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Faro de Vigo

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El Covid-19 multiplica por seis el paro del estallido de la doble recesión

Marzo dilapidó más de 32.300 empleos en Galicia, frente a los casi 5.000 del mismo mes de 2009

Simón Espinosa

La cuesta de enero es dura, y lo saben bien en el comercio. Los atracones de compras navideñas y las rebajas tumban habitualmente sus cifras de negocio en el arranque del año, aunque luego se recuperan y marzo siempre es un mes bueno. Lleva siendo así quince años; ni siquiera durante la doble recesión de la economía española la facturación de los negocios al por menor sufrió un marzo de números rojos. Pero el vendaval del coronavirus Covid-19 ha echado por tierra no solo esta tendencia, sino cualquier otra serie disponible. No hay nada con qué realizar una comparación equivalente. Las estadísticas se han partido por la mitad porque es una crisis de primeras vecesEs la primera vez que se cierran los bares, que se paraliza la actividad de PSA-Vigo, que se vacían los astilleros, las peluquerías, las boutiques y las obras de construcción. Que hay que hacer fila india para comprar una barra de pan y el periódico. En el espectro de los datos el último gran mazazo económico fue el que arrancó a finales de 2008, que dejaría a España al borde del rescate. Ni así, la pandemia es mucho peor. Un ejemplo, volviendo al comercio: las ventas al por menor crecían en más de siete puntos (intermensuales) en marzo de 2009, con el PIB ya cuesta abajo; ahora se han dado la vuelta, hasta un -6,2%. No todos los negocios tienen claro cuándo van a reabrir sus puertas. Todo es inaudito.

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A falta de los datos de paro registrado de abril, que se conocerán el próximo martes, se puede evaluar mínimamente el golpe al empleo con el desempleo de marzo y la encuesta de población activa del primer trimestre, aunque en ambos casos no refleja la erosión de un mes completo (el estado de alarma se declaró el día 14). La afiliación en Galicia no había recuperado todavía los niveles previos a la doble recesión. El hito estaba en julio de 2008, antes de la caída de los gigantes financieros globales y el estallido de la burbuja inmobiliaria, con 1,09 millones de cotizantes en la comunidad. En el primer trimestre del ejercicio siguiente se destruyeron 13.167 puestos de trabajo; ahora, Covid-19 mediante, se duplicó esa erosión, hasta los 27.663 empleos. Claro que la economía gallega estaba elevando su cifra de afiliados en el arranque de 2020. Si solo se comparan los meses de marzo de ambos años, el resultado es abismal de nuevo. En 2009 se esfumaron 160 puestos diarios, por los más de mil computados esta vez. La pandemia destruyó así en un par de semanas seis veces más empleos que entonces.

El seguro público

El Gobierno ha desplegado un amplio sostén público en materia laboral, tanto para trabajadores por cuenta ajena como autónomos, impensable para la anterior gran crisis económica. Los expedientes de regulación de empleo (ERE) son otra muestra de ello. Los afectados por estos procedimientos (temporales o de extinción) en marzo de 2009 fueron 1.053 personas (cerca de 7.800 en el primer trimestre), mientras que el coronavirus suspendió 145.656 empleos en el mismo mes. No son ocupados expulsados o apartados del mercado laboral; su contrato está suspendido, total o parcialmente, a causa de la pandemia. Y pese al escenario de descofinamiento y a que las actividades consideradas no esenciales han podido volver al tajo, las solicitudes de ERTE no dejan de medrar. Según los datos aportados este jueves por la Xunta este cómputo alcanza ya los 230.668 trabajadores afectados, lo que apunta a un mes de abril todavía más negro. A los expedientes por fuerza mayor, a los que han podido acogerse las empresas obligadas a paralizar su actividad, le suceden ahora los de causas productivas u organizativas, como los emprendidos por la industria de la automoción casi en pleno. Es una incógnita saber cómo va a reaccionar el mercado, mucho más allá de la venta de coches, que ya se han despeñado más de un 50% en Galicia.

Otro de los indicadores que observan los expertos es el llamado consumo aparente de cemento, que se ha apuntado otro desplome. También aquí la comparación es relativa, y por partida doble: a la novedad de una pandemia global y de efectos desconocidos se suma el hecho de que en 2009 la vorágine del sector promotor era casi plena. Por ejemplo, en marzo de ese año se superaron las 2,5 millones de toneladas, un umbral ya alarmante -en 2007 hubo meses con más de cinco millones de toneladas- pero muy elevado teniendo en cuenta los valores actuales. La agrupación de fabricantes de cemento de España (Oficemen) ha cifrado el descenso de consumo en más de un 28%, hasta las 923.581 toneladas. En Galicia fue más atenuado, tres puntos inferior, como reflejan los datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (que agrupa en una misma zona la actividad gallega con las de Asturias, Cantabria y Castilla y León).

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