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Supersónico, el regreso

Cuando se cumplen 20 años del accidente del Concorde, la industria aeronáutica se prepara para volver a romper la barrera del sonido

Imagen del morro del Overture.

Imagen del morro del Overture. Foto: B. Supersonic

Hace veinte años y un día, el 3 de junio de 2000, el vuelo 4590 de Air France terminaba estrellándose a los pocos segundos de despegar del aeropuerto Charles de Gaulle en la localidad de Gonesse, en el que fue el único accidente de un Concorde pero que dio la puntilla final a una carrera supersónica iniciada a su vez treinta años antes.

Aquel aparato, al igual que ocurría casi en las mismas décadas con la exploración espacial, imprimía, a pesar del ruido, el alto consumo de combustible, de 25.680 litros de queroseno por hora, y por tanto unos importantes ratios contaminantes, la falsa impronta de una sociedad que vista desde ahora parecería más avanzada que hoy, cosa que no es tal.

En Canarias se vivieron las pasadas y visitas del Concorde como el culmen de la industria aeronáutica que era, algo que incluyó también un importante susto, tanto en la capital de como en el sur grancanario cuando el 6 de febrero de 1991 sobrevolaba la isla en su ruta Dakar-París rompiendo la barrera del sonido a las cuatro y media de la tarde, desastrando cristales con tal estampido que la gente salió a la calle sin saber muy bien qué diablos había pasado porque al llegar a la cancela el culpable ya se encontraba en el Atlántico.

Todo lo que tenía que ver con aquel pájaro desgarbado en tierra, a cuenta del pico que bajaba para permitir la visión a los pilotos en tomas y despegues, pero afilado como una flecha en el aire, era de otro mundo, desde los precios de sus pasajes solo aptos para megarricos del formato de la Reina de Inglaterra, Elton John y Mick Jagger, Joan Collins, Elizabeth Taylor o Sean Connery, como por unos menús tres estrellas que no escatimaban en golosinas, pero sobre todo por sus capacidades técnicas, que incluso le permitían perseguir a los eclipses.

Precisamente por uno ellos vendría más pronto a Canarias que incluso a Madrid, cuando se presenta el 27 de junio en plena calima en el aeropuerto de Gran Canaria para participar en un experimento inaudito hasta la fecha, el de tratar de trazar un mapa de alta resolución de la estructura de la cromosfera solar persiguiendo la sombra del eclipse que tres días más tarde comenzaría por el Sáhara cruzando África, esta vez con el aparato dentro del fenómeno solar y chancleta a fondo durante 74 minutos tomando datos a través de un espectrógrafo submilimétrico situado bajo una ventana de cuarzo instalada para la ocasión en la parte alta del fuselaje. Esa carrera de guepardo finalizaba en Chad, con el premio gordo de conseguir así las primeras observaciones del sol en infrarojos.

Esto gracias a una velocidad de crucero de 2.160 kilómetros por hora o Mach 2, según las cifras de British Airways, que más que duplica la de los aviones de transporte de pasajeros actuales, y que le permitía rarezas como cubrir el vuelo París-Nueva York en unas tres horas y media, de tal forma que se llegaba a América 'antes' de haber salido. De hecho, el que partía a las 10.30 de Charles de Gaulle llegaba al aeropuerto John F. Kennedy a las 08,30.

Pero caro, ruidoso, contaminante y poco rentable, el proyecto Concorde si bien se intentó mantener tras el accidente de 2000 fue retirado en 2003, y parecía que volver a romper la barrera del sonido en un futuro para la aviación comercial sería un imposible por los nuevos criterios de consumo y las cada vez más estrictas medidas medioambientales, que incluyen la mitigación de la explosión sónica de la onda de choque provocada cuando el aparato sobrepasa la velocidad Mach 1.

Para superar todos esos retos y salir pitando están compañías como Boeing, que anunciaba en febrero de 2019 un acuerdo con Aerion para lanzar en 2023 un pequeño avión supersónico de 12 asientos; Spike Aerospace, que propone para 2026 el futurista S-512 Supersonic Jet; la 'UTE' formada por Virgen Galactic y la NASA, agencia que está desarrollando el demostrador X-59 QueSST; y por último Boom Supersonic, que de momento se ha revelado como la más lista de la clase con el diseño de Overture, un avión con todas las letras con capacidad para hasta 75 pasajeros, un número similar al que puede transportar un ATR 72 habituales en los cielos de las islas, y que promete unos precios de pasaje similares a los de la clase Business.

Para ello pondrá este verano en el aire el demostrador XB-1, con un tercio del tamaño final del Overture, aunque como detalla la empresa con un posible retraso porque en estos momentos fabrican componentes sanitarios por la pandemia del coronavirus.

El proyecto Overture, del que estiman una producción de entre mil a dos mil aparatos a partir de la mitad de década y con más de un centenar de pedidos ya sobre el papel, alcanzará una velocidad superior a la del Concorde, de hasta Mach 2.2, es decir de 2,335 kilómetros por hora, por lo que un Madrid-Gran Canaria descontando el despegue, aproximación y aterrizaje lo reduciría a una vuelta en guagua de San Telmo al Santa Catalina, poco más o menos.

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