El director murciano Luis López Carrasco compite en el Festival de Sevilla con el magnífico documental ‘El año del descubrimiento’, en el que desmitifica un tiempo en el que este país se creyó avanzado. En 1992, en España se celebraron los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Expo de Sevilla y la inauguración del AVE. Pocos recuerdan que ese mismo año, en Cartagena, las protestas por las consecuencias de la reconversión industrial culminaron con la quema del Parlamento autonómico murciano.

En ‘El año del descubrimiento’, López Carrasco compone un mosaico de testimonios en primer plano para analizar tanto el germen de la revuelta como el motivo por el que, casi tres décadas después, este país sigue sin levantar cabeza. Tras ser premiada en certámenes cinematográficos de todo el mundo, la película –épica, apabullante, prodigiosa– se presentó ayer a concurso en el Festival de Sevilla.

– ¿Es consciente de que, sin saberlo, ha filmado una película sobre la pandemia? Al fin y al cabo, en ella se explica por qué España lo pasará tan mal en esta próxima crisis económica.

– Es cierto. En 1992 se institucionalizó un modelo económico basado en el turismo. La reconversión industrial en realidad fue un desmantelamiento, que se justificó a base de lugares comunes: que si las empresas eran obsoletas, que si eran franquistas, que si no se podían modernizar... Sea como sea, sirvió para implantar muchos de los males que hoy nos siguen lastrando, como la especulación inmobiliaria, la precariedad creciente del mundo laboral y la pérdida de poder de los sindicatos.

– De hecho, la película juega a confundir al espectador sobre la fecha a la que pertenecen los testimonios de sus protagonistas...

– Sí, filmé en el formato adecuado para generar esa ambigüedad anacrónica, y les pedí que vistieran ropa que pudiera pertenecer tanto a los años 90 como a la época actual. La idea es establecer un diálogo entre los que vivieron las revueltas en la Cartagena de 1992 y algunos de quienes encarnan la generación perdida con la recesión del 2008, y mostrar así que las crisis siempre las sufren los mismos.

– La quema del Parlamento autonómico murciano es un episodio casi desconocido de nuestra historia. ¿Cómo se lo explica?

– Porque en el 92 la gente estaba obsesionada con que los Juegos Olímpicos y la Expo salieran bien. Teníamos esa mentalidad de país subdesarrollado obsesionado por demostrar a los demás que en realidad es rico y moderno. Y todo lo que difiriera de ese relato comprado por la mayoría de la población y los medios de comunicación no cabía; fue una labor de olvido casi deliberada. A la sociedad española le hicieron creer que era clase media, y cuando oía las noticias sobre obreros no les prestaba atención.

– El 92 es también cuando Cartagena dejó de ser socialista. Ahora, allí se vota a Vox.

– Hay lugares del Campo de Cartagena cuyos habitantes llevan décadas en el abandono, y la rabia e impotencia que eso genera son el abono perfecto para que el discurso de la ultraderecha cale. En todo caso, es un fenómeno global: el capitalismo neoliberal ha comprendido que la democracia no es tan útil para sus objetivos como el autoritarismo.

– ¿Por qué decidió que la película transcurriera en su práctica totalidad en el interior de un bar?

– Porque los bares de barrio son lugares donde se juntan clases sociales distintas, minorías diversas y diferentes generaciones e interactúan; son espacios que son privados pero también públicos, y en los que se genera una extraña intimidad: allí las personas cuentan cosas y expresan emociones que a veces no se atreven a exteriorizar ni en su casa.

– ‘El año del descubrimiento’ habla de cosas terribles, pero no transmite pesimismo.

– El pesimismo me parece muy conservador, y me irritan las películas en las que los desfavorecidos son retratados permanentemente deprimidos. La vida diaria de los barrios está atravesada por muchísimo sufrimiento pero también por alegría.

– El elemento vertebrador de su obra –que incluye el largometraje ‘El futuro’ (2013) y el corto ‘Aliens’ (2017)– es la reflexión sobre el pasado reciente de España. ¿De dónde proviene esa inquietud?

– De la crisis económica del 2008. La crisis nos rompió. Rompió nuestros proyectos, y rompió nuestro relato colectivo. Yo me había formado y había empezado a trabajar, y de repente nada de eso servía. Me encontré desorientado y desasistido, y hacer cine es mi forma de intentar salir de esa confusión.