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Adolescentes y teléfono, un dúo confinado

Expertos previenen contra cortar el "cordón umbilical" que une al joven con su mundo e instan a marcar horarios

Un niño con teléfono móvil. // Carlos Pardellas

Un niño con teléfono móvil. // Carlos Pardellas

Muchos progenitores se sorprenderán durante este confinamiento de "la cantidad de horas que nuestros hijos invierten en tecnología, del lugar que ocupa en su vida". Así lo advierte el experto en adicciones juveniles Antonio Rial Boubeta, profesor de la Universidade de Santiago, quien anuncia que la situación saltará a la vista y que los padres van a "comprobar que en muchos casos existe una auténtica dependencia". En todo caso, les aconseja no cortar de raíz el que para los jóvenes funciona como "un cordón umbilical" con el mundo.

En una cuarentena donde no se permite salir e incluso las aulas se imparten vía telemática, los usuarios más problemáticos, señala, serán los que ya lo eran. Según los últimos datos facilitados por el grupo Universidade de Santiago-Unidade de Psicoloxía do Consumidor e Usuario en Galicia, el 92,4% de adolescentes de entre 12 y 18 años tiene smartphone con conexión a internet y el uso "abusivo" es frecuente: uno de cada cuatro chicos se conecta más de cinco horas al día y un 62,6%, navega por las redes más allá de la medianoche. Sus investigaciones apuntan a un uso problemático en uno de cada cuatro adolescentes, que estarían, según los expertos, "comenzando a desarrollar una adición a la red".

"Como nos choca que nuestros hijos se conecten tanto, al principio se nos puede ocurrir proponerles, y luego obligarles, a que hagan otras cosas", pero este especialista en nuevas tecnologías y su impacto en escolares advierte de que probablemente estas tareas no supondrán una "alternativa atractiva" y augura que se va a "multiplicar el conflicto". Por todo ello, insta a buscar "un ajuste". "Si alguien está acostumbrado a estar todo el día con el móvil porque no hizo otra cosa, no podemos, en circunstancias extraordinarias, esperar que deje de hacerlo", señala. En esas situaciones, puede incluso generarse "agresividad".

"Las cosas no pueden cambiarse en un día", incide. "Hay que graduar el uso, pero no se le puede quitar. En una situación de amenaza", recalca, no se puede arrebatar a un joven "lo único" que entiende como gratificante. En cambio, hay que intentar que el uso de internet ocupe "un lugar y un tiempo", lo que considera "encajable" dentro del fomento de la corresponsabilidad, de compartir tareas, a lo que anima a las familias en general. En concreto, apela a marcar unos horarios que incluyan por la mañana, por ejemplo, tareas que mantengan a los residentes ocupados. "Así por la tarde que pueda estar jugando a los videojuegos o lo que sea", señala. "No todo el día, pero no podemos pretender que deje de hacerlo", insiste. En cuanto al factor añadido de las clases virtuales, recuerda que en un piso pequeño un progenitor puede estar con un hijo en un cuarto, preguntarle cómo le va...

La afición por las redes, que comparten la práctica totalidad de los adolescentes de Españas según el informe Estudes, no será, con todo, la única sorpresa que podrían recibir los padres de adolescentes en esta cuarentena. "Preparánse para descubrir cosas: que el el umbral de frustración de su hijo es mínimo, que no soporta aburrirse, que si le quitas el móvil está muerto y lo pasará mal, con ansia e irritabilidad", avanza. "No se puede cortar su cordón umbilical con el mundo", el que le mantiene unido a amigos. "Hay que consensuar unos tiempos", insiste, y no será fácil.

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