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La utopía asiática

Gallegos y españoles residentes en China y Singapur relatan cómo han recuperado la “normalidad” mientras ven con “preocupación” la complicada situación en España

Gallegos y españoles residentes en China y Singapur relatan cómo han recuperado la “normalidad”

Gallegos y españoles residentes en China y Singapur relatan cómo han recuperado la “normalidad”

Gallegos y otros españoles residentes en China y Singapur relatan que hacen ya “vida normal” desde hace algún tiempo. Mientras que en China ya no usan la mascarilla, salvo en algunas excepciones como el transporte público, en Singapur caminan hacia una trecera fase de la desescalada que durará cerca de un año. ¿El secreto? Aplicar el sentido común, responsabilidad social y acatar las normas a rajatabla por muy estrictas que sean. Desde oriente viven con preocupación la situación actual en España.

“Yo creo que Galicia podría estar sin virus en un mes y medio o en dos meses, igual que aquí; creo que puede haber solución”. Son las palabras de esperanza de Sara Landesa, una empresaria viguesa afincada desde hace años en Chengdu. Sin embargo, se muestra crítica y preocupada con las noticias que le llegan sobre la gestión que aquí se está haciendo de la situación. “Es que ahí gestionan los políticos; aquí los políticos se han echado a un lado y se han puesto a disposición de los expertos, no al revés”, añade. La empresaria afirma que en China ya hacen una vida “completamente normal”, sin mascarillas salvo en el transporte público y algún caso más, algo utópico aquí ahora mismo: “Parece que vivimos en planetas diferentes y por eso, desde nuestro punto de vista, somos tan críticos, porque sabemos que se puede vivir sin virus, que una vez que se le vence, si no se le deja entrar ya no vuelve a haber”. Y ahí, en el blindaje del país parece estar una de las claves, según ella. “La lucha contra el virus se desarrolla en los aeropuertos internacionales designados para poder recibir vuelos del exterior y todas las normas van encaminadas a evitar que el virus entre en el país. Esa es la receta, el sentido común”, esgrime.

"Todas las normas van encaminadas a evitar que el virus entre en el país. Esa es la receta, el sentido común”

Sara Landesa

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Sara Landesa (dcha.),junto a Chen Shuangy RenatoTango FdV

La entrada al país se rige por un estricto protocolo por el que además de pruebas PCR se exige una cuarentena. “Los vuelos se pararon hace días porque en uno procedente de Madrid llegaron cinco personas contagiadas. Hay un sistema de premios y penalizaciones en caso de que lleguen o no personas contagiadas. Si no llegan contagiados esa aerolínea o esa ruta puede hacer más vuelos a la semana; pero si llegan positivos se para la ruta durante un tiempo hasta que sacan nuevas normas tras analizar lo que pudo haber ocurrido”, subraya.

El debate que estos días ocupa los medios en relación a la Navidad también le preocupa. “Ese debate de cuántos podemos jugar a la ruleta rusa, si 6 o 10, y si los niños cuentan o no en el cómputo...”, recalca. “Esa nueva transmisión de información a la gente de que que varias personas compartan cena en un lugar cerrado y sin mascarilla no es tan mala es aberrante, veo los informativos y no me creo que estén decidiendo cuántas personas se pueden reunir cuando hay un virus que no sabe de fechas y que está matando a la gente”. “Para mí la Navidad vuelve a ser un 8 de marzo, con el agravante de que estamos camino de la tercera ola”, se lamenta. “Aquí se permite entrar a las personas pero no al virus. Hablando con mis familiares me decían que en España no habían oído nada de que una madre no debe soplar la comida de un niño para enfriarla. No os han enseñado a entender al virus y ahora, con ese debate de la Navidad, creo que los que toman las decisiones tampoco lo entienden. Para mí no es ningún premio que a mis padres les dejen tener en casa gente que no convive con ellos en Navidad o cualquier fecha. No es ningún regalo, al revés. Cualquier cosa que consista en estar en un lugar cerrado y sin mascarilla que no sea entre convivientes es no proteger la salud pública y dar alas al virus. Aquí no lo dudaron, primero la vida y, después, el fin de año chino”, dice tajante.

“Para mí la Navidad vuelve a ser un 8 de marzo”, advierte la viguesa Sara Landesa

Bernardo García regresó a Noia en agosto procedente de Shenzhen, en la provincia de Guangdong, donde residía y trabajaba. Al llegar a Galicia se encontró “un caos”. “Cada uno aplicaba la ley como le daba la gana, gente que no quiere ponerse la mascarilla, terrazas llenas de gente sin protección...”, relata en tono apocalíptico casi. “Tampoco vi, digamos, a las fuerzas de seguridad haciendo que se aplique la ley”, apunta. En este sentido, el noiés apunta que “el estado chino no es el mismo que el español, ni tampoco es como europeo o el americano, pero en este tipo de situaciones se está demostrando que al colectivo social no se le puede permitir tener la opción de aplicar el ‘sentidiño’”, dice con desesperanza. “Es que me resultaba incluso esperpéntico ver a la gente, negacionistas, en la calle manifestándose. Asia ha demostrado que ha sabido controlar mucho mejor la situación, muy probablemente porque tienen una idea de la sociedad más colectiva”, constata.

Además, García califica de “panderetada” su regreso a España. “Tenías que rellenar un test, te preguntaban si tenías COVID y te decían que en caso de duda te podía ver un médico. Lo mismo con los turistas. Todos para adentro, increíble”, comenta con estupor. “Sé que hubo una cuarentena muy dura y muy estricta, y eso ayudó mucho; pero parece que la gente tiene una tolerancia al riesgo muy alto, incluso los jóvenes, que no son conscientes de que lo pueden ir extendiendo”. De todos modos, considera que “no se le puede echar la culpa a la sociedad, porque el problema viene de arriba. Me gustaría saber qué está haciendo el gobierno para controlar y mejorar la situación y salir de este pozo sin fondo en el que nos estamos metiendo. Hay ciertas medidas drásticas que hay que tomar, pero si no las tomamos...”, prosigue.

“Hace unas semanas se reportaron unos 30 casos en 48 horas y al gobierno chino no le tembló el pulso. Cerró la ciudad en la que pasó, se detectó a los contactos, se hicieron pruebas y siguieron adelante”, añade García, estupefacto ante la “pasividad aquí tanto de la gente como de los gobiernos”.

Javier Navarro, con su hija FDV

Otros españoles, desde diferentes puntos de China, también constatan el regreso a a la normalidad. El gaditano Javier Navarro, que ha vivido en Pontevedra unos cuatro años por motivos laborales, reside desde hace alrededor de una década en Dongguan, en el sur de China, e indica que “aquí, si no fuera por las noticias que llegan de fuera, por lo que uno lee de España, Europa o América, la gente casi se ha olvidado del virus y se está haciendo vida casi normal”, relata.

“No sé si aquí se han hecho mejor las cosas, pero cuando empezó a controlarse la situación fue todo a mejor y no ha habido segunda ola ni nada. En España sí que ha pasado, e incluso peor de lo que la gente pensaba, y me parece increíble, por ejemplo, que se haya permitido entrar a la gente en el país sin el más mínimo control, solo con la toma de temperatura, cuando aquí en China, aún ahora tienes que estar 15 días de cuarentena en un hotel, que te lo asigna el gobierno y te lo pagas tú y da igual las pruebas que presentes. En España entra todo el mundo”, se lamenta.

En cuanto a la Navidad, coincide con Sara Landesa. “Hace mucho tiempo que daba por hecho que en Navidad no iba a poder ir a España; puedo entrar, pero mi medio de vida y mi trabajo está aquí y si me voy a España a la vuelta tengo que estar en un hotel con mi mujer y mis dos hijas en cuarentena y es inviable”, asume. “A mis padres y hermanos les aconsejo salir lo mínimo posible, que intenten no tener contacto con la gente y que extremen las precauciones. Hay que entender que las Navidades este año van a ser diferentes y no por eso se va a acabar el mundo. No van a ser las Navidades de todos los años pero hay que adaptarse a la situación en la que vivimos”.

Por eso, Navarro no cree que España pueda recuperar pronto la normalidad que se vive en China: “Lo veo imposible, sinceramente. La única solución que veo es que llegue la vacuna, que se vacune un gran porcentaje de la población para que la situación se estabilice. Esto es una guerra contra una enfermedad, pero en España todo lo focalizamos en política y la verdad es que no creo que si hubiera otro partido en el gobierno las cosas hubieran ido mucho mejor, porque depende de una cultura, de una forma de ser. Puedes estar a favor o en contra de cómo se hacen las cosas aquí, pero en determinados casos funciona. Aquí la gente ha seguido a rajatabla las indicaciones que se han dado y hemos vuelto a la normalidad en un tiempo bastante rápido, si no hubiéramos hecho eso igual aquí seguiríamos igual. En España la gente se pensó que cuando se acabó el confinamiento ya se había acabado todo y que podían hacer vida normal y ni mucho menos, había que seguir teniendo cuidado y ha pasado lo que ha pasado”, concluye.

Yahaira FDV

Por su parte, Yahaira, que vive actualmente cerca de Jinan, aunque también vivió en la ciudad de Dalián, y es natural de Vitoria, apunta que “en España lo que no se ha hecho es cortarlo desde el principio, no han sido tajantes. Había que cerrar todo y que la gente fuera consciente de la situación porque yo desde aquí les digo a mis familiares que hago vida normal y no se creen que no llevo mascarilla ya”, indica. “Yo creo que con medidas tajantes desde el principio no estaría pasando lo que pasa a día de hoy; con medidas y con la gente concienciada como aquí; también es cierto que es otra cultura y los chinos están acostumbrados a obedecer más que nosotros y no son tan sociales, pero la gente está muy concienciada y eso también ha ayudado”.

Ana Martínez, enSanya, consideradoel “Hawái hino” FDV

En ese sentido, Ana Martínez, una bilbaína que vive en Pekín, apunta que “la única manera de controlar esto es mediante el aislamiento y, en cuanto se detecta un caso, localizar a los posibles contagiados, PCR masivo y responsabilidad individual”, dice. “En Pekín seguimos usando la mascarilla en el transporte público pero ya no es obligatoria ni en tiendas ni en espacios cerrados, aunque la mayoría la usamos. En España veo las cosas fatal, lo siento mucho pero es así. No solo a nivel de contagios, la economía va de mal en peor y creo que hay que educar a los ciudadanos y no frenar el comercio, no sé cómo va a ser posible remontar”, se pregunta.

“Lo que me llega de amigos y familiares es una desconfianza total en el gobierno, pero yo desde aquí creo que tampoco es solo el gobierno, algunas personas no están haciendo las cosas bien, la conciencia social falla. Los españoles de aquí estamos muy preocupados por la situación de nuestro país y no sabemos cómo ayudar. Estoy cansada de que me digan que aquí funciona porque es un régimen totalitario, no entro a valorarlo, pero no miremos solo a China, ampliemos la vista a toda Asia en general”, propone.

La viguesa Andrea González, con sus dos hijos Borja y Susana, en Singapur FdV

Y en ese ejercicio de ampliar horizontes aparece Andrea González, una viguesa que reside en Singapur y que previamente vivió en China. Allí, Borja, su hijo mayor (de 3 años), “se ponía la mascarilla en la calle, pero ahora ya solo en el cole”. “Aquí se han tomado prácticamente las mismas medidas que en China, pero, aunque Singapur es un país muy rico y funciona todo muy bien, siempre tienen mucho miedo a cualquier cosa que les pueda desestabilizar, por lo que en China ya no es obligatorio llevar las mascarillas y ya dejan entrar a gente que llegue de fuera con una PCR negativa, pero aquí no. Aquí prácticamente ya no hay casos, la mayoría han sido detectados entre los trabajadores en los ‘dormitorios’, el índice de mortalidad ha sido muy reducido y está todo muy controlado pero porque se han tomado medidas muy pronto”, indica.

“Hay muchas normas y muchas siguen todavía. Estuvimos confinados hasta la primera semana de junio y desde entonces seguimos en una fase 2, por eso aquí está controlado, porque las medidas se tomaron desde antes de que hubiese ningún caso. Dicen que antes de terminar el año pasaremos a la fase 3 y que va a durar un año aproximadamente”, anuncia.

“Aquí todo el mundo cumple las normas y ha habido el caso de algunos ingleses que no las han cumplido y han sido expulsados del país”, dice la viguesa, que apunta que en el caso de que los infractores sean locales, “además de la multa económica, te vas a la cárcel”. “Son medidas muy estrictas no para que la gente no se descontrole, porque por lo general aquí se cumplen las normas, pero para que sepan que si a alguien se le ocurre no cumplirlas, las consecuencias serán importantes”, advierte.

En Singapur concretamente “las fronteras siguen cerradas”. “No pueden entrar turistas de fuera y si alguien quiere salir tiene que solicitarlo al gobierno, y en caso de que te dejen salir cuando vuelves tienes que estar en un hotel 14 días en una habitación de la que no puedes salir ni abrir la ventana y tú, o tu empresa, debe asumir los gastos, que son de unos 2.000 dólares por persona”, dice Andrea González, que ya asume que esta Navidad no vendrá a casa: “No hemos ido en verano, no iremos en Navidad y, a este paso, no sé si vamos a ir el próximo verano, pero por lo menos aquí estamos seguros”.

“Las noticias que me llegan de España son terribles y me da mucha pena y más allá de que la gestión no sea la correcta, creo también que la gente debería ser más consciente de lo que está pasando. Es un virus que se puede controlar porque se ha controlado en un gigante como China, que es comunista, pero también en Singapur, que no lo es, lo que nos demuestra que se puede controlar si hay medidas y la gente las respeta. Creo que en España hay una ausencia de medidas y las que hay la gente no las respeta como debería”. Para la viguesa, “se pasó de un confinamiento muy estricto a una desescalada apresurada y es un error muy grande. En España la gente confía que va a llegar una vacuna mañana y, ojalá me equivoque, pero yo no creo que la vacuna vaya a ser la salvación. Esto está por encima de la política y de los políticos, en Europa y en América no lo están entendiendo”.

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