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El presente de la libertad se sube a la balanza

Especialistas en filosofía y otros campos ponen en duda la libertad antes del coronavirus y alertan de las consecuencias futuras

Las restricciones de movilidad, ¿son realmente un freno a nuestra libertad?.   | // FDV

Las restricciones de movilidad, ¿son realmente un freno a nuestra libertad?. | // FDV

En “Un virus soberano”, Donatella Di Cesare, profesora de filosofía en Sapieza Università de Roma, reflexiona sobre la pandemia del coronavirus como “un acontecimiento que ha marcado un antes y un después, que ya ha modificado el siglo XXI y hasta la manera de verlo”. En el libro, unas líneas después añade: “No solo somos espectadores, somos víctimas. Nadie está a salvo. El ataque se posa en el aire”.

En su obra, propone aprovechar el momento para inventar un nuevo modo de “existir en comunidad” mientras critica la crueldad del capitalismo en la pandemia. Ese existir en comunidad vive un momento delicado poniendo sobre la balanza libertad y múltiples consideraciones. ¿De verdad ha llegado el coronavirus para hacernos menos libres? ¿Será momentáneo o duradero?

Abraham Rubín, doctor en filosofía y profesor, aclara que “no es lo mismo entender la libertad en sentido individual o colectivo. La pandemia lleva consigo unas restricciones que afectan a nuestro modo de vida. Eso preocupa. Pero primero, hay que hacer unas precisiones. ¿Qué entendemos por libertad?”.

Para Rubín, “hablar con rigor del tema” supone reflexionar acerca de “si éramos libres antes de la pandemia o hasta qué punto lo éramos”. A continuación, opina que “cuando uno vive en una sociedad donde independientemente de las restricciones a nivel legal, se apunta como dominante un modo de vida muy concreto potenciado por todas las instituciones y buscando una homogeneidad a la hora de vivir y dirigiendo hacia un camino muy concreto para estar bien considerado o tener éxito, cuando uno vive en una sociedad así, habría que delimitar si eso es vivir libremente”.

El también filósofo y escritor (además editor de Galaxia) Francisco Castro enlaza con el parecer de Rubín: “Nunca fuimos libres de todo porque estamos controlados socialmente por la publicidad, por el sistema económico, por el género”.

A esta situación, le sumamos las restricciones de movilidad –desde ayer las siete ciudades gallegas y nuevas villas sufren cierre perimetral para atajar la expansión del SARS-CoV-2– y la posibilidad de ser rastreados mediante app o bluetooth (RadarCovid) para saber si hemos estado en contacto con personas contagiadas.

Las manifestaciones violentas de esta semana en Bilbao y Sevilla rememoran las concentraciones multitudinaria del verano en Berlín, París, Viena o Zurich con miles de personas en protestas anti-corona contra las restricciones gubernamentales.

En cuanto a las limitaciones explica Abraham Rubín,que “es negativo enfocarlo como una cuestión estrictamente individual de que yo como individuo quiero hacer una serie de cosas y no se me dejan.Yo diría que esa es una visión restrictiva de la libertad. La libertad individual al margen de los demás quizás no sea un concepto adecuado”.

Por si quedan dudas aclara: “No se trata de restringir tu libertad individual. A lo mejor, no tienes derecho a hacer lo que te dé la gana de manera individual si con eso pones en riesgo a tus conciudadanos”.

Francisco Castro, por su parte, subraya que hay restricciones a nuestra libertad que “no son opcionales. Quizás me gustaría ir por una carretera con límite de velocidad de 80 km/h a 120 pero no debo. Me temo que todas las restricciones que tenemos y que vamos a sufrir para controlar la pandemia no deben ser analizadas como un ataque a nuestra libertad. La seguridad (sanitaria) en este momento es prioritaria”.

Castro añade que “me parece demencial que, en un toque de queda ahora (por la pandemia), alguien diga que se lo salta por ejercer su libertad”. A su juicio, las restricciones actuales no son una coerción: “Las vivo como algo que ahora tengo que asumir porque estamos en una situación sanitaria peligrosa. Hablamos de más de un millón de infectados en España, una barbaridad”.

En este sentido, también se expresa la doctora en filosofía y ensayista Carme Adán. “Lo que nos tenemos que plantear, personalmente, es el bien superior y garantizar la salud de la población. Con las limitaciones de movilidad, se busca un bien superior. No pienso que se estén reduciendo nuestras libertades para siempre. El concepto de libertad no es lo que yo quiero, sino buscar la mejor forma de un bien común”.

No obstante, tanto Adán como Francisco Castro van más allá y lanzan una alerta que enlaza con lo expuesto en el documental “El dilema de las redes sociales” (The Social Dilemma). “Llevamos una década –explica Adán– regalando alegremente los datos a las empresas, sin ver que le damos acceso a nuestra intimidad. Con la pandemia, la intimidad saltó por los aires. Hemos dado libre acceso a nuestra geolocalización y a más cosas. El problema radica en que tenemos reguladas muchas cosas para los espacios físicos pero no así para los virtuales. Ese problema se acentuó con la pandemia”.

“Saben de nuestros gustos porque les dimos libertad para que nos conozcan. Esa información se la quedarán las grandes empresas para un mayor control de la población. La pandemia permite que el control esté legitimado por nosotros mismos”, reflexiona Adán, quien recientemente coordinó las jornadas del Festival de Filosofía del Consello da Cultura Galega sobre libertad, “Libres, en serio?” disponibles en la web de la entidad.

Francisco Castro reflexiona sobre el futuro: “Me preocupa mucho el escenario postpandemia. Los estados aprovechan siempre la más mínima oportunidad para coartar la libertad. ¿Hasta qué punto muchas cosas que nos están implementando van a continuar? ¿Hasta qué punto nos va a condicionar al acceder a un puesto de trabajo saber si pasaste una determinada enfermedad o si tienes predisposición a tenerla?”.

Pero este escenario pandémico y el mundo previo de dirección inducida, ¿no tienen solución?. “Lo que el virus ha desencadenado(...) es una involución. El freno ha sido echado, el resto depende de nosotros”, recoge “Un virus soberano”.

Castro asegura tener “miedo al algoritmo”. “Google, Facebook... saben mucho de nosotros. Llegará un momento en el que esa información la va a tener el estado. A partir de ahí, la utilización que se haga puede ser terrible. Cuando tengan por completo nuestro genoma y se sepa que tengo altísima probabilidad de tener cáncer o desarrollar un problema conoraria, ¿hasta qué punto el banco me va a dar un crédito?”, plantea. Ese Big Data ya está interfiriendo en la publicidad que vemos en internet o incluso en el ligoteo a través de Tinder y demás plataformas donde se ofrecen diversos candidatos o candidatas vía algoritmo. La merma de libertad incluso la sufrimos escogiendo series. “Pensamos que somos libres decidiendo pero no lo somos. Los contenidos están dirigidos para que los consumamos nosotros. Otra cosa es que tú tengas espíritu crítico y digas: ‘Un momento, algoritmo de Netflix, no voy a ver eso, voy a buscar’”, explicaba la productora de cine viguesa Sonia Méndez en las jornadas del Consello da Cultura. Allí, también reconocía que veía series “para no pensar, para evadirme de toda esta realidad”.

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