24 de marzo de 2020
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Actualizado: 29-04-20 11:20h

"Vivimos en clausura pero también nos duele el mundo"

- Las monjas restringen sus contactos y se informan y rezan más - Las clarisas de Vilar, en Ourense, se ofrecen a hacer mascarillas

24.03.2020 | 01:03

La vida entre cuatro paredes establecida por el estado de alarma es la rutina que eligieron hace años, décadas incluso, los cerca de setenta religiosos que en la provincia de Ourense hacen una labor contemplativa. La gran mayoría son mujeres: las carmelitas descalzas, las esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada, así como las clarisas de Allariz y Vilar de Astrés. La única congregación masculina de clausura en la provincia es la de los monjes cistercienses de Oseira (Cea). La pandemia también representa una amenaza para estas comunidades más herméticas, en las que la edad media es elevada. Se han blindado contra los contactos del exterior, restringiendo los pocos que tenían. En Vilar de Astrés, por ejemplo, las 14 monjas han suspendido las visitas y el trabajo. En plena crisis se muestran dispuestas a elaborar mascarillas si es preciso. En Allariz, de donde partió esta comunidad en 1949, también son precavidas y ya no entra nadie. La emergencia sanitaria no ha alterado todas sus rutinas pero sí algunas. Antes, el consumo de información era puntual y espaciado. Ahora siguen las noticias y sus rezos se vuelcan en erradicar el virus.

Diecisiete religiosas clarisas habitan el convento de clausura de Allariz. La mayoría supera los 70 años. "Nuestra forma de vida ya es la de estar siempre confinadas y la tenemos organizada así. Con esta situación mantenemos cerrada la iglesia y no vienen ningún trabajador a la huerta", dice la portavoz -prefiere no dar su nombre- en una conversación telefónica. Desde su experiencia, en la que el confinamiento es la norma, aconseja a la sociedad "organizarse la vida, pensar cómo hacer actividades, lecturas y tareas comunes. En vez de encerrarse en uno mismo, puede ser el momento para hacer muchas cosas que soñaron hacer pero para las que no tenían tiempo. También pueden rezar".

La comunidad de Allariz se levanta a las 5.45 horas de la mañana y mantiene su actividad hasta las 22.30 de la noche. Han redoblado sus rezos ante la emergencia sanitaria que mantiene en vilo a España y otros países del mundo. "Estamos intensificando mucho más la oración, con más tiempo de exposición del Santísimo. Nos acordamos mucho de la gente que está sola, de la que no puede acercarse a rezar, de la que muere sola. Nos sentimos mucho más cerca de la gente, sentimos muy en el corazón lo que están sufriendo", resalta la religiosa.

Internet en el convento

En el convento internet abre una ventana al mundo para conocer cómo avanza. "Diariamente vamos siguiendo las noticias principales para ver el curso de los acontecimientos. Además también recibimos llamadas y vamos siguiendo lo que sucede. Estamos interesadas y nos duele lo que está sufriendo mucha gente en el mundo. Aunque estemos en clausura también formamos parte de él".

Hay 14 monjas clarisas en el monasterio de San José de Vilar de Astrés; eran 20 cuando el grupo llegó en 1997 desde su anterior emplazamiento, en Ramirás. También en este grupo la edad media es alta. Un cartel avisa en la puerta del convento que están suspendidos la visita y cualquier tipo de trabajo mientras la pandemia dure, "mirando al bien común de todos para evitar la expansión del virus". Ellas contribuyen con la oración y también están dispuestas a confeccionar mascarillas, según indicaron fuentes de la Diócesis de Ourense.

"Buena huerta"

La superiora, María Ángeles, cuenta que varias personas se han ofrecido a llevarles la compra y a dejarla en la puerta para evitar el contacto físico y, con el distanciamiento social, reducir el contagio. "Estamos solitas, pero como tenemos una huerta nos sentimos unas privilegiadas. Comprendemos que tiene que ser duro estar en un piso", dice con empatía. La comunidad de Vilar de Astrés reside en una casa grande de piedra, de finales de los años noventa. Está en un promontorio que mira a la ciudad de Ourense desde un balcón privilegiado, que permite divisar las sierras en el horizonte y el mapa de la capital a vista de pájaro. Un cuidado jardín bordea el monasterio. En el huerto destaca el verde vivísimo de una parra con kiwis, un toldo natural para cuando el sol aprieta.

Su día dura de 6.15 de la mañana a 23 horas. En estos tiempos la oración se intensifica. "No somos ajenas a lo que está sucediendo en el mundo, a los sacrificios y a que hay gente que no tiene lo necesario en estos momentos, y lo trasladamos al rezo. A través de la calma, la paz y la serenidad pedimos ayuda al Señor para parar este virus y que todos tengan los socorros necesarios", relata la superiora. Las monjas de clausura también han adoptado nuevas formas de relacionarse tras las rejas. "Guardamos las medidas pertinentes, todas las normas de sanidad las ponemos en práctica, procuramos hacer todo lo que mandan para no ser un foco de infección. Por ahora estamos todas muy bien, rogando por todos a Dios".

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