al coronavirus.

–Una duda, ¿ser mujer le ha dificultado su carrera?

–Podemos hablar de matices, pero no de una dificultad palpable. En el departamento o en mi entorno, siempre he estado rodeada de hombres pero no ha supuesto un handicap. También creo que la mujer no se acaba de creer que puede ser líder, que puede tener premios. Debemos convencer a las jóvenes de que ellas pueden llegar tan lejos como los hombres.

–Los científicos españoles lo tiene muy complicado para desarrollar su carrera aquí.

–Sí y lo veo como un gran problema para España. Los jóvenes investigadores buscan un salario que les permita vivir, no un alto salario; pero también procuran que haya dinero para investigar. Nuestra lucha por la financiación es alucinante. Este año he solicitado 18 proyectos y conseguido tres. Hay muchas convocatorias pero solo el 2 o 3% con margen de éxito. Eso es un desgaste enorme para los investigadores.

–El Gobierno asegura que va a incrementar de forma significativa su inversión en investigación...

–Es muy bueno que lo anuncien; vamos a ver en qué se traduce.

“Las mujeres debemos confiar en nosotras”

María José Alonso, catedrática de Farmacia y Tecnología Farmacéutica de la Universidade de Santiago y jefa del grupo Nanobiofar del CiMUS, es una mujer muy trabajadora que renuncia a presumir profesionalmente de sus logros. Defiende que el III Premio a la Trayectoria Científica de la Fundación AstraZeneca que acaba de recibir es un galardón al equipo de más de cien científicos que han pasado en las últimas tres décadas por su laboratorio. Con la mirada puesta atrás, esta leonesa de nacimiento pero compostelana ahora de corazón explica que decidió hacer farmacia “no con la idea de tener “ una botica, “lo que veía inalcanzable, ni era mi interés. Quería entrar en la salud desde la perspectiva del medicamento. Siempre me gustó mucho la química y veía la farmacia como la química aplicada a la medicina, la salud. Eso sí que me llamaba la atención”. La María José Alonso jovencita que tanto ayudaba en el hogar familiar con las cosas de casa como en la tienda de ultramarinos de sus padres, corría a “la farmacia del pueblo para ver su herbolario. Tenía inquietud por saber qué le pasaba a los medicamentos, por qué actuaban como actuaban. Siempre fui una gran admiradora del medicamento que puede cambiar nuestras vidas”. Cuando se le pregunta por la labor del científico, responde que ella intenta “inculcar” a sus investigadores “que estamos aquí para hacer un bien a la sociedad, a la salud, a los pacientes. Todos tenemos que estar involucrados y convencidos de este grano de arena no debe ser menos importante que el de las grandes empresas”. Quizás, María José Alonso no llegase a ser lo que es, la madre del primer proyecto gallego de una vacuna antiCOVID y experta mundial en nanomedicina, si su padre no fuese “un gran feminista. Lo era en el sentido en el que nos dejó muy impreso a mí y a mis dos hermanas que no teníamos que ser dependientes”. Alonso recuerda cómo “nos decía que lo mejor era tener un trabajo intelectual, reconfortante para nuestra mente porque de todos modos tendríamos que trabajar”. En la carrera universitaria, becada, “no había ni una sola mujer profesora. Empezamos varias chicas a hacer la tesis pero todos los directores eran profesores”. Su destino estaba marcado para que buscase la rana en el edificio de la Universidade de Salamanca, pero el Árbol de la Ciencia en la rúa do Franco de Santiago se cruzó. “Explicar por qué acabé estudiando en Compostela es un chiste. Llegué de casualidad. Yo vivía en León y había pensado en estudiar Farmacia en Salamanca. Cuando estaba preparando la selectividad, vinieron unos tíos a ganar el jubileo a Santiago. Yo no conocía la ciudad, antes no se viajaba. Así que decidí ir con ellos y dejar la Selectividad colgada. Llegué a Santiago y me enamoré de ella. Nunca había pisado Galicia. En el viaje, reservé alojamiento en el Colegio Mayor Fonseca para el curso. Me encantó el ambiente. Luego, aprobé la Selectividad”, recuerda. Sobre el primer curso en la facultad, rememora que “mis 18 años fueron muy difíciles por la falta de confianza en mí misma. Yo me veía rodeada de gente de entornos distintos. Por eso, digo que las mujeres debemos tener confianza en nosotras mismas”.