20 de marzo de 2020
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Actualizado: 29-04-20 13:10h

Teletrabajo y dependencia: sin un segundo de respiro

El cierre de centros de día o de personas con diversidad funcional obliga a armonizar el trabajo en casa con el cuidado de familiares

20.03.2020 | 00:58

Los cuidadores familiares son una realidad atemporal: concretamente cerca de 100.000 se encargan del cuidado de hijos, padres o hermanos. Para aliviar esta situación se encuentran los centros de cía, centros para personas con diversidad funcional o actividades fisioterapéutico o logopedas para mejorar su calidad de vida. La declaración del estado de emergencia motivó el cierre de estas instalaciones motivando que los cuidadores dediquen su tiempo completo al cuidado de su familiar, tiempo que deben compaginar también, en muchos casos con el teletrabajo desde sus domicilios.

Con el estado de alarma decretado por la crisis del coronavirus, colegios, centros de día o para personas con diversidad funcional han quedo vacíos obligando a miles de jóvenes y adolescentes a renunciar momentáneamente a sus terapias. Pasarán confinados, como el resto de vigueses, las 24 horas del día en sus casas obligando a sus familias a estar pendientes de ellos por las necesidades especiales que atañen. Este cierre de recintos educativos o lúdicos motivó también un fenómeno generalizado como es el teletrabajo, fórmula que ya practican todos aquellos empleados cuya tareas puedan realizarse de forma telemática.

El verdadero problema surge cuando se fusionan los dos extremos: padres que deben dedicar todos su tiempo al cuidado de sus hijos con discapacidad o mayores con demencia y a la vez atender sus obligaciones laborales, ya que no todas se detienen a consecuencia del coronavirus. Los cuidadores a tiempo completo se multiplican ahora con esta crisis sanitaria.

Es el caso de Antonio Sánchez, papá de Unai, un niño de 18 años con diversidad funcional. "Su vida ahora es del sofá a cama y de cama al sofá. Hay que estar pendiente de él todo el tiempo; mentalmente es como un niño de 5 añitos", reconoce el progenitor quien cuenta con la ayuda de su mujer. "Lo vamos llevando pero sí cuesta, y mucho. Él nos ve salir pero no entiende que no puede. Lo vamos llevando como podemos. Tenemos muchísimo cuidado cada vez que salimos a por el pan. Al llegar nos descalzamos y directamente para el baño. Evitamos el contacto inmediato con él", recalca el padre de Unai, que normalmente acudía a decenas de actividades que han quedado reducidas a su domicilio o garaje.

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Pareja situación se vive en la casa de Laura. Tiene 24 años y padece el síndrome de Praderwilli. Su madre Ángeles se encarga ahora de forma exclusiva de su cuidado. " Justo el día que decretaron el estado de emergencia era su cumpleaños. Teníamos una fiesta preparada y tuvimos que suspender todo. Ahora en cada me dedico 100% a ella: jugamos a juegos de mesa, hacemos comidas, vemos la tele... Tenemos bastantes recursos pero temo que en la parte física, Laura pierda el tono", lamenta esta madre.

Y es que la ausencia, por tiempo todavía indeterminado a los psicopedagogos o a terapias de movilidad pueden generar en estos niños un grave problema de salud. "Nos costó mucho que Laura llegase a caminar, lo trabajamos muchísimo, con danza, música, va a piscina, con Discamino los fines de semana, hace mucho deporte por el equilibrio y ahora temo que pierda esa masa muscular", comenta esta vecina de la calle Camelias.

Mónica es la madre de Xabi, un niño autista de 14 años, que requiere completamente la atención de su madre, trabajadora de PSA, quien tras la paralización este pasado martes de la fábrica de Balaídos, puede dedicarle este completo cuidado. "Sino, no sabría que hacer. Ahora estoy con él atendiéndolo en todo para que se le pase lo más ameno posible. No puede quedarse solo, cuando necesitamos algo o se lo pido a mis padres o a mi hermana o tiene que quedarse con ellos. A una tienda no puedes ir con él porque no entiende que no puede tocar las cosas, se distrae...", explica Mónica.

Esta madre reconoce que la ausencia de rutinas es, probablemente, lo que más vaya a condicionar al niño. "En el colegio tienen todo muy estandarizado, sabe cuando es día de semana y cuando es fin de semana, y ahora todos son iguales, no lo entiende todavía, pero poco a poco lo vamos llevando. Es un niño tranquilo pero tarde o temprano tendré por lo menos que sacarlo al garaje para que por lo menos se distraiga", reconoce esta madre.

Otro ejemplo es el de Alex y su madre Nuria. El pequeño tiene 10 años y y una discapacidad intelectual. "Desde su colegio y el centro de diversidad funcional nos mandan fichas y ejercicios para que trabajemos con ellos. Necesitan una atención total, puede compaginarla pero sino, si siguiera trabajando fuera tendría que avisar a mis padres", precisa esta madre.

Reconoce, al igual que muchos otros progenitores que el miedo que tiene ahora, a mayores que el coronavirus es dar un paso atrás en sus ejercicios. "Son niños que necesitan de muchos trabajo, y no sabemos cuánto tiempo estaremos así", lamenta.
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