Son, en circunstancias normales, actores que operan en silencio. Que distribuyen a hospitales, residencias, que nutren los hogares de artículos de higiene. Que desinfectan las calles cuando buena parte de la economía duerme. Pero en esta alarma sanitaria, las fabricantes y distribuidoras de productos de limpieza se han erigido como un pilar indispensable no solo para hacer frente a la propagación del Covid-19, sino para su erradicación. "Trabajamos con todos los estamentos. Hospitales, residencias, colegios, compañías especializadas en desinfección. Están siendo días duros, al límite de todo", relata Indalecio Cuevas, presidente de Grupo Darlim.

El acopio masivo de papel higiénico en los supermercados se presume ahora como una anécdota y, de hecho, su demanda se ha reducido ya, según el análisis semanal de la aplicación de consumo Gelt. Hay un vuelco a lo más esencial, lo que no puede faltar, como guantes de látex o mascarillas. "Hay miedo entre la población. Estamos desbordadísimos ya", apostilla.

La fuerte demanda de este tipo de productos está provocando también que las empresas del sector redoblen esfuerzos. Es lo que hacen, por ejemplo, en la porriñesa Irago. En estos días trabajan 12 horas e incluso los sábados, algo que en circunstancias normales no sería necesario. "Lo hacemos para atender a nuestros clientes", constata Borja Irago, responsable de esta distribuidora con 35 años de historia y una plantilla formada por 18 trabajadores. "Es una situación nueva que no hemos vivido y nuestros clientes igual, que tienen miedo por toda esta situación", comenta. Pero por mucho que el empeño se multiplique, los recursos no son infinitos y en el caso de este tipo de empresas el riesgo radica en quedarse sin aprovisionamientos para atender los pedidos. "Estamos notando que tenemos problemas de stock en algunos productos, porque por ejemplo se suministra mucha bolsa de basura y papel higiénico", continúa. Entre sus principales clientes está el propio Sergas y "muchas residencias".

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"Lo más imprescindible ahora mismo -resume el máximo responsable de Darlim, líder nacional en su segmento- son los alcoholes, hipocloritos (comúnmente conocidos por la lejía), amonios cuaternarios (biocidas, otros desinfectantes), celulosa, mascarillas y guantes". De estos últimos, confiesa, "estamos al límite". A su juicio hay operadores capaces de suministrar este producto en Asia, por ejemplo. "El problema es que la demanda es global". Aún así, "en el mundo químico es poco probable que sufrir picos de desabastecimiento". Lo que rompe -o, como mínimo, tensiona- cualquier cadena de suministro es la "sinrazón de acaparar" cuando no es necesario. "La clave está en la materia prima, que podamos disponer de ella. Y Alemania ya tiene paralizada la salida a algunos productos. Si antes enviamos mascarillas a China, ahora deben permitir que vengan de vuelta sin demoras ni problemas", remacha Cuevas.

Primera necesidad

También se ha visto incrementada la carga de trabajo del primer productor gallego de lejía. Estos días en Lejías Sarmiento, en Taboadela (Ourense), la plantilla acude a la fábrica "hasta los festivos" para poder abastecer el producto a los clientes. Su responsable, Juan Carlos Novoa, asegura que en algunos casos se han llegado a "duplicar los pedidos". "Nos ha venido todo un poco encima, nos está superando un poco a todos, porque también faltan materias primas", ilustra. La de Novoa es una empresa familiar centrada en la fabricación de productos clorados. Tiene su marca propia y apenas fabrica para terceros, además de vender producto para el tratamiento de redes de abastecimiento aguas potables. Por eso, su responsable cree que es de las "empresas importantes" en estos momentos. "Ahora mismo además de la alimentación lo vital son las mascarillas, batas, guantes, geles.... Y la lejía. Sin eso los profesionales no pueden seguir trabajando", alerta.

En estos momentos trabajan con sus protocolos "para evitar al máximo posible que caiga algún empleado enfermo" y poder seguir abasteciendo a sus clientes del sector de la limpieza e higiene, entre los que incluso hay alguno intervenido por la Unidad Militar de Emergencias (UME). Novoa, además, trabaja desde casa, desde donde intenta aportar "su granito de arena". "En casos de estos todo el mundo que sepa debe echar una mano", asiente.

Más anómala es la situación de Lavamar, una lavandería industrial viguesa que estos días sigue trabajando pese a que el grueso de la clientela, del ramo de la hostelería, está cerrada. Su gerente, Álvaro Piñeiro, explica que son "de las contadas" que están abiertas en pleno estado de alarma. "Eso es porque tenemos clientes del sector asistencial y hospitalario". La falta de su principal clientela ha alterado los horarios de trabajado de los 14 trabajadores, que acuden "con todos los cuidados" para evitar los contagios. Donde tienen más problemas es en el abastecimiento de los productos que precisan para su labor. "Hay proveedores que están desbordados. Nosotros hicimos acopio de material para poder trabajar, aunque parte lo tuvimos que conseguir fuera", culmina Piñeiro.

En tiempos de extrema dificultad se agudiza la imaginación. Indalecio Cuevas, ante la ingente petición de mascarillas "de toda España" ha echado mano de la pontevedresa Bopapel para el suministro de bobinas para confeccionarlas de cero. Uno de sus clientes, referencia en el sector agroalimentario gallego, ha arrendado un taller en Lalín para coser sus propias mascarillas.