De Pompeya seguirán hablando las generaciones venideras porque la ciudad romana que sucumbió bajo la furia del Vesubio continúa albergando muchas sorpresas a historiadores y arqueólogos. Así lo cree Fernando Lillo, autor de "Un día en Pompeya" (Espasa), libro que transporta al lector a la famosa ciudad un sábado cualquiera de la primavera del año 79 d.C., meses antes de su dramático final. "Nuestros hijos, nuestros nietos, sus nietos continuarán hablando de Pompeya porque la ciudad guarda aún muchos secretos", aseguró el doctor en Filología Clásica, y profesor de Latín y Griego en el IES San Tomé de Freixeiro de Vigo. En este sentido, recordó que las 66 hectáreas de extensión que tiene la ciudad romana, solo 44 están excavadas.

Una prueba de ello es la pintura encontrada este mismo año en la parte que aún queda por excavar y que representa, detalló Lillo, una tercera parte de esta ciudad de la Antigua Romana, situada cerca de Nápoles. Este fresco representa a dos gladiadores luchando y se encuentra en un estado de conservación óptimo, a juzgar por la diapositiva que proyectó Lillo durante su conferencia en el Club FARO. Entre otros detalles que aporta este descubrimiento está la forma en la que estos luchadores manifestaban su rendición porque, como aclaró Lillo, en estas luchas estaba prohibido matar al oponente.

"Había un arbitro, a veces incluso dos, que decidía cuándo se paraba el combate y cuándo se reanudaba porque, al contrario de lo que se cree, los gladiadores no podían matarse", afirmó el filólogo.

Cuando el gladiador se rendía, el árbitro solicitaba el veredicto del público, que era el que decidía si vivía o moría, Pero no alzando o bajando el pulgar como se ve en las grandes producciones hollywoodenses. "Nada de lo que hemos aprendido de los gladiadores en las películas es cierto", aseguró.

En aquella época también había "hooligans", como demuestra otra de las pinturas rescatas de entre las cenizas, que muestra los altercados entre oponentes durante uno de los combates. Incluso fueron prohibidos durante diez años, aunque el castigo se levantó unos tres o cuatro años después, gracias a que Popea, esposa de Nerón, tenía un pariente que vivía en esta ciudad.

Durante su intervención, Lillo invitó al público que asistió al salón de actos del Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) a acompañarlo en un viaje en el tiempo y a imaginar cómo era la vida en Pompeya a través de la jornada de un panadero. Con este como guía, mostró cómo era el foro, el corazón económico, social y político de la ciudad, antes de la erupción del Vesubio y ahora, pero también mostró cómo eran los bares, las famosas termas romanas, una sala de juegos, los deportes y juegos de los romanos del siglo I después de Cristo y la organización de una ciudad. "Muchas cosas de la administración romanas aún vivimos" afirmó,

En este recorrido por Pompeya, Lillo mostró la casa de uno de los candidatos a "dunviro" -el equivalente al alcalde-, Cuspio Pansa, una de las viviendas de Pompeya -"y probablemente del mundo romano", matizó- que tiene el atrio más bonito.

Recordó que en Pompeya todo era color, aunque ahora las ruinas sean de un monocromo gris. "Al estar sepultada bajo las cenizas se conservaron los colores de las fachadas, las pinturas y los mosaicos, pero la intemperie los deteriora. Con el objetivo de conservarlos, muchos fueron trasladados al museo de Nápoles", explicó el profesor vigués.

A Pansa, que viste la toga cándida -de ahí el término candidato- le acompaña este panadero, junto con otros pompeyanos, hasta el foro, porque en la Antigua Roma, la importancia del candidato se mide por el número de ciudadanos que lo acompaña. Por cierto, que Lillo matizó que los políticos romanos no cobraban y que los candidatos eran los que se pagaban su propia campaña. Una campaña que podía estar apoyada por ciudadanos. Se conoce el nombre de los dueños de algunas casas y tabernas de Pompeya precisamente por los mensajes de apoyo a uno u otro candidato escritos por sus propietarios en sus fachadas. En este sentido, Lillo recordó que las mujeres no podían votar en la Antigua Roma, pero sí manifestar su apoyo por un candidato. "Las mujeres en Roma también podían tener dinero y muchas de ellas lo tenían", añadió el ponente, que trajo consigo algunos objetos romanos, como una pelota, dados, una escobilla romana y un artilugio para evitar hacer trampas en los juegos de dados, para ilustrar su exposición.