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Andrés Íñiguez - Jefe de Cardiología del Chuvi

"Los sanitarios no queremos ser funcionarios; la gestión de personal debe ser por competencias"

"Es un error no aprovechar el momento para dinamizar el sistema sanitario" "El Congreso ignoró a pacientes y médicos en su pacto por la Sanidad"

Íñiguez Romo.

Íñiguez Romo. // Ricardo Grobas

Las sociedades científico-médicas han emitido esta semana un comunicado en el que rechazaban algunas de las conclusiones del Grupo de Trabajo de Sanidad y Salud Pública de la Comisión Parlamentaria para la Reconstrucción Social y Económica, que finalmente han sido aprobadas el pasado miércoles. El jefe de Servicio de Cardiología del Chuvi, Andrés Íñiguez Romo, que además es patrono de la Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (IMAS) y que pertenece a la junta directiva de la Federación de Asociaciones Centífico-Médicas Españolas (FACME), considera que las propuestas que se acaban de aprobar en dicho proyecto de reconstrucción adolece de "errores y limitaciones". Una opinión que, según apunta, comparten las asociaciones de pacientes.

-Las sociedades científico-médicas han mostrado su rechazo a las propuestas del Grupo de Trabajo de Sanidad y Salud Pública en la Comisión Parlamentaria para la Reconstrucción Social y Económica.

-Partimos de un informe que tiene 68 propuestas, algunas muy acertadas y otras meras declaraciones de intenciones que dudo que se lleven a cabo, pero sí que hay cinco puntos que se deben resaltar. El primero es el de la participación, de qué agentes han participado o participan en el sistema y qué consideraciones se tiene hacia ellos. Las conclusiones de este grupo de trabajo dedican su primer apartado a la gobernanza del sistema, donde se parte de un precedente que no es aceptable porque ni las sociedades científico-médicas, salvo excepciones puntuales de una sociedad en concreto, ni las asociaciones de pacientes han sido llamadas a comparecer en esta comisión. Se nos ha ignorado a los dos agentes principales del sistema que son los pacientes y los profesionales. En cuanto a esta gobernanza, las propuestas no concretan la composición de los órganos de gobierno, con lo cual no va a existir una adecuada gobernanza mientras a estos órganos de gobierno no se incorporen los profesionales sanitarios y los ciudadanos y pacientes. De hecho, la propia presidenta de la plataforma de organizaciones de pacientes ha escrito un comunicado mostrando su indignación ante la aprobación de estas medidas diciendo que era un día triste para las asociaciones de pacientes y para los más de nueve millones de personas con enfermedades en España a los que representan, porque no han sido escuchados ni aceptados ninguno de sus planteamientos.

-¿No ha habido diálogo?

-No se nos ha llamado ni a las asociaciones de pacientes ni a las sociedades científicas. Yo soy miembro de la directiva de la FACME y la gente tiene que saber que esa asociación representa a 45 de las 46 sociedades científicas en España, con un volumen de profesionales afiliados de más de 100.000 médicos. Que no se tenga en consideración la opinión de la asociación que representa a más de 100.000 médicos en España es, desde el punto de vista científico, cuanto menos una desconsideración y creo que también es un error estratégico porque si alguien sabe de sanidad somos los profesionales.

-¿Qué cabe esperar ahora?

-Soy bastante crítico, en el sentido de que no se va a acabar con dos limitaciones muy severas del sistema público de salud. La primera es que se va a seguir con injerencia política partidaria y con un sistema burocrático. En el Grupo de Trabajo no se recoge autocrítica alguna sobre la instrumentalización política que existe en la sanidad y el distanciamiento entre profesionales y políticos cada vez es mayor. Mientras no se profesionalice la gestión y se transfieran las responsabilidades organizativas y la gestión a los profesionales, sobre todo en las juntas de gobierno de las instituciones sanitarias, seguiremos con una sanidad politizada y una gestión burocrático-administrativa y jerárquica va a ser uno de los elementos que va a limitar la capacidad de enriquecer y mejorar el sistema.

-¿Y la segunda limitación?

-La segunda es la competencia profesional. Tenemos un sistema de gestión inadecuado y no tiene equivalencia en los países que nos rodean. La mayor parte de las personas que trabajan en el sistema público de salud son estatutarios, pero nosotros no queremos ser funcionarios. Esa gestión de personal debe estar basada en competencias y en perfiles profesionales. Es un error no aprovechar este momento para dinamizar el sistema y que hubiese un proceso previo de méritos a través de las sociedades científicas que mejoraría enormemente la cualificación de la gente que se incorpora al sistema y todo eso no se reconoce. Se mantiene un sistema burocrático administrativo que yo creo que es una profunda lacra del sistema.

-¿Qué cabe esperar ante una posible nueva ola de la pandemia?

-No debemos olvidar que este tipo de pandemias tienen su ciclo. Yo estoy convencido de que acabará convirtiéndose en una enfermedad crónica porque aparecerán no una sino varias vacunas que proporcionarán inmunidad en un porcentaje variable, como ya ha ocurrido con otras enfermedades a lo largo de la historia. El problema es que no sabemos cuándo tendremos otra pandemia de otro virus o de otro tipo de patología que nos vuelva a colapsar el sistema y a mostrar las limitaciones del mismo y a desaprovechar una oportunidad histórica para haber dinamizado el propio sistema público sanitario, que es de lo mejor que tenemos, no me cabe duda. Hay que defenderlo potenciarlo y financiarlo adecuadamente.

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