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CLUB FARO | Adela Muñoz: "Marie Curie no tuvo patentes porque creía que la ciencia era universal"

"Su gran espíritu científico fue seguir su intuición de que en el uranio había algo muy importante y trabajar, sola y sin cobrar, durante años hasta hallarlo", afirma la química

Público que asistió ayer al Club FARO, en el salón de actos del MARCO de Vigo. // José Lores

Público que asistió ayer al Club FARO, en el salón de actos del MARCO de Vigo. // José Lores

La perseverancia fue una de las mayores cualidades de Marie Curie y la que le permitió descubrir la radioactividad, porque la científica polaca no lo tuvo fácil en un mundo dominado por los hombres y que demuestra el hecho de que en 1903, la Academia Sueca confabulara para dejarla fuera del Nobel de Físico, otorgado al matrimonio Curie junto con Henri Becquerel, y las campañas que la señalan como una usurpadora de los hallazgos de otros científicos, extremo este que Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla y autora de la biografía "Marie Curie" (Debate), negó ayer rotundamente en la charla-coloquio que impartió en el Club FARO, presentada por la periodista viguesa Ana Lago-Bergón en el salón de actos del museo MARCO de Vigo.

"Ella fue la primera que publicó el primer artículo cuantificando estos rayos y quien cuando intuyó que había algo muy importante en el uranio convenció a su marido, Pierre Curie, para que dejara todas sus investigaciones sobre magnetismo y se fuera a colaborar con ella", aseveró la química sevillana, que compagina su faceta de investigadora -se dedica al estudio de materiales en fuentes de radiación sincrotrón- con la divulgación de la figura de la mujer en la ciencia.

Pero tras este hito, que incorporó dos nuevos elementos a la tabla periódica -el polonio y el radio- y abrió las puertas a otros descubrimientos científicos de enorme relevancia, se esconden muchos años de trabajo en solitario y no en las mejores condiciones. "El gran espíritu científico de Marie Curie fue seguir su intuición de que en ese material misterioso, el uranio, había algo muy importante y trabajar durante muchos años sola, sin ninguna ayuda, con un esfuerzo físico considerable porque tenía que acarrear piedras de 20 kilos, y sin sueldo como científica, hasta dar con el descubrimiento", añadió.

Marie Curie -de soltera Maria Sklodowska- no solo se convirtió en la primera mujer en recibir un Nobel; también fue la primera persona que recibió dos Nobel en distintas modalidades, al ser premiada en 1911 con el de Química, esta vez en solitario. También fue la primera profesora de la Universidad de la Sorbona en sus 600 años de historia.

Muñoz Páez reconoció que los logros de la científica polaca nacionalizada francesa le deben mucho a su marido, quien siempre la apoyó, en una época en la que la carrera de la mujer quedaba siempre relegada a la del marido, como sucedió con la matemática Mileva Maric, quien tuvo que abandonar su carrera tras casarse con Albert Einstein. También su suegro, Eugéne Curie, que cuidaba de sus hijas mientras ella trabajaba, supuso una inestimable ayuda para la científica. "Creo que su éxito está en su capacidad de trabajo y en el apoyo incondicional de Pierre Curie", manifestó.

A pesar de ser extremadamente celosa con su trabajo, Marie Curie no patentó ninguno de sus descubrimientos. "Marie Curie fue muy celosa de sus descubrimientos, pero no tuvo ninguna patente porque pensaba que la ciencia era universal. Y al mismo tiempo, facilitó radio a los demás científicos para que continuasen avanzando en ese campo", explicó.

Nacida en Polonia cuando esta no era una nación, sino un territorio perteneciente a Rusia, Marie Curie creció con el firme convencimiento de que para ayudar a su país había que estudiar y transmitir los conocimientos a las generaciones venideras. Así se lo transmitieron sus padres, profesores los dos. También su rebeldía contra las normas establecidas hay que buscarlas en la educación que recibió en casa, donde los cuatro hermanos -tres mujeres y un varón- fueron educados de igual manera.

"Marie Curie" recoge esta parte de la vida de la científica que, según la autora de esta biografía, es una mujer con muchas vidas: fue una patriota tan ferviente que incluso bautizó a un elemento químico (polonio) con el nombre de su país, pero también una científica que soportó que la Academia Sueca tratara de convencer a su marido, Pierre Curie, de que aceptara un premio Nobel que no querían otorgar a una mujer, una amante apasionada que se convirtió en el blanco de la prensa sensacionalista, y un ídolo de masas, aclamada por una multitud a su llegada a Estados Unidos.

Curie era una amante de la ciencia. "Para Curie, no era solo algo útil; también algo intrínsecamente bello", dijo la ponente, que recordó que acceder a la universidad también fue un reto para Marie Curie, quien llegó a París para estudiar cuando ya tenía 24 años.

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