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Rial Boubeta: "La crisis deja los cimientos de la familia al descubierto, pero es una oportunidad"

Para el psicólogo Antonio Rial Boubeta, "la crisis del coronavirus es una oportunidad para recuperar el equilibrio perdido en el proceso educativo y la construcción de una familia". Las que hicieron "bien su trabajo, lo van a notar". Las que no, también. No obstante, aboga por una lectura positiva para abordar un cambio. Eso sí: advierte de que "no podemos pretender hacerlo en un día". "No basta con decir ahora vamos a ser superestupendos y hacer cosas juntos", señala. Hay que ir "poco a poco y ajustarse a las expectativas". Porque, proclama: "Si no conseguimos educar a nuestros hijos en 15 años, no lo vamos a lograr en un día":

El frente de batalla familiar se produce en un contexto determinado, explica, por varias características: el estar obligados a convivir todo el tiempo; el que falte, en la "mayoría" de los casos, una rutina compartida o no existan unos hábitos como familia. "Ni siquiera existe un sentimiento de pertenencia: muchas familias", advierte, "no se comportan como tales, sino que son una suma de egos e individualidades". A ello se suma el hallarse inmersos en una situación nueva, de amenaza, cuya percepción varía incluso, advierte, de persona a persona, lo que provoca diferentes actitudes y formas de afrontar la realidad y se convierte así en fuente de conflicto. Falta además una "emocionalidad compartida": "No nos han enseñado a escuchar, a contar. Las familias que han aprendido a desahogarse, a compartir, tienen premio, ahora se va a notar. Y al revés", previene.

El coronavirus, subraya, "deja los cimientos de la familia al descubierto" en una época de "tensiones". "Además hay un elemento importante que es el umbral de frustración y de resistencia al aburrimiento de las nuevas generaciones. Es mínimo. Cómo ocupo mi tiempo, ya no el libre, sino todo mi tiempo, es un problema", sostiene, hablando de adolescentes.

¿Y qué se puede hacer en este contexto? Ante todo, Rial Boubeta insta a ser prácticos y realistas y a tener claro que, si no se trabajó antes en una relación rica y con buenos cimientos, "no hay pócimas mágicas". Aun así, insta a empezar por lo sencillo, apostando por la asertividad -buscar momentos y formas de expresar los conflictos sin ofender a los demás-, la empatía, la paciencia y la afectividad.

Este experto concreta su propuesta. Primero, fomentar el sentimiento de pertenencia, por ejemplo compartiendo actividades lúdicas placenteras, ver fotos de familia, escuchar música juntos... Está convencido de que "somos la memoria de nuestras emociones" y de que hay que incluir estos aspectos en la vida cotidiana, pero de forma espontánea. Además, apela a fomentar la corresponsabilidad y el reparto de tareas. Insta también a hablar menos y escuchar más porque, avisa, "somos unos perfectos desconocidos". "¿Es feliz mi hijo? Lo relevante para él no es si aprueba Matemáticas, sino si gusta a los demás". Al respecto, recuerda que "escucha significa no enjuiciar". "Hay que dejar las moralinas, porque nosotros también fuimos adolescentes", señala. Finalmente, insta a compartir inquietudes y preocupaciones, explicando a los hijos, por ejemplo, cuánto se gasta. "El coronavirus nos da una oportunidad para hacer cosas que ya deberíamos de haber hecho, pero de manera natural, pero que la mayoría de familias ha dejado de hacer", sostiene. Se trata de volver a darle "prioridad" a lo que tiene que tenerlo.

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