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Diana Rodríguez: “La parte emocional de nuestro cerebro la tenemos muy anulada”

“Si acumulamos demasiadas emociones negativas, estas van por el nervio vago al sistema nervioso y empieza la angustia” así como los trastornos psicosomáticos, avisa

Diana Rodríguez: “La parte emocional de nuestro cerebro la tenemos muy anulada”

Diana Rodríguez: “La parte emocional de nuestro cerebro la tenemos muy anulada” mar mato

Nuestro cerebro, metafóricamente, está compuesto por tres cerebros o estructuras. Uno es el reptiliano que necesitamos para los instintos básicos: placer y agresividad. El segundo es el mamífero, que se ocupa de la memoria y la motivación y que precisamos para gestionar las emociones. El tercero sería el neocórtex y nos vale para autorregularnos. Para la neuropsicóloga Diana Rodríguez Salgado, que participó ayer en Club FARO, “la parte emocional de nuestro cerebro la tenemos muy anulada”.

“En nuestra época, recordó ante el público, nos decían, venga, no pasada nada, no llores; no pasa nada, no te enfades. Había mucha anulación de la parte emocional; y de la reptiliana ¡ni te cuento!. Estaba casi prohibido enfadarse y disfrutar. Hasta hace poco era pecado”.

Presentada por la coach y sensei de judo Mariví García, Rodríguez Salgado indicó que “por la vida hay que ir con los tres cerebros, pero el neocórtex, el cerebro humano, siempre controlando a los otros dos”.

En su charla desgranó en qué se fija cada una de las tres partes del cerebro, al igual que muestra en su cuento para niños –sencillo, práctico, ameno y útil– “¿Cómo funciona mi cerebro?”, que ayer presentó también en Club FARO. Ante los asistentes, explicó que se trata de la Teoría del Cerebro Triuno, un método metafórico para detallar las distintas estructuras cerebrales.

Respecto del cerebro reptiliano, señaló que hay placeres positivos que nos llevan a disfrutar de lo básico. Los negativos serían los que nos animan a evadirnos de forma destructiva. Entre estos, citó los excesos al beber, fumar, los trastornos de la alimentación. En cuanto a la agresividad, indicó que “hay que defendernos a nosotros mismos y a los demás”.

Recalcó que “es muy importante enseñar a la gente a defenderse físicamente y si no te metes en una (actividad) extraescolar nadie te lo muestra”. Aquí, conectó con los puntos positivos del judo.

En cuanto al cerebro mamífero, recordó que es el que conecta con las emociones. “Si algo me emociona y me emotiva, queda en mi memoria”, de ahí, que esta segunda estructura cerebral sea la base de la neuroeducación.

Aquí, también distinguió entre emociones positivas (amor, ilusión, gratitud) y las negativas. Con estas últimas, aconsejó “tener cuidado”. “Las emociones están ahí siempre. Pero si nos centramos en el porque, porque estoy triste, porque tengo celos, porque mira lo que hizo... queda un pensamiento rumiante. Hay que tener mucho cuidado. Hay una zona en el sistema límbico que se llama la amígdala. Cuando estamos con pensamientos rumiantes, sumando emociones negativas y no las curamos o las tapamos con mecanismos de negación, al final, esas emociones negativas se acumulan”.

Entonces, deriva en una “amígdala sobreexcitada, rompe y manda toda esa información emocional por todo el cuerpo. En vez de sentirnos solo mal en el pensamiento, aparecen los trastornos psicosomáticos: ‘me duele la cabeza, me duele la garganta, el estómago’”.

Rodríguez Salgado aconsejó no rumiar las emociones negativas. “No hay que preguntar por qué sino para qué. ¿Para qué tengo miedo? ¿Para qué tengo culpa? Con ese para qué hay que buscar soluciones.Si acumulamos demasiadas emociones negativas, esta información va por el nervio vago al sistema nervioso y empieza la angustia”.

Por último, estaría el cerebro humano con un hemisferio derecho (gusto por la naturaleza, arte, música, deporte, espiritualidad) y el izquierdo (lógica, toma de decisiones, dialogar, habilidades sociales, sentido del humor, lectura, escritura).

“A veces, pedimos cosas a los niños y aún no son maduros”

“A veces, les pedimos cosas a los niños y aún no tienen maduro el prefrontal (neocórtex). Empieza a madurar entre los siete y 14 años de edad. Esto tarda, en general no se nace así, aunque algunos sí nacen con ello”, explicó ayer la psicóloga Diana Rodríguez Salgado. “Mientras no haya madurado, hay que tirar de motivación”, aconsejó. Alertó que “la pérdida del sentimiento de amor incondicional” en las figuras de apego de algunos jóvenes “da lugar a trastornos de conducta” como omo el negativista desafiante. “Se trabaja para que los jóvenes se den cuenta de que su figura de apego siente un amor incondicional hacia ellos”, añadió. También facilitó otros consejos como, por ejemplo, trabajar el cerebro reptiliano. Aquí, propuso, para evitar conflictos, escuchar a nuestro interlocutor y empezar diciendo “entiendo que ...” haciendo alusión a alguna de las opiniones que nos haya facilitado. También ayudaría la respiración con el diafragma; dejar claro lo que sentimos y necesitamos, utilizar el método del sandwich... Este último consistiría en destacar algo positivo antes de ofrecer nuestra visión crítica sobre algo.

Trabajar más el hemisferio derecho en los colegios

“En el colegio lo que más vemos es el trabajo con el hemisferio izquierdo y el derecho está muy olvidado. El cerebro que más potenciamos es el izquierdo y encima solo una zona”, lamentó la conferenciante. En cuanto a la hora de corregir a los niños o jóvenes, opinó que se les puede ayudar más y obtener mejores resultados estableciendo primero una conexión emocional con ellos por la que mostremos que entendemos su situación o emociones, para después, seguir con la corrección. Para nuestros problemas del día a día, también recomendó fijarnos en cuatro puntos y responder a preguntas. Primero, habría que contestar qué piensas de tu vida; después qué sientes; para luego reflexionar sobre lo que se necesita y, al final, decidir qué hacer. De esta manera, nos surgirían respuestas que nos ayudarían a superar el momento, sin olvidar ser proactivos, tomar distancia a la hora de analizar algo e intentar gestionar bien nuestro tiempo estableciendo prioridades según lo urgente e importante.

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