La viguesa Marisa Soneira Davila, administrativa jubilada a punto de cumplir 70 primaveras, disfrutaba de sus "vacaciones de invierno" en el municipio alicantino de Finestrat, anexo a Benidorm, cuando se declaró el estado de emergencia sanitaria en el país. Con sentido del humor, afronta permanecer encerrada en el apartamento de apenas 10 m2 hasta que, el 31, regrese a Vigo en vuelo desde Alicante, con enlace en Madrid, algo que le pone "un poco nerviosilla".

"Siempre pensé que, después de jubilada, me gustaría 'invernar' en un lugar cálido y así lo hice. Dejé atrás familia, a la cual afortunadamente no les era imprescindible, y alquilé un estudio pequeñito en la Marina Baixa alicantina", relata. Su quehacer diario era idílico hasta la llegada del coronavirus, del que sigue al margen con disciplina. "Como oscurece pronto y mi zona es muy tranquila, me acuesto temprano. Realmente son diez pasos de largo por tres escasos de ancho. Pero veo la tele, leo, hablo por teléfono... Los domingos es otra cosa, iba al rastro de Palop...", recuerda con tristeza. "Me entran prisas por llegar a casa. Tengo comida en el congelador para estos días y, si falta pan o algo, saldré al súper. Aquí este cuartito (en referencia al estudio) se hace un poco agobiante", dice.

Se le pregunta si ha habido una desbandada de turistas en la urbanización donde está. "En esta zona hay muchos extranjeros todavía, quizás tengan dificultades para irse; muchos de ellos son propietarios de apartamentos. Se fue mucha gente de la urbanización en la que resido, pero se han quedado aún muchas personas. Mi bloque está casi lleno", explica.

Sus amistades allí no son gallegas: "Las hay de Zaragoza, Soria, Bilbao... Somos más íntimos cuatro, pero conocidos de vecinos y amigos... Vengo aquí fijo hace 5 años, pero yo venía 15 días todos los años desde hace casi veinte... Y como algunos están muy mayores ya, y otros van faltando, establecimos un día a la semana para comer o vernos"

Algo que echa de menos: "No poder salir a la playa se lleva mal, y más este mes pasado que le dio un infarto a un amigo de Zaragoza y anduvimos preocupados", afirma.

Su madre, de 93 años, y sus hijos estuvieron "muy preocupados" hace días: "Nos controlamos mucho por teléfono. Mi madre, a su edad, la tenemos aislada en la aldea (Meder, Salvaterra), con mis hermanas alrededor.", subraya.

Su regreso, vía Madrid, le angustia: "Hace poco estuve en la capital. No vi desinfección alguna ni allí ni medidas tampoco. Hacer un enlace el 31 "da un poco de respeto, pero confío en que ya se tomarán medidas especiales en los aeropuertos".