La ingeniera de Telecomunicaciones Nuria Oliver ha participado en las Jornadas de Transición Ecológica, organizadas por el PSOE. La doctora por el MIT( Instituto Tecnológico de Massachusetts) entiende que esta transición hay que acometerla con “urgencia y ambición” y destaca la ayuda que supondrá para ello la Inteligencia Artificial y las tecnologías. Oliver señala que ya hay numerosas iniciativas, tanto a nivel de investigación como de innovación, de tecnologías que minimizan el impacto medioambiental o lo hacen a coste cero pero para que sea una realidad debe haber más inversión.

–El foro en el que participa trata sobre transición ecológica y emergencia climática, ¿cómo cree que debería afrontarse esa transición?

–Con urgencia y con ambición. Es realmente preocupante el impacto medioambiental del ser humano y del desarrollo, que no progreso, y hay pilares muy importantes en el contexto de permitirnos realizar esta transición ecológica y minimizar o incluso revertir nuestro impacto en el cambio climático y uno de estos pilares es la tecnología.

–¿Cómo pueden ayudar la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías?

–Hay infinitas posibilidades. Desde el punto de vista tecnológico, la tecnología de materiales para el desarrollo de materiales biodegradables, tecnología para que la producción energética no tenga impacto medioambiental, tecnología para el transporte eléctrico que no emita gases que contribuyen al cambio climático. La inteligencia artificial está detrás de una gran cantidad de estas soluciones tecnológicas como el transporte autónomo eléctrico o sistemas de predicción y optimización de los sistemas de producción de energías renovables como la solar y la eólica que dependen del clima. Los algoritmos pueden realizar una previsión y predicción de las condiciones climáticas. La inteligencia artificial es una de las disciplinas que nos puede permitir acelerar y conseguir esa transición ecológica y minimizar nuestro impacto en el planeta.

–¿Se están desarrollando, a nivel investigación, tecnologías enfocadas al cambio climático?

–Sí, existen numerosas iniciativas tanto a nivel de investigación como de innovación de despliegue de todo tipo de tecnologías que minimizan el impacto medioambiental o tienen impacto cero, sostenibles y ecológicas.

–¿Se conseguirá con el desarrollo del mundo digital revertir la acción de la mano del hombre o solo servirá para minimizar daños a partir de ahora?

–Los expertos lo que ponen de manifiesto es la urgencia de tomar medidas porque la existencia de una ventana de oportunidad se cierra cada vez más a medida que pasan los meses y los años. Entiendo que estamos a tiempo de conseguirlo, pero la ventana de oportunidad se va cerrando cada día que pasa.

–El cambio climático es uno de los grandes desafíos de este siglo. Las medidas para evitarlo muchas veces se veían frenadas porque económicamente no era rentable. ¿Con el impulso de Europa hacia una economía verde se podrá dar la vuelta a la situación?

–Sí. Creo que se ha producido un cómputo sesgado de los aspectos económicos. Puede ser rentable tener una producción que no sea ecológica y sostenible desde un punto de vista miope, no se imputa el coste medioambiental o de la salud de las personas por la polución, por ejemplo, en el proceso. Si incluyésemos ese coste en los factores económicos no sería rentable desde un punto de vista estrictamente económico. Una de las ideas que proponen algunos autores es incorporar todos estos costes adicionales tangenciales y no estrictamente el coste de producción, porque esa producción está teniendo un coste para el planeta que alguien tiene que pagar.

–Expertos relacionan la situación de pandemia que vivimos con la destrucción de barreras naturales que nos dejan expuestos a nuevos patógenos, ¿debemos prepararnos para nuevas pandemias o tras el coronavirus puede haber un punto de inflexión?

–La OMS anticipaba hace años que en el siglo XXI habría una gran pandemia y tenía en cuenta la destrucción de ecosistemas y la gran movilidad humana que contribuye a que una enfermedad infecciosa se propague muy rápidamente. Quiero creer que la experiencia de esta pandemia nos servirá como un ejercicio para aprender, estar más preparados y permitirnos afrontar retos futuros, incluyendo potenciales pandemias, de una manera más eficaz. Pero es cierto que la destrucción de ecosistemas y la gran movilidad es algo que no hemos cambiado, van a seguir presentes y, con ellos, el riesgo.

–Con el COVID se ha parado todo, ¿podría ser el pistoletazo de salida para un cambio medioambiental mayor que quizá no se produciría si no hubiera existido el coronavirus?

–Esta semana hemos publicado un artículo con Data Pop Alliance y el Instituto Vodafone que se llama “Usando los datos para luchar contra el COVID-19” y nuestro principal mensaje es aprovechar todo el sufrimiento derivado de la pandemia y también la emergencia de las grandes desigualdades y deficiencias estructurales que ya existían en la sociedad antes de la pandemia, y que esta ha hecho aflorar. Utilizar la pandemia para construir un mundo mejor, que nos sirva como catalizador para ser ambiciosos y hacerlo ahora. Espero y deseo que sea así. Antes de la pandemia la Comisión Europea ya tenía como prioridad invertir en la transición ecológica, la sostenibilidad y combatir el cambio climático. Fruto de la pandemia espero que los necesarios procesos de digitalización y las inversiones en I+D+I para tareas estratégicas tengan lugar.

–El big data que ha permitido el despegue de la Inteligencia Artificial ¿puede servir también para el despegue de un mundo más ecológico?, ¿que el manejo de ingentes cantidades de datos permita identificar los problemas y subsanarlos?

–Sin duda. De hecho, existe un ambicioso proyecto de la Agencia Espacial Europea, el Planeta Tierra Digital Gemelo, con la idea de aprovechar todos los sensores que tenemos, captar datos y analizarlos utilizando técnicas de inteligencia artificial para ayudarnos a modelar mejor el planeta, predecir los impactos y los fenómenos climatológicos. Los datos son fundamentales, entendiendo los datos como una versión digital de una realidad subyacente.