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Antonio Mirás - Trabajador social gallego vacunado de COVID en EEUU

Antonio Mirás: “Con la vacuna me siento aliviado”

Residente en Kansas City, este asistente social gallego recibió la vacuna el viernes

Antonio Mirás Neira, recibiendo la vacuna de Pfizer contra el COVID-19 en Kansas City (EE UU).  | // CEDIDA

Antonio Mirás Neira, recibiendo la vacuna de Pfizer contra el COVID-19 en Kansas City (EE UU). | // CEDIDA

Antonio Mirás recibió la primera dosis de la vacuna de Pfizer el pasado viernes y asegura que lo único que sintió, aparte de una ligera molestia en el brazo a causa del pinchazo, fue alivio. Este asistente social gallego residente en Kansas City reconoce que esperaba con expectación la llegada de la vacuna.

Fue visto y no visto. El jueves les comunicaron que tenían la posibilidad de vacunarse y el viernes les convocaban en la sede de KC Care Health Center para ser inoculados con la primera dosis de la vacuna de Pfizer contra el COVID-19. El pontevedrés Antonio Mirás Meira recibió su primera dosis a las nueve y media de la mañana y poco más de media hora después, volvía a su puesto de trabajo. “Nos dijeron que aguardásemos media hora por si teníamos algún efecto secundario y después cada uno volvió a su puesto”, explica Mirás, que trabaja como agente comunitario de la salud (el equivalente a asistente social en España) en Kansas City (Misuri), donde reside desde 2014.

"Nos advirtieron de que podían presentarse síntomas, que también se dan con la vacuna de la gripe estacional”

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Asegura que estuvo monitorizado todo el fin de semana, a través de mensajes de teléfono a los que tenía que contestar, por si aparecían efectos adversos, aunque la única molestia que tuvo fue dolor en el brazo debido al pinchazo. Algunos de sus compañeros tuvieron algunas otras molestias, principalmente náuseas, mareo y dolor muscular, pero nada que pueda considerarse extraordinario. “Ya nos advirtieron de que, entre 24 y 72 horas después, podían presentarse estos síntomas, que también se dan con la vacuna de la gripe estacional”, afirma.

El 8 de enero tiene cita para recibir la segunda dosis, que aguarda con tranquilidad. “Cuando nos dijeron que el viernes tendríamos la vacuna, entre otras razones porque la organización tiene las neveras que se precisan para conservarlas, sentimos alivio y eso que reconozco que al principio me planteé si vacunarme o no. Tenía miedo de que si todo el equipo presentaba efectos secundarios no pudiésemos seguir atendiendo a la gente, pero luego pensé que tenía que hacerlo, ya no por mí, sino por mi comunidad”, asegura este gallego de 41 años.

Mirás es director de supervisores de agentes comunitarios de la salud en KC Care Health Center, organización sin ánimo de lucro que ayuda a las personas que no tienen seguro médico privado a acceder al sistema de salud y presta ayuda social. “Ahora con el COVID es horrible porque mucha gente no puede trabajar y han perdido la casa. Nosotros les ayudamos a tener otro sitio donde vivir, les damos alimentos y les ayudamos a buscar un trabajo”, explica.

“Me gustaría que la gente se vacunase, aunque aquí este tema está muy politizado”

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Mirás y sus compañeros están en continuo contacto con personas con COVID-19, a las que prestan apoyo en sus domicilios. Por ello, tener la posibilidad de vacunarse contra el SARS-CoV-2 fue para ellos una de las mejores noticias que han recibido en un año que ha sido especialmente duro, reconoce. “Me gustaría que la gente se vacunase, aunque aquí este tema está muy politizado. Pasó con las mascarillas y está pasando ahora con las vacunas”, afirma.

A la hora de pronunciarse sobre la gestión de la pandemia en Estados Unidos, prefiere medir sus palabras, aunque opina que no se ha hecho bien y cree que con el gobierno entrante habrá “cambios importantes”. “Lo que temo es que terminen por prohibirnos la entrada en otros países si no se adoptan medidas para frenar el COVID, pero no sé si la gente asumirá estas medidas. Al principio de la pandemia, la gente que te veía con mascarilla por la calle te menospreciaba. Ahora parece más abierta a llevarla, aunque sigue habiendo mucha gente que sigue pensando que el hecho de que un centro comercial le obligue a llevarla para poder pasar atenta contra sus derechos fundamentales”, reconoce.

"La mascarilla ha quedado para quedarse. Aunque nos vacunemos. Yo no me veo yendo al cine sin mascarilla”

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Las medidas restrictivas adoptadas en España son miradas también con sorpresa y recelo. “Cuando les comento que en Galicia hay cierres perimetrales de ciudades y que te multan por no llevar la mascarilla o por celebrar reuniones con amigos o familiares no lo entienden. A mí, sin embargo, me parece que estas medidas han ayudado a que haya bajado el número de contagios en España, mientras que aquí es un caos. Si la mascarilla fuese obligatoria, estaríamos mucho mejor. La mascarilla ha quedado para quedarse. Aunque nos vacunemos. Yo no me veo yendo al cine sin mascarilla”, afirma Mirás, que durante esta conversación echa un vistazo a la página oficial que recoge los casos de COVID-19 en el condado de Jackson (703.000 habitantes), al que pertenece Kansas City. “21.519 casos activos –informa al otro lado de la línea telefónica– y 207 fallecidos”.

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