El checo Peter y la alemana Benita pasan el confinamiento en un albergue habilitado por la Xunta de Galicia, en el Monte do Gozo, en Santiago de Compostela, después de que la declaración del estado de alarma sorprendiese a ambos en pleno peregrinaje justo a la altura del municipio lucense de Sarria.

Peter Kriz y Benita Ahlf recorrían tan tranquilos el Camino francés con sus respectivos perros Arco y Flecha cuando un agente de la Guardia Civil les dio la señal de alto y les comunicó que no podían seguir con su aventura porque se había decretado el estado de alarma por la pandemia. Su asombro fue tremendo cuando aquel agente les hizo el siguiente apercibimiento: "No podéis andar así. Dos metros separados y aquí termina vuestro viaje".

Él rememora ese momento, más tranquilo en este refugio, en una conversación con Efe: "No teníamos ni idea de lo que había pasado y nos cogió de sorpresa". Pero no dudaron en respetar tal orden, por civismo y responsabilidad social.

Diligentes, los dos, abrieron su tienda de campaña, ya que ellos no usan albergues, y pasaron casi un mes entero acampados en el campo de la feria sarriano. Al truncarse sus planes, acabaron por quedarse sin dinero y no tenían qué comer, pero ahí la solidaridad del pueblo impidió su desamparo.

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"La gente nos traía muchas cosas para ayudarnos; un día venía una vecina con una tortilla, otro día nos agasajaban con otro plato", relata muy agradecido Peter, que indica que también la Policía Local les llevaba alimentos de Cáritas.

Además, desde la Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Sarria les facilitaron comidas varias al ser conocedores de que "se veían sin nada", apunta en una conversación con Efe el encargado de este departamento, Benjamín Escontrela.

Se mantuvieron Benita y Peter en esa localidad de la provincia de Lugo cerca de treinta días pero, como tenían ganas de conocer Santiago y se enteraron, aunque tarde, porque la cuestión idiomática influye, de que se había habilitado un albergue para acoger a los peregrinos que se hubiesen quedado "colgados", decidieron hacer una excepción en su costumbre de no recurrir a estos establecimientos.

Así las cosas, les ayudaron a llegar a su meta. Alcanzaron la ciudad de la majestuosa plaza del Obradoiro de un modo muy distinto al inicialmente pensado. Sus pasos no los condujeron a la catedral.

El propio Ayuntamiento de Sarria les puso un taxi que los llevó al Monte do Gozo, donde se encuentran ahora, justo en el pabellón 28. Son los únicos moradores de ese recinto en el que están "bien", señala Peter, dado que tienen "cama, cocina y agua caliente" para sobrevivir sin problemas mientras no les permitan marcharse, es decir, en cuanto siga restringida la movilidad.

Él, granjero, empezó a caminar el pasado agosto desde Praga y atravesó numerosas ciudades europeas como Múnich, Berna y París. En esa ruta conoció a Benita y empezaron juntos el Camino Francés desde Saint Jean Pied de Port.

"Comenzamos a andar juntos hasta Sarria con nuestra tienda de campaña porque no usamos albergues. Y seguimos así, buscando la supervivencia".

Para conseguir ingresos una vez vaya avanzando la desescalada y sean menos las restricciones, Peter ya tiene un plan, pues en su travesía conoció a un granjero de Taboada (Lugo) que le ha ofrecido trabajar con él, algo que acepta de buen grado ya que suele llevar "una vida nómada" y no tiene un hogar al que regresar en su país.

Benita verá qué hacer. Nadie, y ellos tampoco, entra en pánico cuando las cosas van avanzando, aunque no sea exactamente según lo previsto.