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Un pulso al cáncer en la era de la Covid-19

Una viguesa con cáncer de mama relata cómo afronta la enfermedad en medio de la pandemia

Mercedes Fernández Caramés, en la plaza de la Independencia de Vigo.

Mercedes Fernández Caramés, en la plaza de la Independencia de Vigo. RICARDO GROBAS

Aunque la actualidad sobre la crisis sanitaria del Covid-19 parece haber borrado de un plumazo el resto de enfermedades, lo cierto es que estas no han perdido empuje. Este es el caso del cáncer de mama, del que mañana se celebra su día mundial, una patología con la que miles de mujeres mantienen un pulso vital. Cada segundo se diagnostica a una mujer con cáncer de mama en el mundo. En España se constatan más de 33.300 nuevos casos cada año y es la primera causa de muerte en mujeres.

A Mercedes Fernández Caramés se lo diagnosticaron en 2014. De repente, descubrió un bulto en el pezón del seno izquierdo y enseguida se le encendieron las alarmas. Resultó ser un tumor maligno de seis centímetros. Tras una mastectomía, fue sometida a quimioterapia y radioterapia. Dos años después, se sometía a la segunda operación de reconstrucción de seno.

Sin embargo, esta intervención no supondría para esta viguesa de 46 años el final de su lucha contra el cáncer, que le ha provocado también un linfedema en el brazo izquierdo como consecuencia de la extirpación de los ganglios linfáticos, que es parte del tratamiento oncológico. La enfermedad es pertinaz con ella y parece no querer darle tregua. Aunque ella tampoco se rinde. "Las lamentaciones no funcionan; las soluciones sí", sostiene.

En octubre de 2018 comenzó a fatigarse sin que hiciera ningún esfuerzo y cada vez tenía más dificultad para respirar. Las neumonías se cebaban con ella y tuvo que ser ingresada en cuatro ocasiones en siete meses. En ese tiempo, fue diagnosticada de hasta cinco enfermedades distintas, entre estas de fiebre Q, granulomatosis de Wegener y, finalmente, de fibrosis pulmonar, y tuvo que recibir tratamiento domiciliario con oxígeno, que se le retiró aún el pasado mes. El cáncer nunca estuvo entre las sospechosas de su paulatino empeoramiento, aunque ella preguntó en varias ocasiones por esta posibilidad. El 1 de mayo de 2019 volvía a ingresar de nuevo. Tenía un nivel de oxígeno en sangre de 60 milímetros de mercurio (mm Hg). "Era un cadáver andante", reconoce.

Fue entonces cuando la palabra cáncer volvió a la palestra. Y esta vez no venía sola. Tenía metástasis en los huesos: pelvis, sacro, columna y esternón. Las células del tumor primario se diseminaron también hasta las meninges, ocasionando un carcinoma leptomeníngeo, y en enero de este año le descubrieron unas lesiones en la cabeza. "Me radiaron y algunas lesiones desaparecieron y otras se mantienen estables. Yo en estos momentos estoy estable. Sabes que una vez que tienes metástasis ya no te curas, pero al menos que tengas calidad de vida", afirma esta viguesa.

Durante esos siete meses, Mercedes estuvo prácticamente encamada y rutinas como ducharse ponían a prueba sus límites. Esta experiencia, de la que prefiere pasar página para centrarse en vivir, dice, le enseñó a valorar cosas tan elementales como respirar y tener autonomía, y como entrenamiento para el confinamiento. "Al haber estado en cama tantos meses, el confinamiento lo llevé bien y usar mascarilla tampoco es algo que no hiciera ya antes de la pandemia. Le tengo respeto al coronavirus, pero vivo. Soy prudente porque soy consciente del riesgo. Salgo a la calle y paseo, a mi ritmo y hasta donde puedo. Lo que no hago es tomarme un café en una cafetería", comenta.

La quimioterapia la lleva bien, asegura, aunque reconoce que no siempre fue así. Recuerda que durante un mes tuvo muchas molestias estomacales, y esto la desazonaba. "Llegué a decirle a la oncóloga que no merecía la pena vivir así. Luego me di cuenta de que el cuerpo necesita un periodo de adaptación. Tenemos que darle tiempo a las cosas y no venirnos abajo a la primera de cambio. Y habrá días malos, claro, pero también otros buenos. Yo ahora estoy bien y es lo que cuenta", defiende.

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