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Cómo Laxeiro veía a Laxeiro

La fundación del autor en Vigo reúne por primera vez los 18 autorretratos conocidos

Autorretrato como soldado en el frente en Asturias. // F.L.

Autorretrato como soldado en el frente en Asturias. // F.L.

Como una matrioshka, esa muñeca rusa de cuyo interior sale otra muñeca, una nueva y singular exposición de José Otero Abeledo, Laxeiro se integra en el interior de la muestra permanente del pintor que ocupa la sede de la fundación viguesa. A los autorrretratos que normalmente exhibe la colección se suman desde ayer hasta dieciocho piezas, integradas en la muestra a modo de juego de búsqueda para el espectador. Las nuevas aportaciones se identifican con un logo circular "Son eu". Pero el recorrido es doble. Por un lado, es un camino por la evolución plástica del artista a través de sus autorretratos, pero también por la evolución del género del retrato -y las tendencias artísticas- a lo largo del siglo pasado.

La propuesta inaugurada ayer en Vigo y que estará colgda hasta el 17 de mayo -Día das Letras Galegas- constituye la primera vez en la que se exhiben todas las autorrepresentaciones de Laxeiro conocidas hasta la fecha; desde los años veinte a los sententa. Las técnicas van desde la acuarela (se exhibe un cuadro de los años 30 autografiado como 'mi primera acuarela') al lápiz, carboncillo, tinta y óleo.

Entre ellas, una que se puede ver por primera vez en Galicia. Se trata del "Autorretrato" datado en 1948 y procedente de la Colección BBVA -una obra que ilustró la primera monografía de Laxeiro, firmada por José Ruibal y editada por Cuadernos de Arte Gallego, en 1951-. También se puede contemplar una espléndida acuarela de 1930 que no había vuelto a ser expuesta, desde la gran retrospectiva que le dedicó el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) de Santiago y el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, en 1996.

"Se recupera también, esta vez en forma de reproducción, porque la obra original está desaparecida, un autorretrato hecho a tinta, de principios de los años treinta, publicado en El Pueblo Gallego en noviembre de 1932", añade el director artístico de la fundación Laxeiro, Javier Pérez Buján. A eso, el comisario, Carlos L. Bernárdez añade "unha obra fantástica" -en sus propias palabras- además de inédita, procedente de una colección particular. Se trata de un autorretrato realizado a lápiz sobre papel en su época de soldado, cuando fue destinado al Frente de Asturias. Sería allí donde Laxeiro conoció al poeta Celso Emilio Ferreiro.

"Ese 'son eu' xorde de que nalgún dos autorretros dos anos 20 e 30 de Laxeiro aparece esa frase. A idea é reflexinar sobre a autorepresentación do artista e na arte ao longo do tempo", ejemplifica Bernárdez. De ahí que su identidad aparezca remarcada en los años 30 y pasado el tempo, en las obras más informalistas, más diluida. De ahí también el subtítulo de la exposición. El espléndido "Autorretrato" de 1934-35, realizado en óleo sobre cartón en el período de su estética granítica es otro de los atractivos de la exposición. En él se pueden apreciar todas las características del Movimiento Renovador y también su sintonía con las vanguardias internacionales.

Estas obras conviven por primera vez con 'joyas' de la colección permanente, como su "Autorretrato" de 1934, en óleo sobre cartón, en el que Laxeiro se pinta casi como un adolescente, o el de 1936, un carboncillo sobre papel, en el que nos mira de lado, evidenciando la influencia de Rembrandt. También se puede ver el decisivo Autorretrato de 1952, con el que, ya instalado en Buenos Aires, inaugura su período informalista.

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