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María José Romero: "Pese al bajo número de fallecidos, Singapur sufre la mayor crisis de su historia"

El país asiático fue modelo en la lucha contra la pandemia y en el uso de nuevas tecnologías frente al Covid-19

María José Romero, en el parque Merlion de Singapur.

María José Romero, en el parque Merlion de Singapur.

La viguesa María José Romero Bandeira lleva más de dos meses sin poder impartir clases de español en la Management University de Singapur. Ahora trabaja desde el despacho de su casa, que se encuentra justo enfrente del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas, hospital que se ha convertido en el principal receptor de casos de coronavirus. La ciudad-estado del Sudeste Asiático fue en un primer momento ejemplo de gestión frente al Covid-19 -aunque después sufrió un repunte de casos- y también en el empleo de nuevas tecnologías para hacer frente a la pandemia. En Singapur se han diagnosticado más de 33.000 contagios y han fallecido 23 personas.

-¿Cómo está viviendo esta situación un país tan dinámico como Singapur?

-Aunque el número de fallecidos es muy bajo, en los más de veinte años que llevo viviendo aquí, ésta ha sido sin duda la crisis sanitaria, social y económica más fuerte que ha atravesado el país. De hecho, el gobierno la ha calificado como la mayor crisis desde la fundación de Singapur en 1965. Todo empezó tras la celebración del Año Nuevo Chino, es decir, a partir del 27 de enero, con la llegada de turistas de China, haciendo de Singapur uno de los primeros países afectados por el coronavirus fuera de China. Recuerdo que por entonces les había contado a mis hermanos que viven en Vigo lo que se nos venía encima, ya que empezaba a percibirse un cierto ambiente de miedo. Me contestaron con mensajes de tranquilidad y con una percepción bastante lejana del problema? Quién les iba a decir lo que tan solo un mes después empezaría a pasar en Europa.

-¿Cuáles son los motivos que explican la rápida actuación de las autoridades tras los primeros contagios?

-La rápida reacción de Singapur a esta pandemia se debe al departamento de gestión de crisis que creó el gobierno en el año 2003 a consecuencia del SARS, un equipo capaz de coordinar decisiones y comunicación urgente ante posibles pandemias. Este equipo unió esfuerzos con el Ministerio de Salud y la Policía. Además, se movilizaron rápidamente la investigación biomédica, los laboratorios y más de mil clínicas del país. El gobierno también asumió los costes de las pruebas y el tratamiento -incluida la hospitalización-, lo que redujo las trabas para aquellas personas que necesitaban atención y no la podían pagar. Por otra parte, se tomaron medidas estrictas de confinamiento y a las personas que habían estado en contacto con algún contagiado se les ponía en cuarentena, así como se enviaban avisos de quedarse en casa a quienes volvían de países con transmisión comunitaria del coronavirus.

-¿Y cuál fue la causa del repunte en los casos?

-Cuando en marzo empezábamos a recuperar la normalidad, y después de que Singapur se considerara un modelo a seguir, se produjo una segunda ola de contagios con el retorno de los estudiantes singapurenses venidos de otros países. La incertidumbre volvió y los casos se fueron incrementando, por lo que el 7 de abril comenzó el confinamiento general de la población, confinamiento que en principio era hasta el 4 de mayo y que después se prolongó hasta el 1 de junio.

-La segunda ola de la pandemia afectó sobre todo a los trabajadores extranjeros más vulnerables.

-La población más afectada por el coronavirus en Singapur es la que vive en los llamados dormitorios, donde el distanciamiento social no es posible. Se trata de alrededor de 300.000 trabajadores que habitan en 43 zonas distintas, repartidas por toda la ciudad, de las que 19 han sido totalmente confinadas y el resto han tenido cierres parciales. Durante estas últimas semanas, muchos de estos trabajadores han sido trasladados a campamentos militares, hoteles flotantes o algunos edificios vacíos con áreas verdes e instalaciones deportivas para mejorar sus condiciones de vida.

-¿Eran conscientes de las condiciones en que vivían esos inmigrantes?

-Esta crisis ha puesto de relieve la necesidad de mejorar las condiciones de este sector tan vulnerable y confiamos en que va a haber un antes y un después. Además de las ayudas del gobierno, la ciudadanía ha emprendido muchas campañas para ayudarles. Por ejemplo, una amiga mía tuvo la iniciativa de reunir fondos para proveer a los trabajadores de snacks, ya que las necesidades básicas las ha cubierto enteramente el gobierno. Pues bien, en una semana recaudó 40.000 dólares singapurenses diarios (SGD) para poder dar esta pequeña alegría a unos 27.000 trabajadores y así hacerles llegar el mensaje de que los singapurenses no son indiferentes a lo que les está sucediendo.

-Singapur utiliza un novedoso sistema de rastreo de personas infectadas a través de bluetooht en el móvil. ¿Qué otras aplicaciones están utilizando?

-La comunicación a los ciudadanos ha sido constante, tanto desde los medios de comunicación como en las redes sociales. Un ejemplo ha sido el mensaje diario del gobierno que envía por whatsapp a quien lo desee para informar del estado del coronavirus en todo el país, con las zonas más afectadas y el número de casos. Las aplicaciones más usadas en Singapur durante esta crisis son TraceTogether, que facilita los vínculos del contagiado, y SafeEntry, que funciona a través de código QR y registra la entrada a un lugar determinado; ésta es la app que ya usamos para entrar a los supermercados, farmacias o incluso parques.

-También fue noticia el perro-robot utilizado para garantizar la separación de las personas en los parques.

-En el parque Bishan-Ang Moh Kio Park está en fase de ensayo lo que se llama perro robot patrulla. El robot, fabricado por Boston Dynamics, con sede en EE UU, está equipado con una cámara para monitorear el nivel de ocupación del parque. También lleva un altavoz para transmitir mensajes de distanciamiento social.

-¿Desde cuándo reside en Singapur y cómo realiza ahora su actividad docente?

-Vivo en esta ciudad-estado desde el año 1995, cuando llegué desde Filipinas para continuar con la labor apostólica del Opus Dei en este país y en los de alrededor, como Malasia y Vietnam. En la actualidad doy clases de español en la Singapore Management University, ahora de forma virtual. Ademas, soy miembro del Consejo Directivo de Pafed, una entidad educativa que tiene tres guarderías en Singapur.

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