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De la imposible distancia a la lección de Buzzati

La ópera, el espectáculo más anacrónico, se adapta a los tiempos del virus

Una ciudadana italiana, en el metro de Milán. // DPA

Una ciudadana italiana, en el metro de Milán. // DPA

La ópera, uno de los espectáculos más anacrónicos, tendrá que adaptarse a los tiempos del coronavirus. Pero, para hacerlo, ha elegido comportarse con prudencia. El plan de La Scala de Milán es reabrir en septiembre con Verdi y Beethoven, cuenta "Corriere della Sera". Antes no resultará factible, según su superintendente. El distanciamiento social en una teatro de estas características es imposible. Las puertas y los pasillos son demasiado estrechos, el vestíbulo lleno de gente suele estar tan lleno como un armario bien provisto. Los cien músicos del foso no pueden separarse y es aún peor para el coro y el ballet. Tomaría horas acomodar los espectadores siguiendo las pautas de la distancia. Y hacerlo de una manera desahogada no resultaría rentable incluso con un aforo superior a las dos mil butacas.

Para Dominique Meyer es mejor no apresurarse y regresar con seguridad para que el teatro conserve la apariencia de siempre. Después del verano, habrá luz verde. Obras elegidas: ojalá el "Requiem" y la "Novena". El primero es la piedra angular de la historia del gran teatro milanés: en la memoria está el concierto dirigido por Toscanini después de la guerra. El "Himno a la alegría" pretende ser un signo de esperanza y confianza en el futuro. La dirección propone actuar también en Bérgamo y Brescia, las otras dos ciudades, además de Milán, donde la pandemia resultó ser más devastadora: los grandes escenarios del drama de Italia. Cerrado hasta septiembre, las pérdidas en el gran coliseo supondrán alrededor de 20 millones. Equilibrar el presupuesto será complicado sin contar con el público extranjero, que suponía un tercio de los ingresos.

Paolo Valentino ha advertido en el diario milanés de la lección de Dino Buzzati sobre aquello que se escapa de nuestro control. Pero para ello da un rodeo y cita al sociólogo alemán Harmut Rosa y la "modernidad tardía", una expresión que define la voluntad de disponer del mundo a nuestro antojo, "la arrogancia de considerar el planeta, sus recursos, sus distancias, sus ciclos naturales permanentemente a mano, todo al alcance de la tableta, vuelos de bajo costo?", etcétera. Cualquier evidencia de indisponibilidad se experimenta de una manera catastrófica y provoca ansiedades comparables en dimensiones abismales: la pérdida de cobertura del teléfono celular con una epidemia. El mundo ha dejado de resonar y solo lo hace en circunstancias extremas. Nicolas Weill, al que también cita Valentino, explora las tesis de Rosa en un artículo escrito en el parisino "Le Monde", donde menciona tres obras del siglo XX que sirvieron para anticipar con "arquitecturas metafóricas" la naturaleza angustiante de nuestra relación con el mundo. Son: "Le Terrier", de Kafka; la trilogía de Beckett ("Molloy", "Malone muere", "El innombrable") y "El desierto de los tártaros", de Buzatti.

La leyenda cuenta que fueron precisamente las largas horas que el escritor, periodista del "Corriere", pasó en el salón Albertini en Via Solferino, las que inspiraron la historia del teniente Drogo, esperando las noticias que no llegaban a la velocidad de hoy. El palazzo del periódico milanés era la mítica fortaleza Bastiani de la novela, en la que Drogo aguardaba a un enemigo impalpable e invisible. "El desierto de los tártaros" resume la vana expectativa de una guerra que no tendrá lugar porque el enemigo no comparece. Se halla cargada de resonancias que la conectan con algunos de los más profundos problemas de la existencia: la seguridad como valor contrapuesto a la libertad, la resignación y la frustración de las expectativas excepcionales que cambien el sentido de la vida.

La fortaleza Bastiani y la ociosidad de su guarnición encarnan "la metáfora invertida de los tiempos": la novela fue publicada en 1940, cuando Europa ya se había hundido en la Segunda Guerra Mundial. La vana esperanza de la lucha y la rutina forzada absorben la existencia de Giovanni Drogo hasta el final: solo entonces comprende que la guerra real se libra sin armas y que el heroísmo no se conquista con un rifle sino en la espera con capacidad de enfrentarse a la muerte dignamente. "Después, en la oscuridad, aunque nadie lo ve, sonríe", concluye Buzatti.

Ultimátum en Italia

Ya en la arena, Italia, como si actuase de modelo a seguir para España, sugiere una crisis gubernamental en el camino de vuelta de la pandemia. El ex primer ministro Renzi, líder de Italia Viva, acaba de lanzar a Conte un ultimátum: "Si elige el camino del populismo, no nos tendrá a su lado. Los italianos están bajo arresto domiciliario, necesitan libertad y verdad. No le hemos negado a Salvini plenos poderes para dárselos a otro". Probablemente les recuerde una realidad menos ajena. Menos distante.

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