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Profesionales del confinamiento

Fijarse un objetivo, establecer una agenda diaria y mantenerse ocupado para que la cabeza no juegue malas pasada son claves para sobrellevar el aislamiento, según quienes viven el encierro y la soledad por sus profesiones

La alpinista viguesa Chus Lago, durante la expedición al Lago Baikal. // Foto cedida por Chus Lago

La alpinista viguesa Chus Lago, durante la expedición al Lago Baikal. // Foto cedida por Chus Lago

Los días se suceden prácticamente inalterables y a algunos el distanciamiento social y el encierro les van pesando en el estado de ánimo. Pero esta situación, aunque minoritaria no es excepcional. Marineros, marinos, monjas de clausura,navegantes en solitario, fareros y aventureros se enfrentan a etapas de confinacmiento y aislamiento más o menos largas.

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Para adaptarse a ellas, parece condición sine qua non la motivación personal, sea de la índole que sea. En estos casos, la mente es una poderosa aliada, pero también puede convertirse en una terrorífica compañera de viaje.

Profesionales que se han vivido o viven el confinamiento explican su experiencia y dan algunas pautas para hacer más llevadero el encierro decretado para frenar el avance del coronavirus. Y lo que es más importante, coinciden en asegurar que es posible. Y además, más que necesario si queremos ganar la guerra global contra la pandemia del Covid-19, que ya supera los 11.000 muertos en 172 países del mundo.

"Si nosotros somos capaces de aguantar más de 30 días encerrados, ¡¡tú también!!". Esta es la consigna que los tripulantes del Hespérides lanzan en las redes a los ciudadanos. Y aquí, la motivación y la rutina juegan un papel importante.

"Tienes que hacerte a la idea de que vas a pasar un tiempo encerrado. Es importante, además, llevar una rutina, existe muchas actividades y la red está llena de ideas sobre ello. Créeme, el cuerpo y la mente se acaban adaptando, solo es necesario buscar la rutina y añadirle dos o tres cosas que te gustaría hacer", afirma Alfonso Toma Caínzos, contramaestre del buque español de investigación oceanográfica, que regresa a casa con más de 80 personas, entre tripulación y los 37 miembros de las bases españolas en la Antártida, cerradas de emergencia tras anunciarse los primeros cierres de fronteras.

Reconoce que una situación de confinamiento es difícil, pero no imposible de superar. Lo dice desde la experiencia porque estar encerrado no se enseña; es una realidad a la que cada uno se va adaptando a base de sumarle horas de navegación.

Lo importante es, asegura, no agobiarse. Pero, ¿cómo? "Aceptando que esto es solo cuestión de tiempo y por un bien mayor es más fácil de hacerlo. Por ello es conveniente buscar algo para tener la cabeza ocupada", aconseja Toma, quien ha llegado a estar más de un mes navegando y sin pisar puerto. Y no estar parado porque, advierte, "la cabeza entre en barrena".

Mientras el Hespérides acorta distancia esperando poder tomar tierra en España, su tripulación sigue muy de cerca la situación en el país. "Lo vivimos con tristeza e inquietud. Sobre todo por lo que pueden estar pasando familiares y amigos. Con impotencia también. Sé que las Fuerzas Armadas, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y el personal sanitario lo están dando todo. Y nosotros lejos de ahí, pero con ganas de llegar y estar con los nuestros", manifiesta el marino coruñés.

Sin embargo, reconoce que este viaje está siendo más duro para todos por la pandemia. "Nosotros, además de encerrados, estamos lejos de la familia, por lo cual se nos hace un poco más cuesta arriba", reconoce ese marinero, que tiene la lectura la actividad física como principales activades de ocio dentro del buque, además de conversar con sus compañeros y ver alguna que otra película.

En 2009, Chus Lago se convirtió en la primera española en alcanzar el Polo Sur tras 59 días de travesía en solitario a través de la Antártida, una caminata de más de 1.200 kilómetros que ella misma grabó con su cámara. Fue un periplo duro, en el que la alpinista viguesa se enfrentó a la soledad más absoluta en medio de un paraje helado e inhóspito en el que nada parecía cambiar.

"Caminaba, pero después de una jornada de catorce horas tenía la sensación de que no me movía del sitio, de que estaba sujeta al suelo. Además de esa sensación de esfuerzo tremendo, la sensación era como estar mirando una pared, el mismo paisaje blanco, llano, que no cambiaba", relata la alpinista y aventurera viguesa. Eso cuando las nieblas la permitían ver, nieblas que en la Antártida pueden duran dos, tres semanas. "No ves, no oyes. Es como estar en un bote con humo. Te ves privado de todas tus sensaciones sensoriales", afirma Lago desde Houston (Estados Unidos), donde reside desde el pasado mes de octubre y donde guarda cuarentena tocando el chelo y escribiendo, su otra gran pasión.

Reconoce que durante la expedición en el continente helado sufrió pequeñas crisis de ansiedad, hasta que descubrió que hay que dejar que el cuerpo trabaje solo y mantener la cabeza ocupada en cosas positivas, mandar sobre ella. "Allí me di cuenta de que la mente domina la escena, es decir, que todo pasa en tu cabeza. La mente es un taladro, como la dejes, hace un agujero", dice.

Según la alpinista viguesa, ese mismo trabajo es el que tiene que hacer la mente durante el encierro domiciliario, aunque en este caso, con la ventaja que proporciona el apoyo de todas las tecnologías de las que disponemos, que nos permiten continuar conectados con el mundo. "No es un vacío absoluto", dice.

Reconoce que para ella, estar recluida unas semanas sin salir no resulta un problema. Ella continúa practicando ejercicio en casa desde que cerraron los gimnasios, algo que recomienda a todo el mundo. "Hoy es, además, súper sencillo. Hay cientos de opciones en internet", dice. Pero también se puede aprovechar para aprender inglés, fotografía, música, aquello que teníamos pendiente por falta de tiempo. "Es el momento de reinventarse", anima.

Para que el confinamiento sea lo más llevadero posible para quienes no tienen esta preparación, propone ponerse tareas. "Lo peor es no tener nada que hacer. En los campamentos base, cuando te coge el mal tiempo y estás un mes ahí metido y encima enfermo con la altitud, el que se deteriora más es el que es más pesimista y no tiene nada que hacer. El que está escuchando música, lee, charla con otros, que no pierde la ilusión de que eso pasará y que enseguida estará en la montaña, ese lo lleva bien", advierte.

Mantenerse bien informado sobre lo que sucede, consultando siempre información veraz es también importante porque evita, asegura, miedos y preocupaciones innecesaria.. "Hay que mantenerse lo más alejado posible de las fake news", aconseja. Para Lago, este encierro ha de tomarse con positividad. "Como una oportunidad de hacer algo y pensar que estamos todos igual", opina.

Ponerse un objetivo es también la clave para Jesús Pintos, bicampeón mundial de crucero y subcampeón de Platú 25, a la hora de enfrentarse a la sensación de soledad y enclaustramiento que puede provocar una situación de encierro como esta, especialmente en personas que viven solas.

"Buscar un foco, tener claro por qué estás haciendo lo que estás haciendo es fundamental y en este caso es una cuestión de responsabilidad: estás encerrado para no que no se colapse el sistema para que cuando entre un enfermo o tú o tu padre puedan atenderte. En definitiva, es una cuestión de responsabilidad", defiende.

Esto es lo que siempre hace el navegante coruñés cuando sale a navegar solo, aunque asegura que no es comparable con la situación de confinamiento, ya que la adrenalina de la competición es un gran motor, reconoce. "La tensión de la competición no te deja tiempo para pensar en nada más y tienes un montón de tareas que hacer. Lo que a mí me da la competición es una motivación", explica. Lo que sí es equiparable es el miedo que puede generar la incertidumbre sobre el desenlace de la crisis del coronavirus.

"Nosotros a veces pasamos miedo en los barcos o nos vemos sobrepasados por situaciones complicadas porque el mar de pone mal, porque tienes una avería importante que no sabes resolver o porque te pones enfermo. A mí me han pasado las tres cosas en medio del Atlántico. Aquí, lo que va a hacer que no te colapses o de abandones es esa motivación", asegura.

Crearse una rutina es otro gran aliado. "Hay que crear una estructura en el día para mantenerse ocupado y no hacer grandes planteamientos de futuro, sino resolver el día a día", argumenta. Esto es algo que se viene haciendo, explica, en los barcos desde siempre. "En películas como 'Master and commander' se ve a los marineros fregar cubiertas, arreglar velas, y no lo es tanto porque haga falta como para tenerlos ocupados", explica.

Cuerpo activo

Además de mantener la mente activa, el cuerpo también necesita ejercitarse en estos días en los que las salidas a la calle tienen que ser las estrictamente necesarias. "Es importante practicar algún tipo de actividad deportiva adecuada a cada uno", apunta. Por el contrario, debe evitarse abusar de aquellas actividades en la que se es un espectador pasivo, como el consumo de televisión y redes sociales. "Esto puede que sirva durante un tiempo, pero al final termina no motivando porque eres un sujeto pasivo que no crea nada", advierte.

En su casa, su mujer su hija y él han establecido una agenda diaria, y asegura, el confinamiento no está siendo un problema. "Mientras nosotros dos trabajamos desde casa, mi hija estudia, hace las tareas que le mandan en el colegio a través de internet. Y después, siempre aprovechamos para hacer algo juntos. Nos nos dan las horas para hacer todo lo que tenemos que hacer", explica.

En el convento benedictino de Trasmañó (Redondela), las diecisiete monjas que viven en él intensifican estos días sus oraciones para pedir por el fin de la pandemia de coronavirus. "Vivimos la situación desde la oración, la preocupación y la solidaridad hacia los demás, afirma la madre superiora del convento.

Para ellas, el estado de alarma no supone una ruptura de su vida de entrega a Dios, aunque también ha alterado su rutina. Para proteger a las hermanas más vulnerables, han dejado de salir a repartir los dulces que preparan en la cocina del convento y tampoco tienen eucaristía.

Sor Isabel no cree, sin embargo, que su situación pueda servir de ejemplo a los demás. "La mayoría de la gente ni lo entiende ni puede vivirlo porque para nosotros es lo natural. Cuando es una soledad, un silencio buscado es muy distinto es muy distinto a cuando es algo impuesto", explica.

A pesar de todo, la monja anima a los gallegos a vivir el confinamiento con "paz y serenidad" y a los creyentes, desde la fe. "Que sepan que hay comunidades que estamos rezando por que esto acabe cuanto antes", insiste.

Y hasta que no se consiga frenar la expansión del SARS-CoV-2, y haya que mantener el encierro domiciliario para evitar que el sistema sanitario se colapse, como dice Alfonso Toma: "Ánimo, que los días pasan rápido y aguantar es de valientes".

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