El coronavirus no entiende de fronteras ni territorios. Y lo que hasta hace unas horas estaba a pocos minutos, ahora es directamente inalcanzable. España y Portugal cerraron filas y desde ayer solo se puede viajar de una nación a otra por motivos laborales y de residencia. La clausura de la mayor parte de los accesos de Galicia al país vecino generó, durante la jornada inaugural de las restricciones, retenciones de siete kilómetros y esperas de dos horas en el puente internacional de Tui, el único punto que permanece abierto en la provincia pontevedresa. La otra alternativa está en la localidad ourensana de Verín.

La alta capacidad contagiosa del Covid-19 ha provocado un escenario sin precedentes entre dos territorios hermanados y fuertemente unidos, como son Galicia y Portugal, más allá de los 400 kilómetros fronterizos que comparten. Ese lazo, tan estrecho para relaciones comerciales, pero igualmente íntimo en las personales, ha sido interrumpido de forma abrupta por la emergencia sanitaria mundial que colapsa, especialmente, a Europa en las últimas semanas.

El cierre de la frontera con Portugal genera largas colas

Las primeras consecuencias del cese de fronteras terrestres, vigente desde la medianoche del lunes, no se hicieron esperar. El cierre fronterizo afecta a todos los pasos, salvo a dos: el de Tui y el de Verín, que, asimismo, son dos de los nueve que permanecen abiertos entre España y Portugal.

Las medidas limitan el paso a todas las personas, exceptuando a trabajadores y transportistas, quienes deben portar consigo sendos justificantes laborales. Sin duda, se trata del colectivo más afectado, que ayer tuvo que aguardar largas colas, de siete kilómetros y dos horas, para pasar los controles pertinentes y poder cruzar la frontera, según fuentes policiales trasladadas a la zona. De hecho, algunos de ellos, contactados por este periódico, aseguraron haber sufrido un cambio en su rutina, reorganizando la ruta y la hora de partida desde sus casas.

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La imagen fue distinta a la habitual desde primera hora de la mañana: viajeros haciendo cola, esperando cumplir los requisitos para cambiar de país. Propia del pasado, y, desde ahora, de un plan de choque sin precedentes, para frenar el avance del coronavirus. La congestión del tráfico empezó a producirse a las 7 am, tomándose un respiro a mediodía, y volviendo a la carga en la tarde-noche, coincidiendo con la hora de regreso del trabajo. Los agentes desplazados sobre el río Miño confesaron que "a la mayoría" de usuarios de la vía tuvieron que explicarles la documentación que deben llevar consigo y que durante las primeras horas actuaron con "mayor flexibilidad" debido a la singularidad de la ocasión. Aun así, "un pequeño porcentaje" de conductores tuvo que dar media vuelta el primer día.